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De Riotinto a la Huelga Mundial por el clima del 27S

huelga clima

Corria el año 1888, las compañías mineras británicas llevaban quince años explotando las minas de Riotinto en Huelva, con un modelo de gestión autoritario y con enormes impactos ambientales para trabajadores y habitantes. Junto al malestar obrero organizado en los sindicatos se constituyó la Liga Antihumista, un grupo agroganadero de terratenientes que denunciaba las consecuencias que los gases tóxicos de la minería tenían para la salud de las personas, del ganado y de las tierras de cultivo.

Tras años de acumular agravios y desprecio la situación desembocó en una huelga general en las minas, a la que se sumaron las comunidades obreras y campesinas de la comarca. Las reivindicaciones de mejores condiciones de trabajo se vincularon a las de mejoras en la calidad de vida y contra la contaminación. El 4 de febrero en medio de un paro total se convocaba una manifestación que movilizó a miles de personas frente al Ayuntamiento de Riotinto. La respuesta fue una represión salvaje, el ejercito disparó contra la multitud causando más de un centenar de muertos.

Días después de la revuelta, la calcinación al aire libre del mineral que causaba las nubes tóxicas fue prohibida a través de un Real Decreto. Dos años después, en 1890 la Real Academia de Medicina concluíade forma fraudulenta que no había pruebas de un impacto negativo de los humos en la salud, los intereses de Rio Tinto Company Limited para que se retomara la actividad minera prevalecieron sobre el interés general de los habitantes.

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Emergencia climática y proyecto de país

El mes de Julio ha sido el más caluroso desde que existen registros climáticos, confirmando los últimos informes científicos: la crisis ecológica y climática se recrudece y es imprescindible impulsar cambios rápidos y profundos para tratar de evitar, si aún estamos a tiempo, los peores escenarios de una desestabilización global de los sistemas vitales del planeta.

Conscientes de la gravedad de la situación, más de cien organizaciones en España, agrupadas en Alianza Climática, han decidido sumarse a la Huelga Mundial por el Clima del 27 de septiembre para reclamar la Declaración del Estado de Emergencia Climática. Pero, a pesar de que la presión social está creciendo en todas partes, hay que reconocer que, hasta la fecha, los compromisos institucionales, más allá de su interés simbólico, no están ofreciendo respuestas a la altura de los desafíos planteados. Tres referencias al respecto.

En primer lugar, las declaraciones de emergencia deberían interpretarse como el último recurso para adoptar medidas excepcionales con las que hacer frente a una amenaza de catástrofe existencial, un auténtico ecocidio impulsado por la crisis climática y de la biodiversidad. Y, sin embargo, como se insiste desde el mundo científico, las respuestas siguen sin mostrar la contundencia necesaria para hacer frente a la situación.

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El Paso, extremismo violento y crisis ecosocial

Un hombre se arrodilla y reza ante el homenaje a las víctimas del tiroteo en El Paso, Texas, el 5 de agosto de 2019.

Termino de leer varias crónicas de los asesinatos de El Paso: 22 personas asesinadas por un extremista violento. Más abajo una noticia sobre el Open Arms que acaba de rescatar a 124 personas en el Mediterráneo. Busca un puerto seguro para desembarcarlas, pero no lo encuentra, no solo no se lo facilitan, sino que se enfrenta a multas de hasta 900.000 por su labor de rescate. Todo en las mismas 24 horas.

Empieza el análisis de lo sucedido (en El Paso, por supuesto, lo otro es más frecuente y menos llamativo), un episodio de extremismo violento, ligado a la proliferación de la violencia ejercida por personas de extrema derecha (la extrema derecha es responsable de más del 70% de los 427 asesinatos relacionados con extremismo violento en EEUU en la última década).  

Se intenta explicar lo sucedido desde distintas miradas. Algunas más centradas en analizar la evolución del individuo (factores individuales), su personalidad, su salud mental y su motivación para recorrer 9 horas de coche para cometer los asesinatos.  Otras revisan la influencia de los grupos sociales (factores sociales), sobre todo los discursos de odio, su relación con internet y la influencia de Trump y su administración en este atentado. Y otras analizan el contexto (factores estructurales): el racismo estructural de EEUU.

