Guimarães, el encanto medieval de la ciudad donde nació Portugal

"Aquí nació Portugal".

Guimarães no merece pasar desapercibida. No solo porque es una ciudad milenaria y con un casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, sino porque aquí nació Portugal. A unos 25 kilómetros al sur de Braga y a 55 al noreste de Oporto, Guimarães se vuelve una visita imprescindible si queremos conocer la historia del país luso y, además, sumergirnos en un enclave de marcado ambiente medieval

Antes de entrar a la antigua ciudad de Guimarães, sus murallas ya te dan una pista del lugar al que has llegado: "Aqui nasceu Portugal"(Aquí nació Portugal). Y así es: Guimarães se considera la cuna de Portugal porque aquí nació Alfonso Henríquez, quien estableció en 1139 el Reino de Portugal y se proclamó su primer rey: Alfonso I de Portugal. Hoy, gracias a su excelente estado de conservación, su alto valor histórico y su valioso conjunto patrimonial, Guimarães es sin duda una parada obligatoria si viajamos por el norte de Portugal. Y para que no te pierdas nada, estos son algunos de sus lugares más destacados.

El centro y la Plaza Largo da Oliveira

El centro histórico de Guimarães es pequeño y fácil de pasear. La mayoría de sus calles son peatonales y eso lo hace todo mucho más agradable. A tu paso vas a ir viendo casas señoriales donde vivió la nobleza, como la de Toural, Mota Prego o el Palacio de Vila Flor. Pasarás por debajo de pórticos, balcones y arcos que unen calles, y descansarás en alguna de sus cuidadísimas plazas. La Plaza Largo da Oliveira es el corazón de la ciudad, junto a la iglesia de Nossa Senhora da Oliveria y la Plaza de São Tiago. Merece la pena dar vueltas sin rumbo, entrando y saliendo de las callejuelas que aparecen a nuestro paso para descubrir algunos de los rincones con más encanto de la ciudad. Además, en todo el casco histórico no te faltarán ofertas gastronómicas donde sentarte a degustar un buen bacalao.

El Palacio de los Duques de Braganza

Si salimos del centro y caminamos un poco hacia el norte pronto llegaremos al palacio de los Duques de Braganza. Fue construido a comienzos del siglo XV por Alfonso I, duque de Braganza, para su amante, y tiene aspecto de fortaleza. Es de estilo borgoñés, del siglo XVI al XVIII estuvo abandonado y después fue cuartel militar. En el siglo XX se realizaron importantes reformas pero se conservaron muchas de sus señas de identidad, como sus altas chimeneas de ladrillo. Hoy es un museo y sus salas están decoradas y ambientadas de tal forma que hacen pensar que se visita una casa señorial habitada gracias a sus tapices, su mobiliario, su cerámica y sus armaduras. 

La Iglesia de Nossa Senhora da Consolaçao e Santos Passos

Esta iglesia es, sin lugar a dudas, una de las más reconocibles de Guimarães y se ubica a solo unos pasos del centro histórico. Comenzó como una pequeña capilla levantada en el siglo XVI pero en 1785 se convirtió en un templo barroco. Un siglo después se añadió una escalinata, una balaustrada y dos torres que hoy son la referencia que le permite marcar la diferencia. Frente a ella, unos floridos jardines hacen de alfombra de bienvenida y en su interior los retablos y el altar mayor son dignos de una visita. 

El castillo de Guimarães

Unos pasos más arriba se encuentra el castillo de Guimarães, una de las señas más características de la ciudad. Sus orígenes se remontan al siglo X, cuando fue construido para proteger a los monjes de un monasterio cercano de los ataques musulmanes, y está íntimamente relacionado con la fundación de Portugal pues en él se dice que nació Alfonso Henríquez. En su interior poco queda ya, pero se puede visitar para pasear sobre sus murallas, conseguir unas buenas vistas de la ciudad y visitar la Torre del Homenaje. Frente al castillo se encuentra la pequeña iglesia de San Miguel, donde se supone que fue bautizado el primer rey portugués. 

El Santuario da Penha

Salimos de la ciudad para poner rumbo a la Montaña da Penha, donde nos espera el Santuario que lleva el mismo nombre. Es un importante centro de peregrinación en Portugal y está a solo 5 km de Guimarães y a 10 minutos de funicular. Desde arriba, a sus 617 metros de altitud, podremos disfrutar de unas espectaculares vistas de la ciudad que vio nacer Portugal mientras paseamos por sus frondosas áreas verdes. Podemos acercarnos a ver el santuario, de mediados del siglo XVII y en el que destaca su alta torre campanario, pero llegar hasta allí ya habrá merecido la pena si aprovechamos para pasear por sus múltiples senderos. Eso sí, si quieres verlo sin agobios no vayas el segundo domingo de septiembre porque es cuando tiene lugar su multitudinaria peregrinación anual.

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