Esta celebración catalana en enero trae una cabalgata con más animales que la de los Reyes Magos
En Cataluña, enero no se acaba con carbón, roscón y coronas de cartón. Cuando el calendario avanza unos días más, llega una de esas fiestas que mezclan tradición popular, animales y calle, y que, vistas desde fuera, sorprenden por su escala y su carácter. Hablamos de las fiestas de Sant Antoni Abat, conocidas en muchos puntos como los Tres Tombs, una celebración que convierte pueblos y ciudades en un desfile animal como pocos en Europa.
La fiesta se celebra alrededor del 17 de enero, día de Sant Antoni Abat, patrón de los animales y, tradicionalmente, de los campesinos y tratantes. Y aunque no hay regalos ni caramelos volando, sí hay algo que llama poderosamente la atención: una cabalgata en la que participan muchos más animales que en la de los Reyes Magos.
Una tradición de hace siglos
El ritual central es el que da nombre a la fiesta. Los Tres Tombs consisten en dar tres vueltas completas por el interior del pueblo con caballos, carros y animales de tiro. Antiguamente, estas vueltas se hacían alrededor de una gran hoguera encendida con ramas verdes. Con el paso del tiempo y la cristianización de la fiesta, el recorrido pasó a rodear la iglesia de Sant Antoni o la imagen del santo, desde donde se realiza la bendición.
Hoy el espectáculo es tan visual como simbólico. Desfilan caballos engalanados, carruajes antiguos, carros de payés, pero también participan animales que nada tienen que ver con el mundo rural. En muchos pueblos es habitual que los vecinos lleven a bendecir perros, gatos, pájaros y todo tipo de mascotas, creando una escena insólita y muy viva, a medio camino entre romería y desfile.
Todo lo que puedes ver en Sant Antoni el 17 de enero
Más allá de la cabalgata, las fiestas de Sant Antoni incluyen carreras, pasacalles, hogueras y actos populares, que varían según la localidad. En algunos municipios se mantiene el nombre de Passades o Beneïdes, subrayando la importancia del momento de la bendición como gesto de protección y buen augurio para el año que empieza.
Lo que hace especial a esta celebración no es solo su antigüedad, sino su capacidad para conectar pasado y presente. Una tradición nacida en un mundo agrícola y ganadero que, lejos de desaparecer, ha sabido adaptarse a una Cataluña donde conviven caballos de tiro y mascotas urbanas. Durante unas horas, las calles se llenan de vida, cascos, correas y campanillas, recordando que enero también tiene fiestas que miran menos al cielo… y mucho más a los animales.
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