¿Temes quedarte calvo? Estos son los dos factores que la ciencia apunta como causantes de la caída capilar

Algunos hombres abrazan su calvicie, pero otros no

Héctor Farrés

6 de enero de 2026 14:27 h

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La pérdida de cabello no sigue reglas fijas ni respeta previsiones. Algunos hombres conservan una melena abundante hasta la vejez, mientras otros comienzan a ver retroceder la línea frontal antes de los 30. Esa variabilidad ha hecho que muchos la perciban como una suerte de lotería biológica, donde la genética y el azar parecen decidir.

Más allá del espejo, la calvicie masculina tiene un efecto psicológico considerable, porque altera la imagen personal y la manera en que cada uno se percibe en su entorno. Aunque suele considerarse un signo de madurez o de estilo en algunos casos, para muchos representa una fuente de ansiedad o inseguridad que condiciona la autoestima y la vida social.

Los factores que la desencadenan no son solo biológicos: influyen también las expectativas culturales, la presión estética y la dificultad para aceptar un cambio visible e irreversible. De ese modo, la búsqueda de causas y remedios no responde solo al deseo de recuperar el cabello, sino también al intento de recuperar control sobre lo que ocurre en el cuero cabelludo.

Esa necesidad de comprender cómo y por qué ocurre ha llevado a la ciencia a estudiar con detalle los mecanismos que gobiernan el crecimiento del folículo y su relación con el estrés, un campo donde las investigaciones recientes han cambiado el enfoque por completo.

La búsqueda de causas responde también a la necesidad de recuperar control

Un estudio publicado en Cell en 2021 identificó que la noradrenalina del sistema nervioso simpático destruye las células de los folículos pilosos, explicando la caída del cabello asociada al estrés. Los investigadores demostraron que esta sustancia, liberada en momentos de tensión, altera el equilibrio energético de las células madre del folículo hasta provocar su muerte.

Con ello se abrió una vía para el desarrollo de tratamientos que bloqueen la acción de la noradrenalina en el cuero cabelludo sin afectar otras funciones del organismo, lo que podría mejorar la prevención de la pérdida capilar ligada al estrés.

Rafa Nadal

La calvicie androgenética, la forma más común, depende de factores genéticos que hacen que los folículos sean sensibles a la dihidrotestosterona (DHT). Esa hormona, derivada de la testosterona, reduce la fase de crecimiento del cabello hasta que los folículos se miniaturizan y dejan de producir pelo visible.

El riesgo se hereda por múltiples genes, con un papel destacado del receptor de andrógenos situado en el cromosoma X. Esta herencia explica por qué el patrón familiar suele seguir la línea materna, aunque la influencia del padre y de otros genes también interviene. Aun así, el estrés y los cambios hormonales pueden acelerar el proceso.

El estudio difundido en Cell detalla que la causa inmediata de la pérdida capilar en situaciones de estrés no es el cortisol, como se pensaba, sino la sobrecarga eléctrica del sistema nervioso. La liberación de noradrenalina genera un entorno tóxico para las células del folículo, que dejan de producir energía y terminan destruyéndose. Esa observación resuelve una incógnita que durante años separó la teoría del estrés psicológico de la fisiología del cabello.

El sistema nervioso simpático participa activamente en el ciclo del folículo piloso. En condiciones normales, alterna entre fases de reposo y crecimiento, pero en presencia de tensión constante mantiene activa la respuesta de alerta, con efectos destructivos sobre las células regeneradoras. Esa misma red nerviosa influye en la microcirculación del cuero cabelludo, lo que agrava la pérdida cuando la exposición al estrés se prolonga.

Es uno de los métodos más populares entre los hombres

El artículo Recent Progress in the Understanding of the Effect of Sympathetic Nerves on Hair Follicle Growth, publicado en Cell en 2021, demostró que los nervios simpáticos no solo influyen en la caída, sino también en el crecimiento. Su liberación de norepinefrina activa las células madre del folículo y promueve la regeneración cuando el equilibrio no está alterado. Los experimentos con ratones mostraron que la eliminación de esa señal nerviosa detiene el crecimiento, mientras que la estimulación con agonistas específicos lo restablece parcialmente, lo que sugiere un control cíclico del cabello vinculado a la actividad nerviosa.

Los tratamientos actuales podrían ampliarse con nuevas dianas terapéuticas

Las terapias actuales intentan compensar estos mecanismos. Medicamentos como minoxidil o finasterida actúan reduciendo la acción de la DHT y estimulando los folículos activos, con resultados variables. A su vez, los trasplantes capilares y técnicas como el plasma rico en plaquetas o la mesoterapia buscan regenerar la zona afectada.

Los hallazgos sobre el papel del sistema nervioso abren la posibilidad de combinar estas terapias con moduladores de la noradrenalina, lo que podría acercar tratamientos más específicos y menos invasivos para quienes se enfrentan una condición que afecta tanto la biología como la percepción personal.

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