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Europa, ha llegado el momento de terminar con la dependencia del crecimiento (carta abierta)

Postcrecimiento

Esta semana, científicos y políticos se encontrarán en una conferencia clave que se va a celebrar en Bruselas. El objetivo de este encuentro, organizado por los miembros de cinco grupos políticos del Parlamento Europeo, junto con sindicatos y ONG, es el de explorar las posibilidades para una “economía del post-crecimiento” en Europa.

Durante las últimas siete décadas, el crecimiento del PIB ha sido el objetivo económico prioritario de las naciones europeas. Sin embargo, así como nuestras economías han ido creciendo, también lo han hecho los impactos negativos sobre el medio ambiente. Actualmente estamos excediendo el espacio de operación segura ( safe operating space en inglés) para la humanidad, y tampoco hay ninguna señal de que la actividad económica se esté desacoplando respecto del uso de recursos o que la contaminación esté disminuyendo en la escala requerida. Hoy, la solución de los problemas sociales entre las naciones europeas no requiere mayor crecimiento. En cambio, se requiere una distribución de la renta y de la riqueza más justa de la que tenemos.

El crecimiento se está convirtiendo en un objetivo cada vez más difícil de alcanzar debido a la caída de las ganancias en productividad, la saturación del mercado y la degradación ecológica. Si la tendencia actual continúa, puede no haber crecimiento en Europa en una década. Ahora mismo la respuesta consiste en intentar activar el crecimiento mediante la expansión de la deuda, el desmantelamiento de las regulaciones ambientales, la extensión de las jornadas de trabajo, y los recortes sociales. Esta agresiva persecución del crecimiento a cualquier coste fragmenta la sociedad, crea inestabilidad económica, y destruye la democracia.

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Algunas claves para desmontar argumentos ‘negacionistas’ contra la litigación climática contra los estados

Hubo un tiempo en que a los negacionistas del cambio climático – aquellos que afirman que el cambio climático no es una realidad o que no es un fenómeno causado por el ser humano – se les llamaba simplemente escépticos. La diferencia entre un negacionista y un escéptico es que el negacionista niega lo que está científicamente probado y el escéptico promueve el examen detallado de afirmaciones que sean controvertidas. Los numerosos informes del Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático (IPCC) muestran que el cambio climático antropogénico –esto es, el hecho de que el cambio climático haya sido causado por la actividad contaminante del ser humano– ha quedado sobradamente probado desde un punto de vista científico. No solo existen abrumadoras pruebas que demuestran esta realidad, sino también un amplio y sólido consenso científico.

Al no poder negar lo evidente, las estratagemas para eludir responsabilidades morales y políticas por el cambio climático se han ido afinando. Una de estas estrategias consiste en evadir responsabilidades por las emisiones contaminantes que podrían dar lugar a demandas judiciales contra ciertos estados o empresas con altos niveles de contaminación. Algunos de los casos judiciales pueden encontrarse aquí. La estrategia para rehuir estas responsabilidades consiste en afirmar la imposibilidad de conectar las emisiones contaminantes con fenómenos climáticos extremos concretos. O, dicho de otro modo, se argumenta que es imposible conectar las emisiones contaminantes (de este u otro agente) con un fenómeno extremo en este tiempo y lugar. Esto resulta problemático porque estos fenómenos extremos, como huracanes, lluvias torrenciales, sequías, olas de calor, etc., son los fenómenos derivados del cambio climático que más daño causan. Por tanto, si señalar una conexión entre estos daños y emisiones no fuese posible, sería difícil atribuir responsabilidades causales – y morales y políticas -- por los fenómenos climáticos más destructivos. Mi propósito aquí es abordar algunas de las afirmaciones que soportan esta estrategia a medio camino entre el escepticismo y el negacionismo. En particular, aquí trato de mostrar que, dados los avances de la ciencia de la atribución climática, dicha estrategia es cada vez más difícil de sostener cuando las demandas afectan a los estados.

