Su nombre puede que no te suene, pero fue la primera española en ser corresponsal de guerra

Retrato de Sofía Casanova, de autor desconocido.

Andrea Blez

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Fue una mujer independiente en una época en la que no era algo habitual, llegó a recitar poemas en la corte del rey Alfonso XII y contó para el diario ABC acontecimientos históricos como la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa o los comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Fue así la primera española en ser corresponsal de guerra y su nombre es Sofía Casanova.

Los inicios de Sofía Casanova, primera corresponsal de guerra española

Sofía Casanova nació el 30 de septiembre de 1861 en Almeiras, A Coruña, donde tuvo una infancia complicada al ser abandonada por su padre cuando nació su hermana pequeña, y sus abuelos ayudaron a su madre en la crianza de las dos hijas. A los 15 años se trasladó a Madrid con su madre, antes habiendo ya publicado poemas escritos por ella en el periódico El faro de Vigo.

Con su temprana producción literaria comenzó a ganar fama en los círculos culturales de Madrid, lo que le haría tener amistad con Ramón de Campoamor, Gaspar Núñez de Arce o José de Echegaray, y también llegar a recitar parte de sus poemas en la corte del entonces rey de España, Alfonso XII, que, al admirar su obra, decidió pagar los gastos de edición de un libro que recogía sus versos.

El hecho que lo cambió todo y propició su carrera de corresponsal internacional

Durante su tiempo en la Corte conocería a Wincenty Lutosławski, un excéntrico profesor, filósofo y diplomático polaco, que cambiaría su vida, pues ella lo dejó todo para casarse con él en 1887 y se instaló en un pueblo al norte de Polonia. Allí tuvo cuatro hijas, aunque una murió de disentería.

En Polonia publicó su primera novela, El doctor Wolski, y una serie de cuentos y artículos de opinión que hablaban de su vida en el país y del contexto de cómo se vivía en Rusia, que se publicó en periódicos gallegos y nacionales. Su matrimonio se deterioró con el tiempo, al no tener hijos varones, pero le permitió viajar junto a la acción diplomática de su marido a lugares como Londres, Moscú o París y aprendió seis idiomas.

Vuelta a España y su abrupto inicio como corresponsal

Se separó de su marido y Sofía Casanova volvió a Madrid, siendo su casa un espacio donde se desarrollaron encuentros literarios por donde pasaron personajes célebres como Ramón y Cajal o Alberto Insúa, además de que en 1906 recibió la noticia de que fue admitida en la Real Academia Gallega. El hecho de hablar seis idiomas hizo que comenzara a colaborar con los periódicos más destacados del momento como ABC, El Liberal, El Imparcial o La Tribuna escribiendo artículos “exóticos”.

Sofia Casanova y Benito Pérez Galdós durante un ensayo escénico de la obra de Casanova "La Madeja".

Durante una visita de Sofía Casanova a sus hijas cerca de la frontera alemana, la Primera Guerra Mundial estalló y marchó a Varsovia para colaborar como enfermera de la Cruz Roja, pero también escribió crónicas bélicas para el diario ABC, siendo así oficialmente la Corresponsal de Guerra de Europa Oriental. Cuando el ejército alemán avanzó, ella abandonó la capital polaca para establecerse en San Petersburgo, donde se hizo también eco de la caída del imperio zarista y la Revolución Rusa.

En su estancia en Rusia, entrevistó a Trotski y llegó a tener problemas de vista por un golpe accidental, del que tuvo secuelas de por vida. Su momento allí fue prolífico, pues publicó dos obras De la Revolución Rusa y La Revolución Bolchevista: diario de un testigo.

Las opiniones que terminaron su carrera como corresponsal

Durante la Guerra Civil española volvió a Varsovia y desde allí escribió para diarios como La Voz de Galicia, donde abiertamente se posicionó a favor del bando nacional porque “traería momentos de desarrollo y esplendor para España”, lo que llevó a que se entrevistara con Franco en Burgos en 1938, momento en el que visitó por última vez el lugar donde había nacido en A Coruña.

La Segunda Guerra Mundial la pilló también en Polonia, donde iba a pasar la Navidad, y así se trasladó a una aldea polaca donde vivió con cierta seguridad, escribiendo como le horrorizaba “la barbarie nazi en los campos de concentración” y abiertamente mostró estar en contra de la ocupación alemana en el país, unas opiniones que le hizo perder su trabajo como corresponsal en ABC. Moriría el 16 de enero de 1958, casi ciega, lo que no le había impedido continuar escribiendo.

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