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Obesidad, desnutrición y cambio climático: una “sindemia global” impulsada por los intereses de las industrias insalubres

Un estudio internacional muestra la conexión entre el crecimiento de la obesidad, el estancamiento de la desnutrición y el cambio climático.

Teguayco Pinto

La humanidad está afectada por una especie de gran enfermedad planetaria formada por la obesidad, la desnutrición y el cambio climático, y que está impulsada por un modelo económico centrado en el consumo excesivo y que ignora los daños ocasionados a la salud global y al medio ambiente. Esta es la principal conclusión de un extenso informe publicado en la madrugada del domingo por la revista The Lancet. El documento es el resultado de un proyecto de tres años de trabajo que ha sido elaborado por 43 investigadores de 14 países en el que se han analizado las causas de lo que los autores llaman la sindemia global.

El informe define la sindemia como “una sinergia de epidemias que coexisten en tiempo y lugar, interactúan entre sí para producir secuelas complejas y comparten factores sociales comunes”. En este caso, esta especie de síndrome global estaría formado por la obesidad, la desnutrición y el cambio climático, tres pandemias que afectan a la mayor parte de la población mundial.

“Hasta ahora, la desnutrición y la obesidad han sido vistas como polos opuestos de muy pocas o demasiadas calorías”, explica el presidente de la comisión que ha elaborado el informe, el profesor de la Universidad de Auckland, Boyd Swinburn. Sin embargo, “ambas están impulsadas por los mismos sistemas alimentarios insalubres e injustos y están sustentadas por la misma política económica centrada en el crecimiento y que ignora los resultados negativos en materia de salud y equidad”.

La relación con el cambio climático

El informe también considera el cambio climático como una tercera pandemia “debido a sus amplios efectos sobre la salud de los seres humanos y los sistemas naturales de los que dependemos” y lo señala como otro factor clave que contribuye al aumento de la desnutrición, debido al aumento de los eventos meteorológicos extremos que afectan a los medios de subsistencia de agricultores, pastores, pescadores y personas que dependen de los bosques.

Además, el cambio climático también está haciendo que los alimentos sean menos saludables, ya que el aumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera está reduciendo los niveles de nutrientes, como el zinc, el hierro, el calcio y el potasio, en alimentos básicos como el trigo, la cebada, las papas y el arroz.

Por último, el informe muestra que los sistemas alimentarios no sólo impulsan las pandemias de obesidad y desnutrición, sino que también generan entre el 25 y el 30 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Además, señalan cómo los sistemas de transporte dominados por los automóviles perpetúan estilos de vida sedentarios y generan entre el 14 y el 25 por ciento de los GEI.

“Debemos reconocer estas conexiones e implementar acciones que aborden tanto la obesidad como la desnutrición y que influyan simultáneamente en múltiples partes de la sindemia”, afirma otra de las firmantes del estudio, la profesora de la Universidad de la Ciudad de Londres, Corinna Hawkes.

La influencia de una industria subvencionada

Los investigadores señalan las políticas alimentarias y agrícolas, el transporte y el diseño urbano como los principales motores que impulsan esta sindemia mundial y ponen especial énfasis en las industrias de combustibles fósiles y alimentos, que “reciben más de 5 billones de dólares anuales en subsidios”, a pesar de contribuir al problema, por lo que recomiendan “redireccionar estos fondos hacia prácticas energéticas, agrícolas y de sistemas alimentarios más sostenibles”.

Además, alertan de cómo la industria alimentaria ha conseguido obstruir las políticas de prevención de la obesidad, con estrategias como la adopción de códigos de autorregulación que se han demostrado ineficaces, la promoción de campañas que cuestionan las evidencias científicas o el planteamiento de la nutrición como una cuestión exclusivamente individual.

Sin embargo, en un comentario adjunto al informe, el Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, José Graziano da Silva, asegura que “la obesidad debe ser considerada un problema público, no individual”. Según Graziano, “a menudo los consumidores ni siquiera saben lo que están consumiendo porque las etiquetas no proporcionan información comprensible” y señala que “la razón principal del aumento de la prevalencia de la obesidad y el sobrepeso es la incapacidad de los sistemas alimentarios para proporcionar dietas saludables”.

También los editores de la revista, Sabine Kleinert y Richard Horton, insisten en que es “inaceptable” seguir considerando la obesidad como una responsabilidad individual y señalan a la industria alimentaria, cuyo modelo de negocio, centrado “en la maximización de los beneficios a corto plazo, conduce al consumo excesivo de alimentos y bebidas pobres en nutrientes”.

Un convenio internacional similar al del tabaco

Para tratar de poner coto a las prácticas de la industria alimentaria, los autores del informe plantean la creación un nuevo Convenio Marco sobre Sistemas Alimentarios que tome como modelo el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco. Esto permitiría excluir explícitamente a la industria alimentaria de la elaboración de políticas, un compromiso que, según los investigadores, “reconocería el conflicto fundamental e irreconciliable que existe entre los intereses de algunas industrias de alimentos y bebidas y los de la salud pública y el medio ambiente”.

“Aunque la comida difiere claramente del tabaco, porque es una necesidad para mantener la vida humana, los alimentos y bebidas poco saludables no lo son”, explica otro de los autores del informe, el profesor de la Universidad George Washington, William H. Dietz. Según este especialista, “las similitudes con las grandes tabacaleras radican en el daño que provocan y en el comportamiento de las empresas que se benefician” de la venta de productos poco saludables, con lo que un nuevo marco regulatorio “ayudaría a empoderar a las naciones contra los intereses comerciales y redirigiría los grandes subsidios que actualmente benefician a las industrias insalubres”.

“Los gobiernos deben recuperar el poder de actuar en interés de las personas y del planeta” y “los intereses comerciales deben excluirse de la mesa política”, asegura Tim Lobstein, Director de Políticas de la Federación Mundial de Obesidad y coautor del informe. “Sin un cambio perturbador como este, continuaremos con el statu quo que está impulsando esta sindemia global”, concluye este especialista.

La globalización de la obesidad

El informe muestra como el sobrepeso y la obesidad están aumentando a un ritmo constante en todo el planeta, afectando a los países de ingresos altos, medios y bajos, en lo que los investigadores llaman “la globalización de la obesidad”. En 2017, más de 672 millones de adultos vivían con obesidad y más de 38 millones de niños menores de 5 años tenían sobrepeso u obesidad, de los que el 25% y el 46% viven en África y Asia, respectivamente.

Respecto a la desnutrición, los investigadores hacen referencia al informe sobre el estado mundial de la seguridad alimentaria y la nutrición publicado el pasado año por la FAO y conocido por sus siglas en inglés, SOFI. Dicho informe muestra que el número de personas subnutridas ha aumentado por tercer año consecutivo, pasando de unos 804 millones en 2016 a casi 821 millones en 2017.

El costo económico anual de la obesidad a nivel mundial es de unos 2 billones de dólares, lo que representa el 2,8% del producto interno bruto mundial, unos costes “aproximadamente equivalentes a los efectos del tabaquismo o de los conflictos armados”, asegura el informe. Mientras que los costos estimados de la desnutrición son aún mayores y alcanzan hasta el 11% del PIB en África y Asia, principales regiones donde se concentra la desnutrición.

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