Primero, se afirma que para atribuir los daños generados por los eventos climáticos extremos a las emisiones contaminantes se necesita demostrar que, si no hubiera sido por esas emisiones, esos eventos no se habrían producido. Esto es problemático porque los fenómenos atmosféricos extremos existen desde mucho antes de que el ser humano empezase a emitir cantidades ingentes de gases contaminantes a la atmósfera. Tal condición radica en una confusión acerca del tipo de causas que se necesitan para establecer una conexión relevante que de soporte a demandas legales. Es de notar que esta afirmación se sustenta sobre la falsa presuposición de que lo que se necesita es demostrar que esas emisiones son una causa suficiente para dar lugar a fenómenos climáticos extremos. Sin embargo, este tipo de causalidad sería relevante exclusivamente en casos de prevención de fenómenos climáticos extremos, porque lo que queremos es prevenir las causas que, con un alto nivel de seguridad, generarán efectos dañinos. Sin embargo, para el caso de la atribución a posteriori, cuando el daño ya se ha materializado, lo único que necesitamos es demostrar que las emisiones han sido una causa necesaria. Es decir, lo que se necesita demostrar es que, en este caso particular, las emisiones contaminantes han contribuido a dar lugar al evento en cuestión, con independencia de que en otras ocasiones el evento pueda ser generado por causas naturales o con independencia de la intervención de otras causas. De este modo, la pregunta es si se puede demostrar que las emisiones contaminantes de los actores en cuestión hayan actuado de esta manera.

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El dilema Hulot y la trampa del crecimiento

Nicolas Hulot, flamante ministro de Transición Ecológica y Solidaria del gobierno de Macron, ha dimitido por sorpresa ante la escasa determinación del ejecutivo francés en la tarea que dirigía: “no quiero mentir más; no quiero dar la ilusión de que mi presencia en el Gobierno significa que estamos a la altura”. Tanto por su celebridad mediática previa en el terreno del periodismo ambiental, como por su pedigrí apartidista que generaba amplios consensos, Hulot era una de las figuras más relevantes de un gabinete llamado a mucho. Entre otras cosas, a regenerar el proyecto europeo en sus horas más bajas. Lo que pasaba necesariamente por convertir a Francia en la vanguardia continental de un nuevo modelo productivo sostenible.

En su renuncia al puesto, Hulot ha cargado contra la influencia perversa de los lobbies empresariales en la democracia, la política de pequeños pasos ambientales absolutamente insuficiente ante la magnitud del abismo socioecológico que hemos de saltar o la soledad de su acción de gobierno. Pero lo más interesante, que suele ser poco habitual en un cargo de su perfil, es que ha puesto el acento del problema en el modelo económico liberal. Podemos afirmar, a riesgo de simplificar, que Hulot ha dimito tras chocar con dos realidades tenaces, que en algunos círculos nos suenan muy obvias, pero que en el debate público apenas tienen presencia: la primera obviedad es que sin reducir el tamaño de la economía no se reducirá nuestro impacto desastroso sobre la biosfera, sea éste medido en emisiones de gases de efecto invernadero, contaminación química o pérdida de biodiversidad; la segunda obviedad es que la telaraña de intereses creados pesa hoy mucho más que la voluntad de cambio cualquier ministro-estrella.

