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La "ideología de género", el discurso ultracatólico usado por Pablo Casado que intenta desacreditar el feminismo

El candidato a la presidencia del PP ha arremetido contra la "ideología de género" para referirse a un "colectivismo social que el centro derecha tiene que combatir"

Este discurso, arraigado desde principios de los 2000, es utilizado por la Iglesia Católica y grupos ultraconservadores para imponer un pánico moral ante los avances de los derechos de las mujeres y del colectivo LGTBI

En España comenzó a emplearse en la primera legislatura de Zapatero, cuando se aprobaron leyes como el matrimonio igualitario o el aborto

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Pablo Casado participará este jueves en Santander en una reunión de diputados del PP de Cantabria

Pablo Casado.

La radicalización de las posturas de Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado para lograr el voto más a la derecha en la pugna por la presidencia del PP sigue en ascenso. Este martes, el candidato ha cargado contra la "ideología de género" para referirse a un feminismo que ha denominado "colectivismo social que el centro derecha tiene que combatir" porque "nosotros –ha asegurado– creemos en las personas". Pero ¿de dónde viene este discurso? ¿Cuál es su origen? ¿Quién lo utiliza?

El alegato de la llamada "ideología de género" no es nuevo, pero ha arreciado con fuerza en los últimos años en países de Europa y América Latina de la mano de sectores ultraconservadores y muy especialmente ultracatólicos. Es el argumento por excelencia empleado por la cúpula de la Iglesia, grupos como HazteOír, el Foro Español de la Familia y partidos como Vox para oponerse a avances sociales y leyes relacionadas con la salud sexual y reproductiva de las mujeres, la lucha contra la violencia machista o los derechos del colectivo LGTBI.

No solo se utiliza en el contexto español, sino que se ha articulado todo un fenómeno internacional bien organizado y formado por partidos, lobbys y representantes católicos que repiten el mismo mensaje con tono apocalíptico. Un discurso que construye un "pánico moral" sobre la idea de que el movimiento feminista y LGTBI amenaza los derechos de hombres o personas heterosexuales y supone un riesgo para las familias. Todo al estilo de una supuesta Inquisición moderna. 

"La ideología de género se ha convertido en el totalitarismo del siglo XXI", decía Ignacio Arsuaga, presidente de HazteOír hace escasos meses. La misma justificación fue utilizada para sacar a las calles el  autobús tránsfobo que recorrió España el año pasado bajo el lema "los niños tienen pene, las niñas tienen vulva". Y es la retórica repetida por los seguidores del grupo ultracatólico en cada oportunidad para atacar las leyes LGTBI que tramita actualmente el Congreso y que varias comunidades autónomas han aprobado en los últimos años.

Integrantes de Vox interrumpen la lectura del manifesto. / Raquel Ejerique

Vox irrumpe en la marcha contra la violencia machista de 2015: "La violencia no tiene género" RAQUEL EJERIQUE

¿De dónde sale la "ideología de género?

Esta retórica tiene su fuente originaria en el Vaticano, que en 2003 y mediante su Consejo Pontificio para la Familia publicó un diccionario en el que equiparó de manera expresa la "ideología de género" con la "ideología feminista". Con el término, la Iglesia Católica pretendió saturar de carga negativa el término "género" y asociarlo a una ideología igualándola a "falsedad" frente a su discurso "verdadero", explican  Mónica Corjeno-Valle y J. Ignacio Pichardo en la investigación  La "ideología de género" frente a los derechos sexuales y reproductivos. El escenario español.

Antes de esta publicación, esta nueva estrategia tiene su origen de manera informal en las conferencias de Naciones Unidas sobre población de El Cairo y sobre la mujer de Beijing, en 1994 y 1995 respectivamente, en las que la Iglesia achaca a una supuesta "radicalización" los avances de los derechos de las mujeres. Tras ello, la estrategia comienza a planificarse y empieza a surgir literatura abundante que legitima las tesis. 