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Europa necesita un Pacto de Sostenibilidad, Equidad y Bienestar

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Lo que se viene escuchando en las calles de Europa y otros lugares es "cambio sistémico, no cambio climático". Cuando la activista climática Greta Thunberg se reunió con el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker, le dijo que hablase con los expertos, pero ¿qué es lo que estos le dirían?

Nosotros, expertos en cambios sistémicos venidos del ámbito académico, empresarial, de la gobernanza de grandes ciudades y de la sociedad civil, queremos dar respuestas valientes a la vez que factibles. El otoño pasado, un grupo de 238 científicos y 90.000 ciudadanos pidieron el fin de la dependencia del crecimiento de Europa. En la conferencia "Crecimiento en transición" en Viena, hicimos esto más concreto. Proponemos tres puntos de apoyo básicos acerca de cómo realizar una transición hacia una sociedad próspera dentro de los límites planetarios. Estas propuestas de cambio sistémico se han traducido a 15 idiomas. La lista de firmantes ha llegado a 242 expertos, y no deja de crecer.

Lo que nos une es el deseo de mirar más allá de un sistema económico preocupado únicamente en incrementar el PIB hacia un plan por una economía postcrecimiento más realista y optimista. Nuestras propuestas representan una guía para los responsables de hacer políticas tanto a nivel europeo como nacional, regional y municipal sobre cómo enfrentarse a la cada vez más acuciante triple crisis: cambio climático, extinción masiva y desigualdad.

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Green New Deal: solucionar problemas y problematizar soluciones

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El incuestionable deterioro de los ecosistemas naturales por un lado, así como la sorpresiva entrada en escena de unos desafiantes movimientos sociales (Extinction/Rebellion, huelgas climáticas…), están situando de forma irreversible las cuestiones ambientales en la esfera pública y en la agenda política. Las hasta ahora simbólicas declaraciones de emergencia climática anunciadas por diversos países o por el mismo Vaticano serían su mejor constatación.

Esta efervescencia ecologista ha dotado de vigencia y de visibilidad al Green New Deal, una propuesta que apela a la reactualización del paquete de políticas más progresistas de la historia de EEUU, implementadas para salir de la crisis de los años treinta. Esta vez articuladas en torno a ambiciosas políticas públicas de transición energética y ecologización de la economía, Hector Tejero y Emilio Santiago avivan este debate en nuestra geografía con la publicación de ¿Qué hacer en caso de incendio' Manifiesto a favor del Green New Deal, editado por Capitán Swing. Un libro que traduce a nuestro contexto estas discusiones, presentando la gravedad y complejidad de la crisis ecosocial, sin ahorrar dramatismo pero huyendo del catastrofismo paralizante; de forma que se desvelan las potencialidades del ecologismo para vertebrar un nuevo contrato social, empujar desafiantes políticas redistributivas y fortalecer la democracia.

Articulada en torno a una serie de sectores estratégicos como la transición energética y la descarbonización de la economía, la reconstrucción de sistemas alimentarios inspirados en principios agroecológicos, la reordenación de la movilidad y el transporte, la renaturalización y los procesos de resalvajización, los cuidados y la reproducción social, así como las necesaria reorganización del sistema educativo o del sistema fiscal. Una constelación de medidas que abordadas de forma coherente, coordinada y decidida se postularían como las bases desde las que empezar a hacer políticamente posible lo que es científicamente razonable y económicamente implanteable.

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Desacoplamiento de la realidad

La palabra “desacoplamiento” intuitivamente nos sugiere la desconexión entre dos cosas que previamente estaban muy estrechamente relacionadas y evolucionaban conjuntamente. El desacoplamiento requeriría así de un cambio profundo, endógeno o inducido externamente, que altere su relación.