En este asunto hay una lección fundamental que el ecologismo debería abanderar en su discurso de un modo mucho más valiente: mientras el crecimiento económico sea un precepto sagrado, la ecología estará obligada a rebajarse a marketing verde. Transición ecológica y neoliberalismo es una combinación con una consistencia similar a la del agua seca, el día nocturno o el fuego helado. Pero la pregunta realmente inquietante y necesaria es otra: ¿sería distinto con la izquierda en el poder? Y no solo con la socialdemocracia acomplejada del PSF, siempre tan competente a la hora de decepcionar a sus votantes, sino incluso con la izquierda fuerte de la Francia Insumisa. Es razonable esperar que el margen de acción de un ministerio de Transición Ecológica de Mèlenchon, más resuelto a la hora de atacar posiciones del entramado oligárquico-empresarial, cambiaría sustancialmente el margen de acción en aspectos que no hay que despreciar. Pero las presiones más importantes que nos empujan hacia la extralimitación ecológica se mantendrían casi constantes. El peor error que la izquierda ecologista puede cometer es simplificar los obstáculos reales de la consecución de la sostenibilidad desde la superioridad moral y el autismo ideológico. Toca ser un poco más humildes: tenemos ya la certeza de que nuestras economías deben dejar de acelerar en su carrera hacia el abismo. Pero aún nadie sabe cómo se para esta máquina sin frenos.

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Migraciones: perder nuestro 'American way of life' o perder nuestra alma

Las palabras de Chema Monreal, el técnico de Salvamento que hace unas semanas describió su experiencia rescatando migrantes en el Mediterráneo, han recorrido las redes sociales conmocionando a miles de personas con su demoledora contundencia: “¿Sabéis a qué velocidad se traga el Mar un cuerpo, cuando 10 segundos antes te miraba pidiendo ayuda? ¿Sabéis como retumban los gritos de socorro en mitad del Mar cuando no divisas a la persona? ¿Sabéis cómo es un cuerpo flotando boca abajo, por el que ya nada se puede hacer?”.

¿Quién puede permanecer impasible ante estas palabras? Por muy sorda y anestesiada que esté nuestra sociedad, esto no nos puede dejar indiferentes. Hacerlo conlleva un serio riesgo para la salud de todo eso que llamamos nuestra alma. Los valores más importantes de Europa se desmoronan si permanecemos indiferentes ante el drama del Mediterráneo: desde la tradición cristiana que nos obliga a dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento y dar posada al peregrino, hasta los Derechos Humanos consagrados en nuestras constituciones.

La única manera de reprimir la marea de migraciones consiste en convertir el Mediterráneo en el muro de un inmenso campo de concentración. Pero, no nos engañemos, esto tiene un precio. Europa sólo puede blindarse a base de renunciar a algo muy importante: todo eso que nos define como democracias. Sólo podemos convertir Europa en una fortaleza si hacemos virar nuestras sociedades hacia el autoritarismo y el fascismo (cosa que estamos ya haciendo).

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Barcelona Energía: ¿una herramienta para la soberanía energética?

El domingo 1 de julio comenzaba a funcionar Barcelona Energía (BE), empresa pública del Ayuntamiento de Barcelona que actúa ya como comercializadora de electricidad para los edificios municipales y lo hará también a partir de enero de 2019 para unas 20.000 familias.

Es la medida estrella del Ayuntamiento en política energética para esta legislatura. Su misión: “contribuir a la transición hacia un modelo energético sostenible, potenciando el autoconsumo, la generación de proximidad y la energía 100% verde”. Asegura hacerlo además desde la soberanía energética, objetivo común con el que coincidimos sobre el papel.

Sin embargo, la constitución de BE sobre la base de TERSA ha ensombrecido la presentación en sociedad del nuevo actor energético municipal. TERSA es una empresa pública dedicada a la generación de electricidad, que obtiene en su mayoría de una planta de revalorización energética a través de un proceso de incineración de residuos. El origen cuestionable de esta energía ha puesto en entredicho los valores mismos de BE y ha sido vista por algunos sectores como un injustificable paso en falso de la política municipal.

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La política energética también requiere de gestos a corto plazo: España debe rechazar el MidCat y la autopista eléctrica del Golfo de Vizcaya

Midcat

El nuevo gobierno de Pedro Sánchez ha entrado fuerte en la dialéctica de la transición ecológica, para empezar poniéndole ese nombre nada menos que a un ministerio. Que la ministra de Medio Ambiente sea la también la Ministra de Energía puede verse a priori como una buena noticia o como una mala noticia. La experiencia en España hace temblar a los que saben que cuando el medio ambiente ha ido acompañado de otra cartera, por lo general ha acabado subyugado a esta. La política del agua respondiendo a intereses del sector agroindustrial en detrimento de los caudales ambientales, son solo un ejemplo en ese sentido.

