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¿Cómo de preparado está tu municipio frente a temporales como las últimas borrascas? Estas son las claves

Archivo - Imágenes del desalojo de viviendas en las parcelaciones más propensas a sufrir inundaciones como Ribera Baja de Alcolea, Camino de la Barca Guadalvalle y la Altea, así como en el asentamiento Molino del Ciego en el Arroyo, 18 de marzo de 2025 en

Ariadna Martínez

27 de febrero de 2026 22:18 h

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Hasta una decena de temporales han azotado la península durante mes y medio, dejando municipios anegados, desalojos, daños materiales y algunas víctimas. Un nuevo informe del Comité Científico Consultivo Europeo sobre el Cambio Climático urge a la Unión Europea a “reforzar su marco político para una adaptación eficaz y coherente”, unos deberes que se han ido aplazando durante demasiado tiempo. En el primer análisis integral de nuestro país que identifica los riesgos asociados al clima (la ERICC, publicada el año pasado) ya se señalaba que España se sitúa “entre las regiones europeas con mayor exposición y sensibilidad climática” y que “las ciudades se enfrentan a un conjunto diverso de peligros que varían según su ubicación geográfica y características”. 

Episodios como el tren de borrascas que hemos sufrido lo reafirman, pues ha dejado a su paso decenas de miles de personas evacuadas; al menos una víctima mortal (15 en Portugal); viviendas y redes viarias y ferroviarias dañadas; hectáreas y hectáreas de cultivos anegados; un récord histórico de precipitaciones en localidades como Grazalema (Cádiz); y un desembolso de 1.780 millones de fondos públicos en ayudas para la reconstrucción.

No se puede afirmar que el número de borrascas vaya a aumentar en términos globales, pero las lluvias asociadas a ellas sí podrían ser cada vez más intensas

Rubén del Campo Portavoz de la AEMET

No obstante, Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), explica que de momento “no se puede afirmar que el número de borrascas vaya a aumentar en términos globales” a partir de ahora (aunque sí, quizás, ocurra en las latitudes más altas). “Lo que sí que está más claro es que las lluvias asociadas a ellas podrían ser cada vez más intensas”. En cuanto a si se espera que las ráfagas de viento puedan ser también cada vez más fuertes durante estos fenómenos, afirma que hay mucha incertidumbre y que de momento “no está nada claro”. 

Lo que sí lo está es que la nueva realidad climática del país —que lleva ya años manifestándose— está sirviendo de espejo para nuestros municipios. En este sentido, los expertos apuntan a que hay varios elementos que pueden ayudarnos a hacernos una idea del nivel de vulnerabilidad o resiliencia de nuestra localidad.

Diagnóstico de riesgos y planificación urbana

“Para empezar, habría que revisar si la provincia o comunidad autónoma en la que estamos ubicados tiene elaborado algún diagnóstico exhaustivo y actualizado de riesgos del cambio climático”, explica Efrén Feliu, gerente de Adaptación al Cambio Climático en el área de Ciudad, Territorio y Medio Ambiente de Tecnalia y uno de los coordinadores de la ERICC. 

Es crucial entender si tu municipio tiene una mayor o menor vulnerabilidad y en qué zonas

Efrén Feliu Coordinador de la Evaluación de Riesgos e Impactos derivados del Cambio Climático en España

Destaca como ejemplos de referencia los diagnósticos realizados por el País Vasco y Navarra. “Tienen un diagnóstico cuantitativo, con cartografía, que compara los niveles de vulnerabilidad y riesgo de cada uno de sus municipios”. En el portal AdapteCCa es posible acceder a este tipo de información sobre cualquier comunidad autónoma seleccionándola y consultando la sección “evaluación de riesgos y prioridades de adaptación”. También se puede revisar si nuestro territorio tiene (o no) algún Plan de Adaptación regional o local ante la emergencia climática —actualizado—. 

