El fuego que consumió a una mujer en Malawi hace 9.500 años abre una nueva lectura sobre la muerte en la prehistoria

Un trabajo científico describió una práctica funeraria muy temprana en una zona actual de Malawi

Héctor Farrés

15 de enero de 2026 14:39 h

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Las manos temblaban mientras el filo cortaba la carne aún firme del cuello. El aire olía a madera seca y a humo reciente, y las brasas crujían al contacto con los huesos que empezaban a ennegrecerse. Varias figuras movían troncos y hojas para avivar las llamas que se elevaban con fuerza, extendiendo chispas en torno al montículo de cenizas. Los golpes de una piedra contra otra marcaron el ritmo con que se acomodaban los restos en la pira, donde el cuerpo sin cabeza se consumía hasta volverse polvo y fragmentos calcinados.

Cuando el fuego alcanzó su punto más alto, solo quedaba la silueta de la hoguera bajo el resplandor anaranjado, testimonio del último gesto de un grupo que decidió despedir a uno de los suyos con un esfuerzo que exigía manos, tiempo y combustible.

Un trabajo científico situó el suceso como el más antiguo de su tipo en el continente

Un equipo internacional de arqueólogos descubrió en Malawi la cremación más antigua conocida de África, un ritual de hace unos 9.500 años en el que se incineró de forma intencional a una mujer adulta, según un estudio publicado en Science Advances. El hallazgo, liderado por Jessica Cerezo-Román, de la Universidad de Oklahoma, revela que las comunidades de cazadores-recolectores de esa región practicaban ceremonias funerarias complejas.

La investigación describe cómo se construyó una pira, se preparó el cuerpo y se mantuvo el fuego a más de 500 grados, lo que exige una organización grupal poco habitual entre grupos nómadas. Los investigadores destacan que esta incineración intencional ofrece una de las evidencias más tempranas de rituales estructurados en África.

La escena mostró una despedida organizada alrededor de una quema controlada

Las cremaciones son poco comunes en grupos cazadores-recolectores, tanto antiguos como actuales, porque requieren gran cantidad de material combustible y un esfuerzo prolongado. Según los autores, las piras no aparecen en los registros arqueológicos hasta unos 11.500 años atrás, mucho después de las primeras incineraciones documentadas en el lago Mungo, en Australia.

Antes del descubrimiento de Malawi, las cremaciones africanas más antiguas databan de unos 3.500 años y estaban asociadas con sociedades de pastores neolíticos. La diferencia sugiere que este tipo de ritual no formaba parte de las prácticas habituales de las comunidades que dependían de la caza y la recolección.

El estudio de los restos permitió reconstruir parte de lo ocurrido

El análisis de los fragmentos óseos permitió identificar que la persona incinerada era una mujer adulta de entre 18 y 60 años y de algo menos de un metro y medio de altura. Los 170 restos recuperados procedían sobre todo de brazos y piernas, con evidencias de exposición al fuego antes de la descomposición del cuerpo. Las marcas de corte en varios huesos apuntan a que algunas partes fueron retiradas o manipuladas poco antes de la cremación.

Jessica Cerezo-Román explicó que “estas manipulaciones pueden parecer espantosas, pero pudieron estar ligadas a la memoria social y la veneración ancestral”. La bioarqueóloga Elizabeth Sawchuk, del Museo de Historia Natural de Cleveland, añadió que “no se hallaron dientes ni huesos del cráneo, lo que indica que la cabeza pudo ser extraída antes de la incineración”.

Un hallazgo en el sur africano cambió lo que se sabía sobre despedidas antiguas

El ritual exigió al menos 30 kilogramos de madera y hojas para mantener la pira encendida durante el tiempo necesario. Los sedimentos de ceniza y los restos calcinados muestran que el fuego superó los 500 grados, y que se alimentó de manera continua. En el interior de la estructura se encontraron herramientas de piedra que pudieron depositarse como ofrendas o quedar incrustadas mientras ardían los restos. Este proceso habría requerido la participación coordinada de varias personas, que avivaban el fuego y vigilaban la combustión, lo que demuestra un nivel de organización y simbolismo inusual para una comunidad de esa época.

El lugar ya funcionaba como cementerio, pero este caso rompía la norma conocida

El yacimiento de Hora 1, situado al pie de un monte granítico del norte de Malawi, se conoce desde la década de 1950 y fue excavado de nuevo en 2016 por Jessica Thompson, de la Universidad de Yale. Los estudios previos mostraron que la zona se habitó por primera vez hace unos 21.000 años y que funcionó como cementerio durante un largo periodo, entre 16.000 y 8.000 años atrás. En todos los enterramientos anteriores y posteriores a esta cremación, los cuerpos aparecían completos y sin señales de fuego.

La excepción de esta mujer sugiere un caso singular dentro de la comunidad, quizá motivado por una condición personal o un suceso particular. Según Thompson, “debió de haber algo específico en ella que justificara un trato especial”. Aunque el motivo exacto sigue sin conocerse, el hallazgo aporta una nueva perspectiva sobre cómo los primeros grupos humanos de África entendían la muerte y el recuerdo.

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