Sin embargo el nuevo Ministerio de Transición Ecológica suena desde luego mucho más a una oportunidad que a una amenaza. Llevamos años criticando, por ejemplo, que mientras los ministros de medio ambiente se reúnen en la cumbres de cambio climático para marear la perdiz y hacer declaraciones de buenas intenciones, sus colegas del ramo energético se quedan en casa firmando permisos de exploración y explotación de hidrocarburos y otorgando subvenciones a la industria fósil, como si las negociaciones climáticas no fueran con ellos. En nuestro país la política ambiental/climática y la política energética han sido dos realidades que no se han tocado apenas. Han vivido de espaldas y en residencias desiguales; energía en una mansión en la parte alta de un rascacielos, medio ambiente abajo en una chabola, si se me permite la expresión.

Por eso, la sola idea teórica de que ahora la política energética pudiera acabar supeditada a los dictados de la crisis climática y ecológica es algo tentador. Hablar de teoría implica que aún no hay hechos, como es lógico por el corto recorrido del nuevo gobierno. Se han producido varios anuncios, algunos de los cuales no suenan nada mal. La nueva ministra compareció recientemente ante el Congreso de los diputados y desgranó algunas de sus intenciones. Aprobar la ley de cambio climático, presentar el plan integrado de energía y clima, cerrar el carbón en 2020, acabar con el impuesto al sol, prohibir las prospecciones marinas, cerrar las nucleares al cumplir su vida útil,.... Habló incluso de poner a la ciudadanía en el centro del modelo energético y huir del actual modelo centralizado. Un modelo que ha facilitado que la política energética esté al servicio de los intereses de las grandes corporaciones, que han concentrado poder, maximizado ganancias y excluido a la población.

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El Ministerio, la Transición Ecológica y el déficit de naturaleza

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En 1963 Betty Friedan escribía la mística de la feminidad como una forma de abordar un malestar que las mujeres de su época habían denominado "el problema que no tiene nombre". Una suerte de crisis de identidad inducida por el patriarcado a las mujeres relegadas al trabajo doméstico; que lastraba su autonomía vital, aplazando proyectos personales y vaciando de sentido la propia experiencia. Este libro fue una de las obras más influyentes en el despliegue de la "segunda ola" del feminismo durante la segunda mitad de los años sesenta. Enunciar y dar nombre a los conflictos y generar relatos compartidos sobre la opresión suele ser el primer paso que desencadena un movimiento.

Recientemente se anunciaba la creación de un Ministerio para la Transición Ecológica, que según el presidente del Gobierno nacía con la vocación de "concentrar las principales políticas encaminadas a construir un futuro sostenible, por lo que puede resultar interesante ver algunos de sus principales desafíos en un país en el que al debate sobre el cambio climático, sus consecuencias y desafíos no se les ha prestado la debida atención desde el ámbito público".

La creación del Ministerio es una noticia muy significativa, pues por primera vez parece que se empieza a nombrar desde las instituciones el problema que realmente tenemos entre manos. Ya no se trata de conservar tal o cual espacio protegido o de desarrollar programas de educación ambiental, que también, sino de situar en la agenda política y en la esfera pública la inviabilidad de nuestro vigente modelo socioeconómico. Los límites biofísicos, el cambio climático o la crisis energética no son cuestiones negociables o discutibles, son una realidad con la que tenemos que lidiar. Cambiar ya no es una opción sino un imperativo, no hay nada más utópico que asumir que va a haber una continuidad sostenida en el tiempo de nuestro estilo de vida.