Subraya la importancia de la existencia de este tipo de información (que no todas las comunidades ofrecen) para la ciudadanía. “Es crucial entender si tu municipio tiene una mayor o menor vulnerabilidad y en qué zonas”. En este sentido, consultar los visores de inundabilidad de cada territorio —como el facilitado por este diario— también es muy recomendable. “Habrá menos vulnerabilidad cuanto menos ocupación urbana haya en las manchas de inundación”, apunta. 

En esta línea, ojear el Plan de Acción Territorial de nuestra localidad o comunidad autónoma es también algo que podemos hacer, pues hay gobiernos autonómicos y ayuntamientos que, pese a los avisos de la ciencia, planean seguir construyendo en terreno inundable. “Aplicar y hacer cumplir normativas de construcción realistas y que cumplan con los riesgos” es esencial, advierte una guía de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres.


                             

Las CCAA con más viviendas en riesgo de inundación

Porcentaje de viviendas construidas en zonas inundables sobre el total en cada comunidad autónoma

Fuente: Ministerio de Transición Ecológica, Catastro


Gobernanza, inclusión social, y fondos de contingencia

Pablo Herreros, investigador de resiliencia contra eventos climatológicos extremos en el Centro Vasco para el Cambio Climático (BC3) asegura, por otro lado, que un municipio resiliente (o con potencial de serlo) es aquel que atiende, además de a la ciencia y a la investigación, a las necesidades específicas de sus ciudadanos con relación a la vulnerabilidad percibida por los mismos, ya que “son las personas que más conocimiento y experiencia tienen de sus propias vidas”.

“Esto requiere de un compromiso por parte de las autoridades con escuchar y con reconocer que la vulnerabilidad se presenta de muchas maneras y la capacidad de un ciudadano de adaptarse también”, profundiza. “Idealmente, esa interacción debería ser de doble sentido. Los ciudadanos reciben información y recursos, pero también deben formar parte de la gestión y del aprendizaje”, puntualiza.

Destaca la ciudad de Nueva York como un ejemplo inspirador. En ella, todos los departamentos del Ayuntamiento, además de sus obligaciones particulares, tienen la tarea de digerir y absorber el conocimiento que se genera sobre vulnerabilidad a escala local en su ámbito e incorporarlo a las políticas de su propia oficina, transversalizando así la gestión de riesgos de la ciudad. Copenhague y Barcelona también son buenos referentes, indican los expertos.

Requiere de un compromiso por parte de las autoridades con escuchar y con reconocer que la vulnerabilidad se presenta de muchas maneras y la capacidad de un ciudadano de adaptarse también

Pablo Herreros Investigador de resiliencia contra eventos climatológicos extremos en el Centro Vasco para el Cambio Climático

Pero los municipios no pueden prepararse solos, destaca Marta Olazabal, jefa del Grupo de Investigación en Adaptación al Cambio Climático del BC3. Una coordinación multinivel es clave. Valora que el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, de ser aprobado, podría ser muy útil para ello.

Destaca que una ciudad también ha de ser “resiliente” a los colores políticos: “El problema es que hay muchas veces que damos pasos para adelante en materia de resiliencia y luego, con los cambios políticos, de repente damos pasos gigantes para atrás. La salud de la población tiene que estar en el centro de la política urbana, independientemente del color de quien gobierne. De eso es de lo que va la adaptación al cambio climático”.

Otro de los aspectos del pacto que van en sintonía con las recomendaciones de los expertos es la propuesta de comprender el impacto económico de los desastres y desarrollar mecanismos financieros para fortalecer las oportunidades de respuesta y recuperación.

Destrozos registrados a consecuencia de las inundaciones en la localidad de Dúdar (Granada) este martes. EFE/ Miguel Ángel Molina

Infraestructura resiliente y capacidad de recuperación

Otro de los “esenciales” para las Naciones Unidas en materia de resiliencia climática es la evaluación de la capacidad y la idoneidad de la infraestructura crítica (embalses, plantas potabilizadoras, redes de transporte, hospitales, infraestructura de telefonía móvil…) y el desarrollo de un plan o estrategia para su protección, actualización y mantenimiento, además del desarrollo de infraestructura de protección y mitigación de riesgos.

