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Toda una vida esperando un instituto público en Aravaca y ahora que está construido todavía no se puede usar

El IES Ana Frank, listo para usarse, pero sigue sin abrir.

Daniel Sánchez Caballero

22 de enero de 2026 22:10 h

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Si Aravaca (Madrid) fuera un municipio, sería la localidad más grande de España sin instituto público. Las familias de este barrio llevan toda la vida teniendo que desplazar a sus hijos e hijas a los pueblos de al lado o a la capital para cursar la Secundaria. Ahora, por fin, ya tienen el centro construido. Pero la inauguración se demora desde principio de curso día tras día, semana tras semana, mes tras mes.

Las familias están desesperadas por los retrasos continuos. “Que por favor tengamos paciencia, nos dicen, cómo si no la hubiéramos tenido. Ya no tenemos paciencia ni ganas de tenerla, no podemos esperar más”, cuenta Fabiana, del AMPA. Este próximo viernes se manifestarán frente al edificio para exigir que se abra de una vez.

Aravaca es un barrio rico. Con 103.000 euros de renta per cápita es el más acaudalado de Madrid. Pero (o precisamente por ello) no tiene un centro público en el que estudiar la Secundaria. Sí hay varios privados, con o sin concierto, algunos de ellos entre los más caros del país. En Aravaca está el Colegio Internacional Aravaca, el Santa María de los Rosales, un centro de élite en el que estudio el rey Felipe VI, o el Colegio Estudio, ligado a la Institución Libre de Enseñanza.

Tras tres décadas exigiendo un instituto público, hace siete años los aravaqueños vieron la luz. La Comunidad de Madrid prometió por fin un centro, y padres y madres se lo creyeron. Una generación de jóvenes que empezaba la ESO ese año se matriculó en el futuro flamante IES Ana Frank y empezaron las clases en un espacio prestado del cercano colegio Rosa de Luxemburgo mientras se ponía en marcha. Se graduaron de Bachillerato seis años después sin llegar a pisar el instituto.

La Consejería de Educación explica que “los trabajos en el IES Ana Frank ya están completamente terminados. Tan solo está pendiente de completar el trámite necesario para la puesta en servicio del suministro de energía eléctrica del edificio, que se está acelerando al máximo posible con la empresa suministradora, para que los alumnos puedan acudir con normalidad al nuevo instituto”, y añade que “la dirección del centro será la que determine el momento en el que empiecen las clases en las nuevas instalaciones”.

La dirección del centro aludida por la Consejería ha preferido no hacer comentarios, pero ha enviado un comunicado a las familias explicando esta misma versión, con el matiz de que está pendiente de que la Comunidad les permita contratar el suministro eléctrico, lo que implica que la decisión no depende del centro.

Mientras tanto, van pasando los días y decenas de jóvenes se suben cada mañana a un autobús para acudir a la Escuela Oficial de Idiomas de Valdezarza, la actual sede del IES Ana Frank. Los primeros matriculados iban al colegio Rosa de Luxemburgo, pero se quedó pequeño. Se mudaron al Ortega y Gasset y acabó pasando lo mismo. La EOI debería ser el último espacio provisional, esperan las familias. Fabiana ya ha visto cómo su hija mayor tiene un diploma que la acredita como graduada de Bachillerato por el IES Ana Frank, que nunca ha pisado.

Espera que la pequeña tenga más suerte. Mientras, queda el autobús, que los días malos puede tardar hasta una hora en llegar a Madrid, con la consiguiente pérdida de clases. “Mi hija no ha llegado un solo día a tiempo a clase en todo el curso”, corrobora otra madre.

“No tenemos toda la vida”

“No sé cómo expresarte nuestro hastío”, se desespera Fabiana. “No tenemos toda la vida, los chicos crecen, nunca disfrutaron del instituto. Cuando fuimos a la primera reunión con la Comunidad de Madrid [hace siete años] no sabíamos que el proceso iba a ser tan largo y que mi hija no iba a ir a ese centro. Si me dicen que no va a haber instituto en seis años o matriculo a mi hija en otro centro o al menos soy responsable de mis decisiones”, cuenta.

Desde que la Consejería prometió el instituto hasta que se empezó a construir pasaron cinco años. Trámites, licitaciones nulas, vuelta a empezar... En 2024, finalmente, empezó la obra. La primera estimación que les dieron, cuentan las familias, fue de un año. Empezarían el curso 2025-26 en el Ana Frank. No pasó, y comenzaron las promesas, siempre vagas. En septiembre. Agua. Padres y madres exigieron octubre. Nada. ¿Para el puente de diciembre? Tampoco. Después de Navidad sí que sí, el 5 de enero se haría la limpieza general y a estrenar, cuenta un miembro del AMPA. Es 23 de enero y el centro, “que tiene todo para dar clase”, añade este padre, sigue cerrado para enfado de las familias.

“La parálisis administrativa”, lamenta el AMPA, “la incapacidad manifiesta tanto de la empresa constructora como de la maquinaria burocrática que acompaña a la obra ha ralentizado lo que debería ser ágil, fácil y sencillo convirtiéndolo en una pesadilla para nuestros hijos. El edificio está acabado (SEIS [sic] meses fuera de plazo, pero acabado) y son incapaces de gestionar los permisos para poder utilizarlo”, se queja la asociación de familias.

“Hablamos de los derechos de los niños a tener una educación pública y digna”, se indignan desde el AMPA. “Es una lástima que después de todo el esfuerzo que se ha hecho, en el que hemos colaborado, por burocracia y dejadez nos vemos en estas”. El viernes se lo harán saber alto y claro a la Consejería. Se acabó la paciencia.

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