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La candidatura del reactor IFMIF-Dones en Granada y las promesas de la fusión nuclear

La candidatura de Granada como sede del acelerador de partículas IFMIF-DONES, con el apoyo prácticamente unánime de la comunidad científica, empresarial e institucional, ha puesto de actualidad en el contexto español la apuesta por la fusión nuclear como fuente energética de futuro.

Resulta llamativo observar cómo un proyecto de una envergadura y complejidad tal no ha generado prácticamente debate, oscilando las reacciones entre el apoyo entusiasta y la indiferencia. Algo en cualquier caso comprensible en una provincia como Granada, con una tasa de paro superior al 25 %; cualquier iniciativa que prometa inversiones millonarias y puestos de trabajo será recibida sin cuestionamiento ni análisis.

Además, la propia complejidad técnica del proyecto lo sustrae del debate público. ¿Cómo posicionarse críticamente ante procedimientos que son comprendidos en profundidad a duras penas por una decena de especialistas en todo el mundo? ¿Cómo valorar los riesgos o la prioridad de dispositivos de tamaña complejidad? Como en tantas otras realidades técnicas contemporáneas, se abre un abismo entre aquello que como sociedades podemos construir y lo que como individuos podemos comprender y valorar políticamente.

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Tratando de enfangar a las personas más honestas

El pasado 30 de abril El País “ acusaba” a Yayo Herrero, destacada militante ecologista, de ser parte de una supuesta red de clientelismo en el Ayuntamiento de Madrid. Su “delito” (que ha sido contestado detalladamente por ella en este artículo ) era ser simpatizante de los partidos políticos que gobiernan en la alcaldía y haber trabajado hace 6 años para una empresa que ahora ha sido contratada por el Ayuntamiento. ¿Cuántas personas puede haber en estos momentos en la ciudad de Madrid que cumplan esas dos condiciones? ¿cientos? ¿miles? Hay que echar mucha imaginación para ver en ello una trama de corrupción.

Esto me recuerda a un artículo publicado en El Mundo hace años sobre otro líder ecologista: Ladislao Martínez, de quien decía que, pese a ser anticapitalista, era un “terrateniente” que poseía 4 hectáreas de secano en un pueblo de Cuenca y un piso en Madrid. En este caso, la acusación fue tan ridícula, que a El Mundo le salió el tiro por la culata. Hasta los lectores menos avispados se dieron cuenta de la absurda manipulación.

Las que conocemos a Yayo sabemos que es una de las personas más trabajadoras y honestas que nos rodean. También lo era Ladislao Martínez. Y quienes conocen a las empresas de la Economía Social y Solidaria saben que son empresas honestas y solventes, que no sólo cumplen con todos los criterios exigidos por la legalidad, sino que intentan ir más allá, extendiendo la ética y el cuidado de las personas a la actividad económica. ¿No encontraron El Mundo y El País personas más deshonestas en este país a las que acusar de corrupción?

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Alimentación, poder y pseudociencias

La sal y la uva pasa en España, dos cultivos únicos dispuestos a perdurar

La ciencia es poder y las pseudociencias son creencias. Cierto. Y en ocasiones intereses de las élites, publicidad engañosa y argumentos “científicos” también caminan de la mano. En los últimos años se suceden una extensa publicación de dossieres, blogs, encuentros y libros sobre algo fundamental que ya no podremos hacer de la misma manera que antes: alimentarnos con los actuales sistemas de producción y distribución. En eso coincidimos muchas personas preocupadas por esta situación. Discrepamos abiertamente en que la respuesta sea apelar, como afirmara A. Einstein, a las mismas herramientas que ocasionaron los problemas: insistir en mercados altamente globalizados, orientados por la biotecnología y poco centrados en la creación de circuitos alimentarios más localizados.

