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Fútbol, toros y fiestas patronales para endulzar la idea de abrir una mina de uranio a cielo abierto en Salamanca

Berkeley patrocina clubes, la vuelta ciclista, foros universitarios y comidas populares. Facilita conexión wifi y ha construido un parque infantil  

En medio de sus vaivenes en bolsa y las dudas expresadas por el Consejo de Seguridad Nuclear, la empresa lo llama "licencia social" para establecer "vínculos con la comunidad"

Las entidades beneficiadas, incluida la Universidad de Salamanca, se niegan a concretar a cuánto ascendió la ayuda: "Es confidencial"

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Zona de explotación en Retortillo (Salamanca) con la balsa recién excavada.

Zona de explotación en Retortillo (Salamanca).

La minera Berkeley (BME) endulza su  proyecto de mina de uranio a cielo abierto en Salamanca a base de dinero. La empresa disemina un maná económico fino e inconcreto por la provincia mediante el patrocinio de todo tipo de actividades, comidas populares, publicidad y regalías a los municipios más cercanos a la explotación. Paga a un equipo de fútbol de la capital, financia una vuelta ciclista con parada en la zona cero del proyecto, organiza recogida de firmas de apoyo, anuncia parques infantiles y facilita el wifi. Los beneficiados se niegan a informar sobre cuánto o en qué condiciones.

Con la espada de Damocles de una cercana sentencia de la Audiencia Nacional y los informes del Consejo de Seguridad Nuclear que dilatan los plazos, a Berkeley no le sobra la buena imagen. Tampoco ayuda su reciente trayectoria en bolsa: salió al mercado a finales de julio con una subida meteórica que llevó a la Comisión Nacional del Mercado de Valores a avisar de que era algo "anómalo" y achacarlo a falta de información de los inversores. Ahora la acción está por debajo del precio de salida.

BME lo llama "licencia social". Y lo describe como "el establecimiento de vínculos con la comunidad". ¿De qué manera? Con euros. En los municipios de cuyos alcaldes dependen las autorizaciones urbanísticas finales (Retortillo y Villavieja de Yeltes), la minera ha patrocinado equipos o construido infraestructuras por su cuenta.  En Retortillo existe un parque infantil "y biosaludable donado por Berkeley" como rezaba la placa colocada al inaugurarse que ahora se ha esfumado. En el otro pueblo (con el alcalde Jorge Rodríguez, activamente en contra), "la empresa compró un terreno justo enfrente del Ayuntamiento para hacer lo mismo" en 2017, cuenta Rodríguez. Berkeley publicitó el proyecto de parque pidiendo que se le autorizara hacerlo rápidamente: "El principal objetivo es que la comunidad local disfrute de los beneficios socioeconómicos que proyectos como el Proyecto Salamanca traen a los pueblos de la comarca", anunciaban.

Rodríguez recuerda que "aquí empezaron [hace diez años] patrocinando al equipo de fútbol sala, la asociación ciclista…  pero han ido dejándolo. Ofrecieron terminar las obras de la residencia de mayores que se ha quedado paralizada por la crisis. Según han visto que no cedíamos han ido desistiendo del yacimiento de Santidad el que cae en nuestro término".

Berkeley asegura que se trata de "patrocinio de actividades para la promoción de la zona del Campo Charro" e incluyen: red wifi gratuita, patrocinio de fiestas patronales, organización de eventos o la instalación de infraestructuras". Calculan que en eso se han gastado 82.000 euros a los que añaden otros 300.000 "derivados de los acuerdos" con los ayuntamientos para, dicen, contribuir al presupuesto municipal, construir circunvalaciones, o establecer un centro de formación.

El alcalde Rodríguez entiende que se trata de una estrategia de seducción a los alcaldes que, en definitiva, tienen que estampar la firma en el permiso de uso del suelo. El Ayuntamiento de Retortillo no ha contestado a las preguntas de eldiario.es. La minera utiliza otra terminología: "Política Social y de Comunidades" para "desarrollar y mantener relaciones mutuamente beneficiosas con las comunidades locales y grupos de interés".

Pancarta de apoyo a la mina en dependencias municipales de Retortillo (Salamanca).

Pancarta de apoyo a la mina en dependencias municipales de Retortillo (Salamanca).

