Por qué poner la última dosis es más difícil que la primera: tres formas de aumentar la cobertura vacunal de la COVID-19
Dos meses después de que empezara la campaña de vacunación israelí, y a pesar del lento arranque, el 50% de los ciudadanos había recibido su primera dosis. Hoy, casi tres meses después de ese hito, ese porcentaje solo ha subido a un 62%, una cifra que permanece casi inamovible desde finales de abril. Estados Unidos alcanzó su pico de inyecciones administradas en un día el 13 de abril y desde entonces el número no ha dejado de caer, a pesar de que todavía no han alcanzado el 50% de la población inmunizada con una dosis.
Muchos factores pueden explicar la desaceleración de las campañas de vacunación, empezando por los problemas de suministro ya habituales en esta pandemia. Sin embargo, también es cierto que es más fácil poner la primera dosis que la última. Conforme se va inmunizando al sector más accesible de la población (sanitarios, mayores que viven en residencias, adultos de riesgo que desean protegerse) quedan las personas más difíciles (aquellos que viven en condiciones de vulnerabilidad, aisladas del sistema sanitario, que rechazan los sueros o no perciben que el coronavirus sea una amenaza para su vida).
Escribe Sergio Ferrer.