En el debate actual sobre la alimentación “del futuro” se están colando algunos mitos. Revisemos la que suele ser la primera y común creencia justificadora impulsada por la FAO en la reunión celebrada en octubre de 2009 en Roma, bajo el título “Cómo alimentar el mundo en 2050”: “el mundo necesita aumentar su producción de alimentos en un 70% para 2050 con el fin de atender a una población mundial de nueve mil millones de personas”. Leyendo el informe original se comprueba que se reclama el incremento no porque vayamos a alimentar a la población si no porque vamos a impulsar la extensión el actual modelo agroalimentario, que es bien distinto: aumentarán en 200 millones de toneladas la producción de carne para propiciar incrementos de entre un 25% y un 50% el consumo per cápita, según países. Lo cual implicará una necesidad de cereales de hasta 3 mil millones. O sea, prescindiendo de limitaciones ambientales y superficie agraria disponible, vamos a devastar más bosques, emitir más metano y continuar con un modelo ineficiente de producción de calorías para sostener una dieta excesiva, problemática desde el punto de vista de salud e innecesariamente rica en proteínas de origen ganadero. Recordemos que la dieta cárnica contemporánea reclama un tercio de las tierras de cultivo y casi la mitad de los cereales (destinados a la producción de piensos) que se producen en el mundo. Este publicitado informe termina, como consecuencia de su ensoñación modélica, reclamando más energía (¿no saben que caminamos hacia un mundo de menores disponibilidades energéticas?) y más puertos para el comercio internacional que faciliten un sector agrícola “dinámico” y que aumenten las “inversiones del sector privado” (¿dónde se seguirá muriendo la gente de hambre por no abordar el acaparamiento de tierras y de alimentos por mor de un mercado especulativo?). Pero el mantra de un 70% de producción ahí ha quedado: objetivo cumplido para las élites de las corporaciones agroalimentarias.

Continuemos con el mito que recurrentemente obvia la realidad histórica de la agricultura ecológica y la presenta como un “ ejercicio romántico” . Existen referencias muy contrastadas que llevaron en 2010 a Olivier de Schutter, como relator especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación, a escribir un informe donde se unen necesariamente al derecho a la alimentación y la potenciación de sistemas agroalimentarios locales y ecológicos. Trabajo que ha continuado la actual relatora Hilal Elver, concluyendo en su discurso de 2017 que la agroecologia se presenta como una alternativa al uso extensivo de plaguicidas, promoviendo prácticas agrícolas adaptadas a los entornos locales, que estimulen las interacciones biológicas beneficiosas entre distintas plantas y especies, para lograr un suelo sano y fertilidad a largo plazo. La producción ecológica, más allá de los nichos de mercado basados en certificaciones, es una realidad y es un futuro posible para sostener vidas, territorios y el planeta, en su globalidad, tal y como reflejan los informes del IPES (International Panel of Experts on Sustainable Food Systems) o las recomendaciones derivadas del comité que impulsa la UNESCO para la Evaluación Internacional del papel del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola (IAASTD por sus siglas en inglés).

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Donde los contrapoderes de barrio echan raíces

Huerta del Sol 15M.

Entre la barricada y el nuevo mundo ¿Qué entendemos por contrapoder?

El principal rasgo que tiene el ejercicio del poder es que irremediablemente genera resistencias, como de forma minuciosa estudió Foucault. No hay sociedades armónicas: los conflictos de intereses entre distintos grupos sociales son una constante a lo largo de la historia y probablemente son el principal motor del cambio en nuestras sociedades. El contrapoder aparece como el mecanismo de acción colectiva por el que los agravios padecidos por los grupos sociales subordinados u oprimidos se politizan, ya sea en forma de rebeldías silenciosas que perviven latentes en la vida cotidiana i o mediante desafíos declarados abiertamente en la esfera pública.

La noción de contrapoder ha sido siempre ambivalente: por un lado, se define de forma negativa, por su capacidad de decir NO y obstaculizar el desarrollo de la agenda de las élites hegemónicas; por otro, transmite una potencia autoafirmativa, una capacidad de decir SÍ y de desplegar nuevas sensibilidades, deseos, formas de organizarse y estilos de vida alternativos. El poder destituyente y el poder constituyente conviven como las dos caras inseparables de una misma moneda.