Algunas de las propuestas no han calado. "Nos ofrecieron financiar la remodelación del embarcadero municipal de ganado", explica Juan Luis Sánchez Matías, ganadero en Retortillo. "¡Pero si la ley nos obliga a tener uno en nuestras explotaciones!", exclama. Los ganaderos -o algunos- son un escollo: tienen la tierra y su negocio es "bastante incompatible" con la apertura de una mina de uranio y las voladuras con explosivos, relata Julián Sánchez, otro dueño de vacas que ha conseguido paralizar un expediente de expropiación forzosa de su finca que facilitaba el proyecto minero.

 "Sí a la mina. Al Trabajo. Al futuro". Solo una semana después de que el CSN extendiera algo más de sombra sobre el proyecto, ha surgido una batería de pancartas con esa leyenda. Han aparecido en el Ayuntamiento de Retortillo y en las fincas propiedad de la minera a lo largo de la carretera que va desde el pueblo a las oficinas de la empresa. "Están en una campaña de imagen a la desesperada", opina sentado en la cafetería del balneario de la comarca Jesús Cruz, una de las voces más críticas contra el proyecto. "La mitad de los que trabajaban para ellos ya no están. No se ven sus coches", analiza.

Campaña mediática

Aunque la empresa incide en los beneficios para la comunidad local, la distribución de fondos se extiende bastante más allá. Ha unido su imagen al fútbol y el ciclismo profesionales, a la universidad o a los medios de comunicación salmantinos.

Berkeley se convirtió la temporada pasada en el patrocinador de uno de los equipos de fútbol de la capital de la provincia: el Salmantino UDS. Su logo y nombre lucía estampado en las camisetas. Además, aprovecharon su patrocinio de la vuelta ciclista a Salamanca para rebautizarla Gran Premio Berkeley. Ni el club de fútbol ni Promesal, la organizadora de la prueba ciclista, han contestado a cuánto ascendió la aportación de la empresa.

"Nosotros no facilitamos esos datos", se ha limitado a responder el Salmantino UDS. Los ciclistas, por su parte, han respondido que "esta información es confidencial si quieren algo pónganse en contacto con la persona responsable de la empresa". Berkeley no ha facilitado esta información. Estos patrocinios han facilitado las imágenes del director general de la minera, Francisco Bellón, junto al presidente futbolero Carlos Martín o compartir risas con el célebre ciclista salmantino Laudelino Cubino.

Tampoco ha contestado la Universidad de Salamanca (USAL) sobre la colaboración que la minera dispensó a la Feria de Minerales de la Facultad de Ciencias celebrada en mayo pasado. Álvaro García es estudiante de Políticas en la USAL y secretario de organización de Podemos Salamanca. García recuerda que "hubo una protesta y luego no hemos visto más casos de publicidad de la empresa". El universitario cuenta que "era un lavado de imagen total de una compañía que vende las supuestas bondades de su proyecto y busca legitimarse".  

En ese sentido, y bien lejos del área minera, Berkeley ha distribuido sus mensajes en anuncios adosados a los autobuses urbanos de la ciudad salmantina: "Comprometidos con el desarrollo de Salamanca" era el mensaje que viajaba. También en la feria taurina de la ciudad de este mes, cuyas entradas mostraban su logo en los reversos.

Cartel sobre la donación de Berkeley en el parque de Retortillo.

Cartel sobre la donación de Berkeley en el parque de Retortillo.

"Y en todos los medios de comunicación", quiere insistir Juan Cruz. Desde luego los anuncios en medios digitales e impresos de la provincia salmantina abundan. Incluso en charlas y concursos literarios y fotográficos aparece asociado el nombre de Berkeley. "El 100% de la población de Retortillo (155 firmas) y el 50% de los residentes de Villavieja (173 firmas)" apoyan el proyecto, se lee en algunos anuncios. Este último dato de "residentes" es algo chocante ya que el Instituto Nacional de Estadística atribuye una población de 809 personas a Villavieja de Yeltes.

Con todo, la campaña sí tiene sus efectos. Fred Williams, que regenta un restaurante en Sancti Spíritus, un pueblo de 880 vecinos a14 kilómetros de Retortillo, cree que "es un buen proyecto. Hará que el dinero se extienda por esta zona donde los comercios no paran de cerrar". Oriundo de Londres (y hablando en inglés), lleva siete años en Sancti Spíritus y no duda: "Necesitamos que venga más gente para pagar las facturas. No entiendo la manera de pensar de la gente aquí. Prefieren que nada cambie, aunque no haya trabajo". Y tiende un folleto explicativo editado por Berkeley: "Creando empleo sostenible y seguro". Tiene muchos más encima de la barra del bar.

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