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Contrataciones en origen y el monocultivo global de la fresa

Las insostenibiilidades del actual sistema agroalimentario son múltiples y generalmente las relacionamos con su impacto medioambiental, sus efectos nocivos sobre la salud o la destrucción de las producciones y modos de vida campesinos. No obstante, las violencias que se ejercen sobre la mano de obra que trabaja en condiciones de gran precariedad en los campos de la agricultura global forman parte estructural de este sistema aunque queden, a menudo, invisibilizadas.

Estas últimas semanas, hemos visto romperse el pacto de silencio existente en torno a las condiciones de vida y trabajo de las temporeras extranjeras en el sector de la fresa en Huelva. La publicación a finales de abril de un reportaje denunciando las violaciones y abusos sexuales sufridos por trabajadoras marroquíes del sector ponía en el punto de mira el sistema de contrataciones en origen, erigido durante años como modelo ejemplar de "migración ordenada" por las instituciones españolas, marroquíes y europeas.

A principios de junio, unas cien jornaleras marroquíes, apoyadas por el SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores), intentaron denunciar en los juzgados incumplimientos del contrato y abusos sexuales en una empresa de Almonte. En solo dos días, el empleador organiza el retorno del conjunto de trabajadoras de su finca a Marruecos, aún cuando sus contratos no habían finalizado. El objetivo, evitar que pudieran ratificar sus denuncias ante la inspección de trabajo el lunes siguiente. Sin embargo, una parte importante de las trabajadoras resiste y se niega a embarcar en los autobuses. Las redes sociales y medios locales retransmiten lo que está ocurriendo y se logra detener el traslado de las trabajadoras al puerto de Algeciras.

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Ciencia-realidad de la energía: mejor que la ciencia-ficción

La transición energética y el cambio climático han encontrado un hueco permanente (aunque secundario) en el debate político. Un hueco que se ve espoleado periódicamente por acontecimientos puntuales, como la actual escalada de los precios el petróleo, el impuesto al Sol o la Ley de Cambio Climático. En este debate, en realidad en este y en bastantes más, entra de lleno “En la espiral de la energía”, que acaba de salir en una segunda edición revisada y actualizada.

Va a hacer siete años que nos dejó Ramón Fernández Durán y creo que su aparición como primer autor del libro, todavía en ésta revisión actualizada de 2018, honra a Luis y haría sentirse satisfecho a Ramón, como un Cid Campeador librando batallas a favor de la difusión del conocimiento útil.

Comenté sobre la primera edición, que me parecía el libro más completo y riguroso escrito en castellano sobre el asunto de la energía, clave para entender el mundo y tratar de entendernos a nosotros mismos. Sigo pensando lo mismo.

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Transformando el mundo a través de la justicia ambiental: Ocho ejemplos de lucha

Actualmente, el movimiento de justicia ambiental representa lo que el movimiento obrero representó durante la era industrial, una de las fuerzas sociales más influyentes de su tiempo. La diferencia es que las huelgas del movimiento obrero han sido registradas sistemáticamente en todo el mundo por la Organización Internacional del Trabajo, y las protestas ecologistas se diluyen en informaciones sobre problemas ambientales.

A través del Atlas Global de Justicia Ambiental (EJAtlas), se pretende llenar ese vacío. El Ejaltas es un inventario que desde hace varios años ha ido registrando casos de conflictos ambientales alrededor del mundo gracias al esfuerzo de investigadores y activistas. Los casi 2,500 conflictos registrados revelan cómo los graves impactos socio-ambientales de las actividades económicas que van desde la extracción de recursos, hasta el vertido de residuos han generado contundentes respuestas desde el movimiento por la justicia ambiental. Estos ocho tipos de conflictos ambientales que se muestran a continuación muestran cómo este movimiento juega un papel fundamental en la redefinición y promoción de la sostenibilidad en nuestros días:

ACAPARAMIENTO DE TIERRAS (600+ conflictos)

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