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10° aniversario del Decrecimiento: de provocadora consigna a concepto académico capaz de formular políticas públicas

decrecimiento

Estos días celebramos el 10° aniversario de la primera conferencia internacional de decrecimiento en París (18-19 Abril, 2008). Este evento introdujo la consigna activista décroissance (originalmente francesa) al mundo de habla inglesa y a la academia internacional como degrowth; la traducción al español se ha hecho como decrecimiento. En México se ha adoptado la palabra descrecimiento para diferenciar al concepto de un mero crecimiento económico con tasas negativas. Aquí pretendo retomar el trabajo de la última década en términos de conferencias, publicaciones, formación académica y, más recientemente, de formulación de políticas. Me enfoco exclusivamente en las iniciativas académicas en idioma inglés, dejando de lado tanto el activismo como los debates intelectuales que han tenido lugar en otros ámbitos. Esto no porque los considere menos importantes, sino por la simple razón de que aquellos son los procesos en los que estoy personalmente involucrado.

Las Conferencias Internacionales bienales de Decrecimiento para la Sostenibilidad Ecológica y la Equidad Social.

El colectivo académico Research & Degrowth (R&D; Investigación y Decrecimiento, I+D) tiene como objetivo promover la creación de redes y el flujo de ideas entre varios actores que trabajan con el decrecimiento, especialmente desde la academia. Por tanto, con la intención de aumentar la visibilidad de las ideas y propuestas del decrecimiento en el terreno público, R&D ha organizado la 1ra ( París, 2008) y la 2da ( Barcelona, 2010) conferencias, y, junto con un Equipo de Apoyo, también la 3ra ( Venecia y Montreal, 2012), la 4ta ( Leipzig, 2014) y la 5ta ( Budapest, 2016). Además de mostrar el trabajo de investigación más reciente en el campo, estos congresos pretenden promover la colaboración en investigación y el trabajo en la formulación y desarrollo de iniciativas académicas y políticas conjuntas. Siguiendo este espíritu, en 2018 tendrán lugar tres conferencias internacionales:

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No, comprarse un coche a gas no es ecológico

21 Comentarios

Publicidad sosteniblemente contradictoria.

Cada vez es más frecuente toparse con publicidad como la que encabeza este artículo. SEAT ha emprendido con fuerza una campaña para promocionar sus nuevos híbridos de gasolina y gas, y el reclamo eco (económico y ecológico) es tan potente que hasta se llega a afirmar que si quieres ahorrar, debes conducir más. No se han atrevido a decir que si quieres salvar el planeta, debes pisar el acelerador, pero casi. El fabricante de coches, que ha elegido nuestro país como cuartel general para el desarrollo de vehículos a gas, asegura que en 2020 espera multiplicar por diez las ventas de coches alimentados por este combustible, para que lleguen a representar en 2025 el 50% total de sus ventas.

Su publicidad afirma sin ningún empacho que los vehículos a GNC (gas natural comprimido) resultan más ecológicos que los diésel, gasolina e incluso híbridos eléctricos no enchufables. La campaña de esta marca a favor de esta fuente de energía no es un hecho aislado y se encuadra dentro de un fuerte impulso general de promoción del gas en todo el sector del transporte –y en todo el modelo energético en general-, aupado por la narrativa dominante de que el gas es un combustible limpio.

Pero no. El gas es un combustible fósil. Para nuestros despistados amigos de SEAT, recordaremos que los combustibles fósiles son esas fuentes energéticas que la ciencia nos dice que debemos dejar bajo tierra sin extraer, si queremos cumplir con los objetivos climáticos. La industria automovilística necesita desesperadamente transmitir la idea de que está reinventando el sector, después haber perdido en buena medida su credibilidad tras el terrible engaño al que sometió a la sociedad con el DieselGate. Por ello es muy preocupante este nuevo capítulo de postverdad climática y ambiental, esta vez con el gas.

