La sexta ola acelera tras haber sido hasta ahora la más lenta de la pandemia

Sexta ola pandemia

Los contagios llevan más de 40 días aumentando, en especial en la última semana, lo que podría indicar un cambio de comportamiento en la ola que más están tardando en alcanzar su pico de toda la pandemia. Una de cada cuatro ciudades españolas han vuelto a superar los 500 casos de incidencia y los positivos se han multiplicado en las últimas dos semanas hasta llevar este viernes la tasa de incidencia a superar el umbral máximo de riesgo de contagio. Pero la curva que dibujan parámetros como la ocupación hospitalaria, la mortalidad e, incluso, los casos es, por el momento y a falta de ver cómo evoluciona en las próximas semanas, más plana que en otros episodios. Un fenómeno que los expertos atribuyen directamente a la vacunación, que ha llegado a estas alturas de la pandemia a casi 38 millones de personas con la pauta completa, en un contexto en el que apenas hay restricciones en vigor, frente a lo que sucedía en olas anteriores.

España entra en el nivel de máximo riesgo de contagio tras superar los 500 casos de incidencia

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“La lentitud de la ola que estamos viendo se debe fundamentalmente a las coberturas vacunales, que ya están muy generalizadas. Esta ola comenzó con un porcentaje muy amplio en casi todos los grupos de edad con la vacuna aprobada y en un periodo donde ya llegan el frío y las actividades en el interior”, señala el especialista en medicina preventiva Mario Fontán. Cuando la cifra media semanal de casos detectados diariamente en España comenzó a subir, el pasado 1 de noviembre, un 80,4% de la población ya contaba con al menos una dosis y el 78,7%, con la pauta completa.



Como puede verse en el gráfico de arriba, la evolución de los casos que se detectan diariamente en España durante la sexta ola continúa por debajo de la segunda, la tercera y la quinta, todas ellas mucho más explosivas. Solo en la cuarta ola, que duró apenas 28 días, la media de casos diarios se mantuvo por debajo. “Aquella se produjo en un momento en el que veníamos de una ola potentísima en enero (de 2021) y había medidas bastante generales de reducción de la transmisión. El punto álgido se produce en abril, cuando ya se empieza a reducir el riesgo también por la situación y por un conjunto de medidas de contención que ahora no están”, explica el catedrático de Salud Pública de la Universidad Miguel Hernández y ex director general de Salud Pública del Gobierno de España, Ildefonso Hernández.

Desde el inicio de esta sexta ola se han registrado más de 400.000 nuevos contagios en 45 días. La única ola que había estado subiendo durante casi tantos días seguidos fue la tercera, en las pasadas Navidades, que acumuló el doble de casos en dos días menos, hasta que empezó a bajar, el 21 de enero de este año. La segunda ola sumó 440.000 casos hasta su pico, 29 días después de que comenzara en octubre de 2020; y la quinta incorporó al balance total de contagios 575.000 casos más durante 36 días, entre junio y julio. La cuarta registró unos 175.000 casos en 28 días.

Lo que sí es importante destacar es que, si bien en las primeras olas se produjeron menos diagnósticos por las dificultades para realizar PCR o test de antígenos a la población, desde el verano puede producirse el mismo efecto por la causa contraria. Desde que los test rápidos están disponibles en farmacias, es más difícil rastrear a los personas que dan positivo si no lo comunican. Además, entre la población vacunada podría haber más casos asintomáticos que no se llegan a detectar.



La curva de ingresos hospitalarios también está experimentando, por el momento, una subida más lenta. Después de 43 días, hay 4.730 pacientes más en el hospital de los que había al principio de la ola. Es un aumento menos pronunciado que en la segunda, la tercera y la quinta. Además, esta ola encontró a España con una situación hospitalaria mejor que las anteriores. Justo antes de la segunda había más de 10.000 personas hospitalizadas. En 31 días se habían duplicado ya las camas ocupadas, con más de 20.000 pacientes ingresados. El impacto de la COVID-19 en los hospitales se notó mucho más en la tercera ola. Pese a que comenzó con una situación más o menos similar a la segunda, en este caso escaló en mes y medio hasta alcanzar más de 30.000 personas hospitalizadas. 

Por establecer una comparativa entre esa tercera ola y la actual, en este momento, 40 días después de su inicio, el número de personas que permanecen en una cama de hospital se ha multiplicado por cuatro, llegando a las 6.300 hospitalizaciones. Entre el inicio y el final de la cuarta ola, la ocupación hospitalaria apenas aumentó en unos 3.000 ingresos en poco más de un mes. Terminó en registros similares a la quinta, con la diferencia de que aquella ola comenzó con unas 7.500 personas en los hospitales y la siguiente, con menos de 2.500. Es decir, la quinta ola aumentó más rápido la presión hospitalaria respecto a la cuarta, pero venía de una situación mejor.



“El efecto que la vacunación está teniendo en la reducción de hospitalizaciones y en los casos graves en general es obvio”, explica Hernández, que apunta también a otros fenómenos con menor influencia pero que también están ahí, como la población vacunada que ha pasado la infección y los grupos de riesgo que también han tenido el virus, que ahora tienen una inmunidad mayor, o en los casos más extremos, las personas que han fallecido. En cualquier caso, la saturación hospitalaria de las primeras olas de la pandemia de COVID-19 no se está replicando en este momento.