Aunque no sea de uso corriente, este concepto de desacoplamiento es, de hecho, la piedra angular sobre la que se basa el plan de transición a la sostenibilidad propuesto por el establishment y que está progresivamente sustituyendo a la propuesta de “desarrollo sostenible”, que parece haberse quedado desfasada: el Crecimiento (o Economía) Verde. Éste consistiría básicamente en la continuación del crecimiento económico, pero rompiendo la sólida relación histórica entre éste y el creciente agotamiento de recursos e impactos ambientales. Desacoplándolos. La idea es que se reduzca el uso de recursos e impactos ambientales en paralelo a un mayor consumo de bienes y servicio. Desmaterializando la economía. Pongamos un ejemplo sencillo: que se incremente el número de coches producidos y adquiridos por la sociedad, pero extrayendo una menor cantidad de materias primas y requiriendo menos energía tanto para su construcción como para su funcionamiento. Todo ello en un proceso continuo, de forma que esa divergencia iría aumentando progresivamente. De hecho, dado el gran nivel de insostenibilidad actual, la reducción de impactos debería de producirse a un ritmo muy elevado.

Desacoplamiento de la realidad

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Supermercados cooperativos: gente ordinaria haciendo cosas extraordinarias

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Corría el año 1890 nacía Aglomeración Cooperativa Madrileña, la cooperativa de consumo pionera de la ciudad. Una fórmula para satisfacer las necesidades alimentarias de las clases populares en mejores condiciones de las que ofrecía el mercado, un experimento de otras relaciones de producción y consumo, que a la vez servía para difundir el ideario socialista.

Esta iniciativa evolucionó y sirvió de germen para la Cooperativa Socialista Madrileña fundada en 1907, que agrupaba cinco tiendas de comestibles, una zapatería, un despacho de vinos, dos bodegas y una tienda de objetos de escritorio. Miles de cooperativistas de consumo y una plantilla de 32 personas empleadas sostenían esta iniciativa, que seguiría viva hasta la guerra civil. Una experiencia asociativa ligada a la emblemática nueva Casa del Pueblo construida en un antiguo palacio comprado por la UGT, y que llegaría contar con más de 100.000 persona afiliadas, cerca de un décimo de la población madrileña de la época.

Durante la II República se habían popularizado por todas las zonas industriales de nuestra geografía las cooperativas de consumo, pensemos que solo en Barcelona había unas sesenta iniciativas. El franquismo intentó replicar el modelo mediante los economatos laborales ligados a las grandes empresas del Instituto Nacional de Industria, pero fracasó, en buena medida por la falta de protagonismo de la gente y la ausencia de democracia interna. Las cooperativas de consumo resurgieron tímidamente a finales de los años cincuenta, manteniendo el objetivo de garantizar el acceso a alimentos para una clase obrera empobrecida, a la vez que ofrecían una experiencia asociativa relativamente autónoma en plena dictadura.

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Economistas, por favor, inventen algo

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Concentración en Santander por el 'Friday for future'. | R.A.

El pasado 9 de junio la tribuna de El País abría la semana con un curioso artículo de John Gray, "Cambio climático y extinción del pensamiento", que es un buen ejemplo de cómo hasta las personas más lúcidas pueden caer en la trampa de confiar en soluciones tecnooptimistas con muy poca base a la hora de buscar soluciones al cambio climático.

El de John Gray es un artículo curioso porque comienza afirmando la importancia del cambio climático y diciendo tajantemente que "todo el mundo, excepto los negacionistas más contumaces, se da cuenta de que, en el mundo que los seres humanos han habitado a lo largo de su historia, está teniendo lugar un cambio sin precedentes". Pero después, sorprendentemente, en lugar de dar la razón al colectivo que ha puesto sobre la mesa la emergencia climática, califica de ingenuo al movimiento ecologista y desprecia las soluciones que éste propone.

Gray llega a decir que "los actuales movimientos ecologistas son expresión de un pensamiento mágico, intentos de ignorar la realidad o evadirse de ella, más que de entenderla y adaptarse". Resulta realmente curioso que, en el mismo artículo, el Sr. Gray reconozca que la ciencia y la realidad están confirmando lo que los movimientos ecologistas denunciaron contra viento y marea durante décadas (mientras prácticamente toda la sociedad lo negaba) y, por otro lado, diga que este movimiento vive fuera de la realidad y no se basa en la ciencia.

