El debate sobre la mascarilla en exteriores durante la quinta ola: una medida más cosmética que útil
Pocas medidas han generado tanto debate en la pandemia como la mascarilla en exteriores. Cuando su uso era obligatorio, las comunidades competían por ser las primeras en quitarla. Cuando dejó de serlo, muchos la mantuvieron de forma voluntaria y varios líderes exigieron al Gobierno que recuperase su obligatoriedad. Las mascarillas han sido el símbolo visible de que la crisis sanitaria sigue vigente y, ante su desaparición de la calle hace un mes, algunos expertos reaccionaron con cierta preocupación. No tendría efecto sobre los contagios, pero podía conducir a una percepción errónea de que la pandemia había acabado. Con la llegada de la quinta ola, sus temores se han cumplido.
Los 500.000 casos nuevos han traído consigo un arsenal de nuevas restricciones que no se imaginaban hace un mes. También han servido para recuperar viejos debates, como el de la paradoja de las mascarillas: reclamadas en exteriores, donde son menos necesarias, mientras que su uso se relaja en el interior de los bares, restaurantes o discotecas, los principales focos de contagio.
Escribe Mónica Zas Marcos.