Al mirar un mapa de nuestro municipio, cuanto más verde veamos, mejor

En cuanto a esa última parte, los expertos explican que, al mirar un mapa de nuestro municipio, cuanto más verde veamos, mejor. “Esa infraestructura verde tiene la capacidad de absorber parte del agua durante unas inundaciones”, asegura Olazabal. Las soluciones basadas en la naturaleza son, por tanto, un imprescindible. Parques inundables, cubiertas vegetales, suelos permeables, espacios de libertad fluvial o sistemas de drenaje urbano sostenible, son algunos ejemplos. “Y también puede haber soluciones muy ingenieriles, como los tanques de tormenta”, apunta Feliu.

Sebastián Franchini, investigador y presidente de la Asociación Nacional de Ingeniería del Viento, lanza un mensaje tranquilizador sobre la resiliencia de las edificaciones e infraestructuras ante el viento: “Todas las construcciones tienen que cumplir una normativa cuando son diseñadas. Tenemos una legislación, que, si se hacen las cosas correctamente, garantiza que deberíamos estar preparados para este tipo de eventos”.

La subida del nivel freático en el río Tajo a su paso por Talavera de la Reina ha provocado una subida del cauce que ha producido la inundación de varios garajes y que el agua haya entrado en las viviendas. EFE/Manu Reino

Pero lo que sí que puede dar problemas, como se ha observado en este mes y medio, son elementos como el arbolado, los cubos de basura, o las fachadas de edificios que no han recibido un buen mantenimiento. “Regiones como el norte de España, al estar más acostumbradas a vientos extremos, vigilan más estos elementos”, explica.

“Con el arbolado pasa que necesita su espacio y un suelo sano para que las raíces estén bien sujetas y no haya problemas. Un árbol al que no se le ha mantenido, pues obviamente corre peligro. ¿Cómo se previene esto? Pues no considerándolos como si fueran algo meramente decorativo”, abunda Olazabal.

Cohesión social y un buen sistema de alerta temprana

Pero ninguna ciudad va a ser nunca totalmente resiliente. “Es imposible reducir los riesgos al cien por cien. Por tanto, el diseño (y la activación) de las alertas también tiene que ser crucial, de forma que sepas que la población va a estar lo suficientemente informada y a ser consciente de lo que puede pasar”.

La gente tiene que estar y sentirse protegida para poder protegerse

Marta Olazabal Jefa del Grupo de Investigación en Adaptación al Cambio Climático del BC3

Y aquí también conviene haber prestado atención a las especificidades de la población más vulnerable. “La gente tiene que estar y sentirse protegida para poder protegerse. Hay quienes van por carreteras que saben que tienen que evitar, pero igual es porque piensan que su madre se va a quedar sin medicinas, o porque siente que si no va a trabajar le van a despedir. Todo eso tiene que estar bien atado”, remarcan desde la BC3.

“La ciudadanía, en definitiva, tiene que saber cómo los eventos extremos le pueden afectar y qué está en su mano hacer para así también evitar lo que llamamos impactos en cascada”, dice Olazabal. “Ante un posible corte de luz durante una tormenta alguien que toma medicamentos que necesitan frío para su conservación tiene que haber recibido la información suficiente para poder ser previsor y asegurarse de que contará con la manera de mantenerlos a la temperatura adecuada durante un tiempo determinado”. 

Por último, saber que no estamos solos también es importante. “La cohesión social y la participación comunitaria se han reconocido como factores clave para una gestión exitosa del riesgo de desastres, y los programas educativos y de capacitación para la sensibilización de la población han demostrado ser de gran ayuda para aumentar la preparación”, recalca Naciones Unidas en su documento sobre resiliencia.

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