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Más de la mitad de los humedales españoles de importancia internacional presentan un estado pobre o muy pobre

España es el tercer país del mundo con más espacios reconocidos por la Convención Ramsar: 74 áreas, pero 38 padecen un deterioro notable, según la evaluación de SEO/Birdlife 

La gestión del agua, la contaminación y el urbanismo son las mayores presiones sobre estos hábitats

El cambio climático y sus periodos de sequía en zonas secas influyen en el empobrecimiento de los humedales mediterráneos

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Un grupo de garcetas comunes se alimentan en un arrozal de la Albufera. Autor: Jordi Castro

Un grupo de garcetas comunes se alimentan en un arrozal de la Albufera. Autor: Jordi Castro

España es el tercer país del mundo con más zonas húmedas de importancia ambiental reconocidas internacionalmente. Solo México y Reino Unido tienen más humedales incorporados a la Convención Internacional Ramsar. Sin embargo, de las 74 áreas españolas, 38 presentan un estado pobre o muy pobre según la revisión de los hábitats llevada a cabo por SEO/Birdlife.

El estado refleja cómo se encuentran las poblaciones de aves, la evolución de las especies y la calidad del hábitat del que dependen. Entre los humedales en zona roja están zonas tan emblemáticas como Doñana, las Tablas de Daimiel o la Albufera de Valencia, pero también menos conocidas como la Albufera de Adra.

De los 71 humedales de los que se dispone información actualizada, sólo diez llegan a la calificación de buen estado. 22 se quedan en moderado. España firmó oficialmente la Convención Ramsar en 1981. Incluir hábitats en su listado no es un mero acto administrativo, sino que deriva el compromiso para conservarlos.

De hecho, España tiene abiertos seis expedientes por haberse constatado (o era muy probable que se hiciera) cambios en la ecología del humedal: Doñana, Las Tablas, el Mar Menor, la Albufera valenciana, la Laguna de Valdoviño y S’albufera de Mallorca. Además, otras cuatro zonas están siendo vigiladas por estos motivos: Aiguamolls de l’Empordà, complejo intermareal Umia-O Grove, ría del Eo y delta del Ebro.

Los humedales son hábitats muy delicados a la par que cruciales para la biodiversidad. No tanto por su extensión absoluta: los humedales Ramsar suman 303.000 hectáreas, como por su papel ecológico. Tanto que el daño a Doñana está catalogado como una agresión medioambiental a la altura de la deforestación del Amazonas o la desaparición de la barrera de corral austral. La presión humana es la mayor amenaza para su conservación, según los análisis de los expertos.

De hecho, el informe de SEO explica que toda la red Ramsar española padece presiones antropogénicas alas o muy altas. La lista es larga y variada. La gestión el agua, la presión de la agricultura y el urbanismo copan los tres primeros puestos. Pero se le añade la contaminación del medio, la caza y la pesca o los proyectos energéticos.

Para completar la situación, las condiciones climáticas inciden de manera crucial. Los humedales están entre las primeras víctimas naturales del cambio climático. Especialmente en áreas vulnerables desde el punto de vista hídrico, como es España. La falta de lluvias, sequias y desertización se beben marismas, lagunas y deltas.

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