Esa subida más leve que se aprecia, al menos hasta el día de hoy, también se está percibiendo en la mortalidad. Al cierre de estas líneas, en la sexta ola ha alcanzado las 35 personas fallecidas, de media semanal. Muy lejos del pico de 110 que se alcanzó en la quinta; del de 82 de la cuarta; de las 543 de la tercera; o de las 337 de la segunda.



Por el momento, han fallecido casi un millar de personas en la sexta ola. Son menos de la mitad de las que se habían acumulado durante el mismo periodo en la ola anterior y muy por debajo de las 9.000 y 12.000 que fallecieron durante las subidas más cortas de la segunda y la tercera, que sucedieron antes de la administración masiva de vacunas. En el caso de la cuarta, el número de fallecidos comenzó a disminuir mucho antes, a los 21 días, cuando habían fallecido casi 1.500 personas.



“El factor mayoritario que puede explicar ese desajuste entre casos e ingresos y fallecimientos es la vacunación. Ya lo vimos un poco en la cuarta ola y más claramente en la quinta”, coincide Fontán. Cuando la cuarta ola comenzó, a mediados de marzo, la campaña de inmunización llevaba en marcha desde finales de diciembre. Para entonces, ya había casi 1,7 millones de personas con pauta completa, principalmente población de riesgo y personas de más edad. Para el inicio de la quinta, el 18 de junio, el número de personas con pauta completa ya rozaba los 14 millones. Cuando esta empezó a despegar, los expertos ya percibieron que el perfil inicial de los nuevos contagios era diferente. Casi el 60% tenía menos de 29 años, el grupo que a principios del verano aún no había accedido o comenzaba a acceder a la vacunación.



En esta sexta ola, los grupos que más contagios aportan al total son los que se encuentran en edades comprendidas entre los 49 y los 40 años (uno de cada cinco), los 30 y los 39 años (15%) y los menores de 9 años (el 12%). Precisamente, el grupo de 5 a 12 años acaba de incorporarse este miércoles a la campaña de vacunación, tras recibir la vacuna infantil de Pfizer el visto bueno de las autoridades sanitarias. En el caso de los adultos de 30 a 49 años, Fontán señala a un contexto “en el que no hay ninguna restricción a estos grupos de edad en ambientes laborales o sociales y tienen más interacciones que otros grupos de edad”, algo que podría explicar esta situación.

Lo que se viene

Los expertos dudan ahora de la evolución de esta ola actual, con las navidades a la vuelta del fin de semana y ómicron circulando. “Estamos en una situación en la que el tiempo hasta que se doblan los casos con ómicron es mucho más corto, por lo que es sensato recordar todas las recomendaciones de ventilación, distancia y mascarilla”, señala Hernández. Este catedrático de Salud Pública recuerda también otros factores a tener en cuenta, de los que dependerá el aumento o no del numero de casos. Por un lado, “las conductas de riesgo de la población”. Si se reducen las reuniones masivas en interiores y sin mascarilla, habrá menos contagios, explica. Por otro, “la velocidad a la que se ponga la tercera dosis de la vacuna”. “En la medida en que se acelere, se va a proteger bastante”, asegura. Este jueves Sanidad la ha aprobado para mayores de 40 años y los vacunados con AstraZeneca.

Lo normal es que la incidencia suba y nos tengamos que preparar para ello. Si luego no ocurre, mucho mejor, pero hay que ponerse en la situación y los servicios sanitarios tienen que estar preparados

Ildefonso Hernández Ex director general de Salud Pública del Ministerio de Sanidad

Todo esto ocurre en un contexto en el que, “como la gente está vacunada, hay cierta prevención por parte de las autoridades a la hora de adoptar medidas muy restrictivas, para no interferir con la vida”, indica Hernández, sobre las medidas que se tomaron el año pasado por estas fechas. Fontán coincide en que con la administración de las vacunas, “cuesta más implementar cualquier tipo de medida” y que aunque “es una de las mejores herramientas que tenemos, no lo va a hacer todo por nosotros”.

En ese sentido, aboga por superar los discursos que focalizan el riesgo en las reuniones familiares, pero no en las fechas anteriores. “Da la sensación de que los contagios surgen exponencialmente en la Navidad y que no hay unos niveles de transmisión previos que hacen que en esos días pasen cosas. Si recomendamos que en las fiestas la gente tenga prudencia, pero el día antes vamos a trabajar o al restaurante, el riesgo está ahí”, explica.

En cualquier caso, los expertos abogan por estar alerta, tanto a nivel asistencial como de respuesta. “Lo normal es que la incidencia suba y nos tengamos que preparar para ello. Si luego no ocurre, mucho mejor, pero hay que ponerse en la situación y los servicios sanitarios tienen que estar preparados”, señala Hernández, que recuerda que la ola de gripe suele tener su máxima incidencia en los meses de enero y febrero. “Ese es uno de los problemas que tenemos este año, porque dificulta los servicios al necesitar un diagnóstico diferencial”, explica.

“No puede haber transmisión de manera infinita porque las cadenas terminan saturándose”, indica Fontán. “Como los patrones de contacto entre personas no son homogéneos, estas cadenas se saturan porque no encuentran a nadie más a quien contagiar o porque no todo el mundo tiene la misma posibilidad de contagiarse”, continua. Ahora el proceso es más lento, menos explosivo, y puede tardarse más en llegar a esa saturación. Al día 45 de esta sexta ola, aún no se ha llegado.

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