Las conchas marinas se llenaron de vida hace 470 millones de años y así fue el proceso
En los mares actuales, las conchas vacías de moluscos rara vez permanecen desocupadas mucho tiempo. Estos espacios están muy cotizados, porque actúan como una especie de refugio contra depredadores y otras perturbaciones físicas. Pero eso no siempre fue así, sino que, hace más de 500 millones de años, el interior de dichas conchas permaneció completamente deshabitado.
Ese vacío se llenó al poco tiempo, hace aproximadamente 470 millones de años, según apunta un estudio internacional liderado por investigadores de la Universidad de Tartu (Estonia) y publicado en la revista Scientific Reports.
Ese cambio no supuso una simple ocupación, sino que el interior de las conchas vacías de moluscos comenzó a utilizarse como hábitat. A juicio de los investigadores, este hito marcó el surgimiento de un nuevo nicho ecológico y constituyó un paso crucial en el desarrollo de un ecosistema marino similar al actual.
Colonizar el interior de las conchas
Para llegar a esta conclusión, el equipo de investigadores analizó fósiles de diferentes partes del mundo, con el objetivo de saber en qué periodo comenzó la colonización del interior de las conchas marinas. También si siempre había sido así o los motivos que llevaron a los animales a coparlas.
El estudio demostró que durante el período Cámbrico, hace más de 500 millones de años, el interior de dichas conchas permaneció completamente deshabitado, a pesar de que ya existían organismos que vivían en cavidades protegidas. No fue hasta el Ordovícico Medio, hace unos 470 millones de años, cuando comenzó ese proceso de colonización.
Según detallan, fue un proceso paulatino. Primero, se colonizaron las conchas relativamente grandes y espaciosas de los cefalópodos. Posteriormente, estos pequeños habitantes también se extendieron al interior de caracoles y almejas. A finales del Ordovícico, el interior ya estaba densamente cubierto de fauna adherida y estaba habitado por animales que filtraban partículas de alimento y que flotaban en el agua, como briozoos, braquiópodos, esponjas, graptolitos y cornúlidos.
Un refugio a medida
El tamaño de la cocha era determinante. El estudio reveló que, si bien las comunidades que habitaban las conchas de caracoles, almejas y cefalópodos eran bastante similares en cuanto a su composición de especies, la forma de las conchas influía en la cantidad de organismos y en su tamaño.
En las conchas de los nautiloideos se hallaron las comunidades fósiles más diversas. Eso ocurría porque el agua circulaba con mayor libertad y les proporcionaba mayor oxígeno y alimento. En cambio, en las conchas en espiral de los caracoles con aberturas estrechas, el intercambio de agua era más deficiente y los organismos que crecían allí eran en su mayoría más pequeños.
Más allá de su tamaño, esa ocupación coincidió con un importante aumento de la biodiversidad del Ordovícico. En ese momento, las comunidades marinas se diversificaron rápidamente y se produjo un incremento significativo en el número de organismos sésiles que incrustaban sustratos esqueléticos en comparación con períodos anteriores. Estas eligieron ese nuevo hábitat como resguardo, un espacio libre de depredadores y de las perturbaciones físicas.
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