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La imaginación ecológica y el 8M

Imaginación ecológica.

Durante la manifestación del 8M algunas personass estuvimos divagando sobre la evolución del movimiento feminista en los últimos años como inspiración para el ecologismo, su potencialidad para estimular la imaginación política.

Hay una sugerente idea planteada por David Graeber que afirma que la violencia estructural suele generar estructuras sesgadas o asimétricas en la imaginación. Las víctimas tienden a preocuparse y tener más empatía por conocer la forma de ser de quienes les oprimen. Los oprimidos suelen preguntarse por las motivaciones, las razones y las formas de entender el mundo de sus opresores: sirvientes informando y debatiendo a escondidas junto a los esclavos sobre cómo actuaban los blancos, indígenas reflexionando sobre las cosmovisiones occidentales que les colonizan, mujeres poniéndose en el lugar de los hombres… El autor muestra un ilustrativo ejemplo al narrar los reiterados resultados de un ejercicio, realizado en diversos colegios en los que ha trabajado, por el que solicita al alumnado que imagine cómo sería su vida si cambiaran de sexo y que plasmen sus reflexiones en una redacción. Las chicas desarrollan extensos y detallados informes, mientras de forma generalizada los chicos muestran resistencias, no lo hacen o explicitan que ni saben, ni quieren saberlo. Algo similar sucede en una macroencuesta realizada a miles de jóvenes de España entre 16 y 19 años, en la que les preguntan por sus referentes sociales. Ante la cuestión ¿a quién quieres parecerte de mayor?, las chicas escogen indistintamente referentes masculinos y femeninos mientras que los chicos solo escogen hombres.

La conclusión es que los beneficiados por la opresión pueden permitirse ser indiferentes y reducir sus niveles de empatía, mientras que los oprimidos están obligados a hacer un mayor esfuerzo interpretativo de la realidad. Ese empeño de los oprimidos por comprender qué y quiénes les oprimen, resulta más sencillo cuanto más fácil es definir las fuentes de la opresión y que estas se puedan identificar con “otro”. La empatía y la complicidad cognitiva son el sustrato en el que pueden crecer dinámicas transformadoras ante un entorno que tiende a su destrucción, como nos recordaba recientemente Amador Fdez. Savater.

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8M: más allá de reivindicar la igualdad

Imagen del 8M correspondiente a 2017.

Sería una lástima que las multitudinarias manifestaciones y la preciosa jornada del pasado 8 de marzo no sirvieran para hacer llegar al conjunto de la población todos los mensajes que esta innovadora huelga intentaba comunicar con sus tres facetas: de trabajo, cuidados y compras. En ese sentido, las declaraciones de mujeres de la política como Ada Colau o Irene Montero han dejado un poco que desear, ya que se han centrado en denunciar la brecha salarial, la violencia de género y la desigualdad en el trabajo doméstico, pero (al menos hasta donde yo he llegado a escuchar) no han explicado toda la crítica al sistema económico que había detrás de la huelga.

Esta crítica es lo que hace que no estuvieran demasiado descaminados quienes decían que la huelga era anticapitalista, y sus motivos se explican muy bien, por ejemplo, con una imagen que  Yayo Herrero utiliza. Ella explica que lo que llamamos economía oficial (la considerada por el gobierno a la hora de hacer política y la que se mide con el PIB) no es más que la punta visible de un iceberg. Bajo la superficie se esconde una enorme base no remunerada ni tenida en cuenta: son los trabajos de cuidados realizados dentro de los hogares y las aportaciones de la naturaleza. Es esta base de cuidados y naturaleza la que sostiene la sociedad, permite la reproducción de la vida y hace posible todo eso que llamamos economía. Por ello, el feminismo reivindica que el principal objetivo de la economía no debe ser hacer crecer esa cima de la producción económica y el capital, sino cuidar la base de las personas y la naturaleza que son el sostén de la sociedad y la vida humana.