La punta de lanza de la "ideología de género" en España es también la cúpula de la Iglesia Católica, que de la mano de la Conferencia Episcopal y varios de sus obispos ha cargado contra ella en varias ocasiones para afirmar que inspira "propuestas fundamentalistas" con "visos inquisitoriales", que  "conculca derechos fundamentales de la persona" o que "es incompatible con el matrimonio y la familia". La "ideología de género" es "una imponente estructura de pecado" y las leyes LGTBI introducen "un nuevo totalitarismo", dijo el pasado mes de febrero el obispo de Alcalá de Henares (Madrid), Juan Antonio Reig Plá.

La utilización de esta retórica por parte de los ultracatólicos en el contexto español viene de lejos. De hecho, el estudio  La "ideología de género" frente a los derechos sexuales y reproductivos. El escenario español concibe España como una especie de "laboratorio europeo" en el que se "han ensayado las estrategias de movilización basadas en este discurso".

Las leyes de Zapatero como amenaza

Fue en 2001 cuando la Conferencia Episcopal Española advirtió por primera vez a los católicos del supuesto peligro que entrañaba "un concepto ideológico de género" que pretende, aseguraba entonces, introducir "toda una serie de nuevos derechos que, en el fondo, no son más que la pretensión de una libertad sexual sin límites". Los obispos nombraban entre ellos la anticoncepción, el aborto o el matrimonio igualitario. Unos temores que señalaron en leyes de la primera legislatura del PSOE que estrenó tres años después José Luis Rodríguez Zapatero.

Así daba comienzo en España la cruzada ultracatólica contra los derechos sexuales y reproductivos protagonizada por varios momentos clave. Cuando el debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo ya había irrumpido en la escena pública y política, la Conferencia Episcopal emitió un comunicado para pedir al Parlamento que no aprobara este derecho. El Congreso le dio dio luz verde en 2005, lo que desencadenó manifestaciones multitudinarias e intensas campañas de propaganda.

En ese momento, los ultracatólicos no utilizaban el discurso de la "ideología de género", algo que inauguraron con la aprobación en 2006 de la ley socialista de educación (LOE). A partir de entonces, esta retórica fue asumida para cargar contra la norma y la asignatura de Educación para la Ciudadanía, que en palabras de los obispos conduciría a la sociedad a "un régimen totalitario". Un año más tarde, la Comisión Permanente de la CEE publicaría una nota en la que aseguraba que la materia imponía "un relativismo moral y la ideología de género", mientras HazteOír y el Foro Español de la Familia pedían a las familias que objetaran.

De nuevo, el argumento de la "ideología de género" fue utilizado por los mismos actores para atacar la Ley de la interrupción voluntaria del embarazo que aprobó Zapatero en 2010 y que permite abortar libremente a la mujer hasta la semana 14. La declaración oficial de los obispos adujo que la norma se daba en el "marco de una ideología contradictoria con la verdad del ser humano y la dignidad de la persona como es la llamada ideología de género".

Con la llegada del PP al Gobierno en 2011, estos mismos sectores presionaron para que los conservadores modificaran esta ley para volver a la restricción del aborto. La reforma, liderada por el entonces ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón, sacó a la calle a miles de ciudadanos  en una manifestación convocada por el movimiento feminista, una de las primeras multitudinarias de la ola actual. La gran contestación mediática y social consiguió que los populares retiraran la iniciativa –aunque finalmente sí se restringió el aborto a las menores de 16 y 17 años–  y el ministro Gallardón se vio obligado a dimitir.

Desde entonces, la "ideología de género" sigue siendo el argumento estrella de los sectores más conservadores y ultracatólicos para oponerse a los avances sociales relacionados con los derechos de mujeres y personas LGTBI. Aunque su éxito ha sido relativo. En otros países, el discurso ha logrado paralizar leyes en marcha, pero en España, no sin altibajos, el movimiento feminista ha logrado una hegemonía que, de momento, está logrando neutralizar esta retórica apocalíptica.

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