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El poder de las finanzas públicas para el futuro que deseamos

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Puede que la idea no tenga nada de nuevo, pero la fuerza que ha cobrado el Nuevo Pacto Verde en EEUU es notable. Los posibles candidatos presidenciales están asumiendo la propuesta, que ya ocupa un lugar destacado en la agenda del Congreso, donde 40 congresistas demócratas están reivindicando que se elabore un plan sólido al respecto. Sin embargo, puede que lo más llamativo no sea la popularidad al alza de esta idea, sino el creciente reconocimiento político de que el Gobierno puede crear los miles de millones de dólares que se necesitan no solo para enfrentar la crisis climática, sino también para luchar contra las desigualdades y transformar la economía.

Después de 2008, se impuso el relato de que no queda más dinero público para sufragar las alternativas, por lo que debemos recurrir a las finanzas privadas. El Nuevo Pacto Verde da un vuelco a esa perspectiva. Como ha comentado su defensora más célebre, la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, este marco ofrece posibilidades para reproducir "la Gran Sociedad, la pisada en la luna, el movimiento por los derechos civiles de nuestra generación". Esta iniciativa ha potenciado el apoyo a grandes inversiones públicas para luchar contra el cambio climático, con la ayuda de dinero creado públicamente y bancos públicos democráticos. Un nuevo sistema de dinero público podría canalizar subsidios para fomentar el bienestar colectivo.

El supuesto de que las finanzas privadas representan la única forma de promover la política social y ambiental domina los debates sobre cómo poner en práctica el Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). A menudo, estos debates ignoran cómo las finanzas privadas facilitan la extracción de riqueza desde el sector público hacia los ricos. Por ejemplo, un estudio sugiere que, entre 1995 y 2005, la City de Londres le costó a la población del Reino Unido 4,5 billones de libras esterlinas en recursos, capacidades e inversiones que beneficiaron al sector financiero en lugar de destinarse a actividades más productivas de la sociedad, así como la enorme riqueza que se evaporó entre los más acomodados con la crisis financiera de 2008.

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Madrid Central y el derecho a ir en coche

Un cartel de Madrid Central

Desde que se puso en marcha en modo de prueba hace ya algo más de medio año, la zona de bajas emisiones conocida como Madrid Central ha sido objeto de una gran atención mediática y política. Los impulsores, el Gobierno municipal de Ahora Madrid con el apoyo del PSOE y el respaldo de un gran número de organizaciones sociales, han tenido que aguantar un fuerte acoso tanto en medios de comunicación como en la escena política. El PP y Vox lo situaban como la primera actuación a revertir si llegaban al gobierno, algo bastante probable si cuaja el acuerdo de los tres partidos de derecha y ultraderecha en el Ayuntamiento de Madrid.

Lo paradójico es que Madrid Central está funcionando muy bien, cumpliendo lo que era su principal razón de ser: reducir la contaminación para preservar la salud de la población. La mayor parte de la gente también lo valora positivamente. ¿Dónde está pues, la justificación de esta férrea oposición? Apuntaremos aquí algunas explicaciones.

Los buenos resultados de Madrid Central, al igual que pasó con la renaturalización del río Manzanares, están sorprendiendo a sus propios impulsores. Durante el pasado mes de abril la única estación de medición de la contaminación ubicada en el interior de su perímetro, Plaza del Carmen, registró el nivel mensual más bajo de su historia para el dióxido de nitrógeno. Este es el gas tóxico cuyos niveles se superan en Madrid de forma ininterrumpida desde 2010 y que sobre todo proviene de los tubos de escape de los vehículos diésel. Claro está, antes de esa fecha también había niveles malsanos de dióxido de nitrógeno, pero no estaba vigente la actual legislación por lo que no cabía el reproche legal. Más aún, en mayo la media de todas las estaciones de la ciudad fue también la más baja para este contaminante desde que existe la actual red de medición.

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