Previsto para 240 personas, en este refugio antiáreo descubierto en Barcelona han hallado luces de aceite, una moneda y grafitis

Esta estructura aparece mencionada en los listados municipales de refugios en construcción subvencionados con fondos públicos durante el conflicto

Alberto Gómez

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Barcelona ha vuelto a encontrarse con su historia subterránea tras el hallazgo fortuito de un refugio antiaéreo de la Guerra Civil. Las obras de remodelación del Mercat de l’Abaceria, en el barrio de Gràcia, han permitido localizar el acceso a este búnker olvidado, un descubrimiento que se ha producido durante los trabajos de renovación del pavimento en la calle de Torrijos. Los operarios detuvieron sus labores al toparse con una estructura de galería que data originalmente de finales del año 1937. Este espacio representa un testimonio mudo de la resistencia ciudadana frente a los bombardeos que asolaron la capital catalana. La arqueología urbana vuelve así a arrojar luz sobre los túneles que protegieron a miles de barceloneses hace décadas. 

El hallazgo ha generado un gran interés entre los técnicos que documentan este tramo de 68 metros. Las investigaciones preliminares sugieren que se trata del refugio número 230. Esta estructura aparece mencionada en los listados municipales de refugios en construcción subvencionados con fondos públicos durante el conflicto. Los informes históricos elaborados entre 1939 y 1940 situaban sus tres bocas de acceso en las cercanías de la plaza del Raspall. Calles como Puigmartí, Torrijos y la antigua Voltaire, hoy calle de Siracusa, formaban parte del perímetro de seguridad de este búnker. La identificación se basa en la coincidencia de la ubicación geográfica y la tipología constructiva de la galería hallada. Es una hipótesis de trabajo sólida que los expertos del Servicio de Arqueología de Barcelona continúan validando en la actualidad.

El estudio de la documentación histórica ha sido clave para determinar el origen y la función social de este espacio. Conocer la ubicación exacta de estos accesos permite reconstruir de forma más precisa el mapa de la defensa civil de Gràcia. El tramo localizado actualmente presenta una longitud de 68 metros, aunque los planos originales describen uno mayor. Según la documentación conservada de la época, la estructura total debía alcanzar casi los 199 metros de largo. La galería tiene una anchura media de un metro con diez centímetros y una altura que oscila cerca de los dos metros. Se encuentra a una profundidad de unos diez metros bajo el nivel de la calle, lo que garantizaba la seguridad ciudadana. Aunque el tramo hallado es solo una parte del diseño inicial, sus dimensiones coinciden con lo proyectado en los antiguos planos. 

Las obras de remodelación del Mercat de l’Abaceria, en el barrio de Gràcia, han permitido localizar el acceso a este búnker olvidado

Las características observadas en la calle de Torrijos han permitido diferenciarlo de otros búnkeres cercanos descubiertos anteriormente. Este hallazgo permite contrastar la realidad física del subsuelo con los registros teóricos archivados durante la dura posguerra. La precisión de las medidas actuales confirma la fidelidad de los antiguos informes realizados por los servicios municipales de defensa.

Se trata de una obra inacabada, lo que se hace evidente al observar que gran parte del recorrido carece de un revestimiento. Las paredes muestran las arcillas naturales del terreno, que en algunos puntos críticos han comenzado a sufrir ciertos desmoronamientos. Por este motivo de seguridad, el ayuntamiento ha informado que el espacio se sellará una vez termine su documentación arqueológica. No obstante, se habilitará un registro técnico para permitir futuras inspecciones y mantenimientos por parte del personal especializado municipal. El hecho de estar incompleto ofrece una visión única de las fases de ejecución de estas construcciones de emergencia bélica. La falta de acabados definitivos narra la urgencia y la falta de materiales que caracterizaron los últimos años de la contienda. 

Diversos elementos

Este refugio fue proyectado con una capacidad prevista para albergar a unas 240 personas durante los ataques aéreos. En su interior, los arqueólogos han documentado diversos elementos que permiten reconstruir las difíciles condiciones de vida bajo la tierra. Destaca un pozo de ventilación situado cerca del acceso principal para renovar el aire viciado por la multitud de refugiados. También se han localizado varios ganchos de hierro empotrados en las paredes que servían para diversos usos logísticos inmediatos. Estos componentes funcionales eran esenciales para garantizar la supervivencia básica en un espacio tan angosto y densamente poblado. La organización interna del refugio 230 responde a los estándares de defensa pasiva que se aplicaron en toda la ciudad. 

Uno de los hallazgos más significativos son los encajes practicados directamente en los muros para colocar los sistemas de iluminación. Estos pequeños rebajes en la piedra y la tierra estaban destinados a sostener luces de aceite o lámparas de carburo portátiles. En la oscuridad total del subsuelo, estos puntos de luz eran la única guía para los civiles que buscaban desesperada protección. Las lámparas de aceite, junto con las de carburo, proporcionaban una iluminación tenue y precaria durante las largas horas de espera. Estos elementos cotidianos hablan de la atmósfera de tensión y penumbra que se vivía mientras caían las bombas fuera. La presencia de estos soportes confirma que el refugio, aunque inacabado, estaba siendo preparado para un uso inminente y vital. La luz era un factor psicológico fundamental para mantener la calma de las personas hacinadas en las estrechas galerías. 

Entre los restos materiales hallados destaca una moneda localizada en el muro que tapiaba originalmente el acceso a la estructura. Además de este objeto metálico, los arqueólogos han descubierto un interesante conjunto de grafitis conservados en las paredes interiores. Algunas de estas inscripciones están vinculadas a marcas de obra, medidas de ingeniería y diversas señalizaciones necesarias para la construcción. Sin embargo, también se ha identificado un nombre propio escrito sobre el paramento, lo que constituye un rastro humano directo. Este nombre podría pertenecer a alguno de los obreros que excavaron la galería o a un vecino que buscó cobijo. El hallazgo de este nuevo tramo en la calle de Torrijos contribuye a completar el complejo mapa de refugios antiaéreos de Barcelona, red subterránea que fue fundamental para proteger a la población civil y cuyo estudio arqueológico sigue revelando datos inéditos hoy. 

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