En estos momentos, me parece extraordinariamente importante que esta perspectiva crítica de la economía feminista se difunda, especialmente en nuestro país. Porque, si bien es cierto que no somos el país del mundo donde la brecha salarial o la violencia machista son mayores (desgraciadamente muchos otros nos superan en este triste ranking), sí estamos inmersos en una profunda crisis que ha hecho que toda la base que sostiene la sociedad esté sometida a un estrés tremendo y a punto de quebrarse.

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Cultivos sociales: cuando el dilema va mucho más allá de calles o instituciones

Intengrantes del Movimiento 15M abarrotan la Plaza del Sol de Madrid. (EFE).

Un enfoque recurrente entre sectores vinculados a la izquierda más institucionalizada suele partir de una elección dicotómica entre reforma o revolución, accionarnos para modificar el arriba u organizarnos para construir desde abajo, hacerlo pensando en mayorías sociales o desde nuevos laboratorios de la política, impulsando la protesta o centrándose en una concreción de propuestas. Termino de leer el libro del líder de Izquierda Unida Alberto Garzón, Por qué soy comunista. Una reflexión sobre los nuevos retos de la izquierda (Península, 2017), y ante la crisis que nos atraviesa la vida nos invita a analizar “el famoso debate entre calles o instituciones”. El libro, en línea con otras manifestaciones de intelectuales de izquierda en los últimos tiempos, recupera la dialéctica marxista anclada en la explotación capitalista pero incorporando algunas cuestiones sobre el pico del petróleo, el cambio climático, la depredación social asociada a la demanda de recursos por parte de las economías centrales o la relevancia de otras formas de desigualdad más allá de la visión de “clase” por razones de género, cultura o acceso a educación. La construcción de una conciencia de clase que impulse una conquista del poder colectivo a través del Estado se recupera como propuesta esencial, urgente.

Con la que se nos viene encima, llámese colapso civilizatorio o cuarta guerra mundial entre las de arriba y las de abajo, ciertamente haríamos bien en preocuparnos por tener a nuestro favor todas las herramientas (iniciativas, organizaciones políticas, instituciones) que nos permitan recuperar cierta conciencia de especie desde premisas de sostenibilidad intergeneracional, igualdad y solidaridad. Pero, ¿es suficiente?, ¿todos los análisis, por el hecho de tener una hemeroteca histórica detrás, nos valen para enfrentar un presente incierto e insostenible? Si el cambio climático “lo cambia todo”, como afirma Naomi Klein, ¿no deberían también cambiar nuestras preguntas, algunos de nuestros debates?

Pienso que sí. Me cuesta imaginar otro mundo si ese mundo ha de pasar necesariamente por la toma de algún palacio financiero o electoral y no por la construcción de otras economías, de otras formas de entender la política y la manera que tenemos de cuidar la T(t)ierra que nos alimenta (Jorge Riechmann dixit). Afirma la ecofeminista Mery Mellor que para hablar de socialismo “ no es posible disociar el cuidado mutuo del cuidado del mundo”. De la misma manera creo que no es posible hoy hablar de hacer política ( decidir sobre lo públic o ) sin cultivar social mente otros modos de estar en lo político ( tejer otros cotidiano s ). No busquemos una palanca o unos dicotómicos debates, apostemos por explorar otras formas de vida que reclamen otras organizaciones políticas.

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Ríos hormonados

El año 2016 se detectaron en los ríos españoles 47 plaguicidas diferentes, de ellos 35 están prohibidos y 26 son sustancias que son capaces de alterar el sistema hormonal de los seres vivos, según recoge el informe Ríos hormonados, que acaba de publicar Ecologistas en Acción.

Los datos proceden de los programas de vigilancia de las calidad de las aguas realizados por las diez confederaciones hidrográficas que contestaron a nuestra petición de información.

Estas 47 sustancias serían la cantidad mínima de plaguicidas presentes en los ríos, ya que no se analizan todas las sustancias plaguicidas en uso (más de 400 sustancias diferentes).

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