¿Qué revela el complejo residencial hallado en Egipto? El hallazgo reabre el debate sobre el relato de la esclavitud de los hebreos
Los hornos siguieron ocupando su sitio junto a los almacenes, aunque sus usuarios acabaron enterrados a pocos metros y en posturas que aún desconciertan. Esa cercanía entre trabajo, comida y muerte define el asentamiento excavado en Tell el-Ku‘a, al nordeste de Egipto, donde una comunidad del Segundo Periodo Intermedio dejó viviendas, zonas de producción y sepulturas dentro del mismo espacio.
El conjunto residencial medía unos 30 por 61 metros y estaba rodeado por un muro de adobe, con varias estancias distribuidas según una planta regular. Allí se cocinaba, se guardaban provisiones y se fabricaban bienes sin separar esas tareas de la vida residencial.
Las tumbas revelan diferencias sociales y culturales
Las diez tumbas de adobe muestran que el cementerio reunía formas funerarias diferentes, porque algunas eran fosas rectangulares y otras incorporaban fachadas arquitectónicas con motivos decorativos. Varios cuerpos aparecieron colocados en cuclillas o recostados sobre el lado izquierdo, con las rodillas flexionadas, dentro de fosas ornamentadas.
Las diferencias entre enterramientos apuntan a niveles sociales y tradiciones culturales diversos, mientras que los objetos depositados junto a los fallecidos incluían utensilios de bronce, vasos de alabastro y cerámicas propias del periodo. Esa variedad permite estudiar cómo convivían grupos con costumbres distintas dentro de una misma comunidad.
Las impresiones de sellos y las marcas de producción grabadas en varias piezas permitirán seguir el recorrido de mercancías que cruzaban el este del delta egipcio. Entre los materiales recuperados figura cerámica de Tell el-Yahudiyeh, una tipología muy asociada a aquella etapa y reconocible por su decoración.
Los arqueólogos de Tell el-Ku‘a consideran que el enclave pudo funcionar como centro de distribución o de comercio entre Egipto y Canaán, una hipótesis reforzada por la presencia conjunta de almacenes, talleres y utensilios ligados a la actividad económica. Los sellos ofrecen además una vía para identificar procedencias y reconstruir relaciones entre productores, intermediarios y compradores.
El Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto anunció que todos los restos pertenecen al periodo hicso, fechado aproximadamente entre 1650 y 1550 antes de Cristo. La excavación sacó a la luz un complejo residencial, instalaciones para guardar y producir bienes, cerámica sellada y diez sepulturas construidas con adobe.
El Génesis vincula Gosén con la historia de José
El yacimiento se encuentra en Wadi Tumilat, un corredor fértil del nordeste del país que facilitaba el paso entre el valle del Nilo y las tierras de Canaán, además de ofrecer pastos aptos para ganado y rebaños. Su posición explica que el lugar pudiera concentrar población y actividad económica durante una etapa marcada por movimientos humanos entre ambos territorios.
La fertilidad de Wadi Tumilat ha llevado a numerosos especialistas a relacionar esta zona con Gosén, descrita en Génesis 45:18 como “lo mejor de la tierra”. El mismo libro bíblico sitúa allí a José, un hebreo descendiente de Abraham que llegó a Egipto como esclavo y terminó convertido en el segundo funcionario con mayor poder del país.
Su relato lo presenta administrando el grano egipcio, facilitando el movimiento de personas y bienes desde Canaán y asentando a su familia en la región donde se encontraba la capital hicsa. Ese marco ofrece un contexto posible para su ascenso, aunque extranjeros alcanzaron cargos elevados en otros periodos de la historia egipcia.
Los faraones tebanos cambiaron el poder del nordeste egipcio
Las excavaciones desarrolladas durante décadas en Avaris, la actual Tell el-Daba, han cambiado la imagen transmitida por las antiguas fuentes egipcias, que describían a los hicsos como invasores llegados por la fuerza. La arqueología apunta a grupos semitas procedentes de Canaán que entraron de forma gradual durante varias generaciones como comerciantes, artesanos y migrantes.
Después gobernaron el norte de Egipto durante cerca de un siglo como la dinastía XV, asentados en el delta oriental y en el corredor de Wadi Tumilat, el mismo espacio vinculado por la Biblia a la estancia israelita previa al Éxodo. El término hicso procedía de una expresión egipcia que puede traducirse de forma aproximada como “gobernantes de tierras extranjeras”.
El cambio de poder quedó marcado por faraones tebanos que expulsaron a los hicsos y abrieron el Reino Nuevo, una ruptura que ayuda a interpretar la frase de Éxodo 1:8 sobre “un nuevo faraón que no conocía a José”. Seqenenre Tao, Kamose y Ahmose I derribaron a una élite semita y devolvieron el gobierno a una dinastía egipcia, mientras Ahmose I fundó la XVIII.
La continuidad del poblamiento detectada en Tell el-Ku‘a puede aclarar cómo aquella transición alteró acuerdos, jerarquías y vínculos regionales sin borrar de inmediato a las comunidades que ya vivían allí. Ese proceso mantiene abierto el debate sobre la relación entre memoria bíblica y transformación política en el nordeste de Egipto.
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