De la ría de hierro a un parque y museo al aire libre: el recorrido que ejemplifica el cambio urbano de Bilbao

Imagen del paseo de Abandoibarra en la zona del museo de Guggenheim, uno de sus tramos más conocidos.

Andrea Blez

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Hace aproximadamente tres décadas, pasear junto a la ría de Bilbao era hacerlo por un entramado industrial portuario en el que se acumulaban fábricas, vías de tren alrededor de los muelles, lo que daba un olor a humo y óxido, además de ruido de maquinaria. Con la decadencia de la actividad industrial en la zona y el cierre del Astillero Euskalduna en 1984, se comenzó la transformación que cambiaría la ciudad por completo.

Hoy esos 50.000 metros cuadrados del Paseo de Abandoibarra son totalmente distintos y han conectado a Bilbao con su ría, su columna vertebral. De aquel pasado industrial solo queda la grúa Carola, que queda como una escultura recuerdo de la historia de la zona, entre el Palacio de Euskalduna y el Itsasmuseum, y pasear por aquí es hacerlo también por la transformación de la ciudad.

El Paseo de Abandoibarra: de la ría de hierro a la columna verde y moderna

Desde la década de los 90, Bilbao comenzó un cambio que le daría un aire nuevo a la ciudad y que incluso le valdría reconocimiento y premios por haber cambiado una zona industrial a otra con zonas verdes, eje cultural y repleto de obras de arte escultóricas. El recorrido que va aproximadamente del Palacio de Euskalduna al Ayuntamiento fue diseñado por el urbanista Javier López Chollet.

Así, el paseo permite conocer la columna vertebral de la ciudad como un parque alargado y a la vez un museo al aire libre, de arquitectura y escultura. El Museo Guggenheim, obra de Frank Gehry, es uno de los puntos más destacados, que convive con otros edificios cercanos también relevantes como es el caso de la Torre Iberdrola, el Palacio Euskalduna o Bizkaia Aretoa, sede de la universidad pública.

Unas vistas que se extienden también al otro lado, en el que se sitúa el campus de la Universidad de Deusto, con edificios que van desde inicios del siglo XX hasta los más recientes del siglo XXI, y junto a ellos los llamados Casas de la Cava, jardines y palacios que se construyeron durante el siglo XIX.

Además, mención especial merecen los puentes que aparecen en el paisaje del Paseo de Abandoibarra como son el Zubizuri de Santiago Calatrava, la pasarela Pedro Arrupe de José Antonio Fernández Ordóñez o el Puente de Deusto, que fue levadizo hasta 1995 para permitir el paso de buques.

Un museo al aire libre de esculturas

El paseo de Abandoibarra también es conocido como el “kilómetro de oro” y no solo por su arquitectura, sino también por las esculturas que se encuentran a lo largo de su recorrido, muchas de ellas como recuerdo del pasado de la zona y de la ciudad. Como la escultura ‘Las Sirgueras’ de Dora Salazar, que reivindica la figura del trabajo de las mujeres que remolcaban embarcaciones, o la ‘Puerta de los Honorables’ de Casto Solana que homenajea al político socialista Ramón Rubial.

Pero seguramente las más conocidas son las que se sitúan en los alrededores del museo Guggenheim, como son ‘el gran árbol y el ojo’ de Anish Kapoor y que está formado por 73 esferas reflectantes, la ‘Fuente de fuego’ de Yves Klein, ‘Niebla’ de Fujiko Nakaya, que flota sobre el estanque del museo, ‘Mamá’ de Louise Bourgeois, una gigante araña de bronce, o los ‘arcos rojos’ de Daniel Buren, que son otro de los símbolos de la ciudad ubicados sobre el Puente de la Salve.

Más adelante encontramos también 'Maia', una imponente obra de bronce de William Tucker de 3,5 toneladas, o el 'Explorers book' de Anthony Caro, que fusiona acero, hormigón y restos de anclas. La narrativa clásica cobra vida también en el recorrido con la 'Judith' de Markus Lüpertz, mientras que la verticalidad se manifiesta en los siete metros de acero de 'Begirari IV', de Chillida. Por su parte, Ulrich Rückriem propone un juego visual más sutil con sus '11 piezas' de granito y losetas, invitando al espectador a descifrar un código misterioso oculto en el suelo.

A medida que el recorrido se acerca al entorno del Palacio Euskalduna, las formas se vuelven más experimentales y simbólicas. Ángel Garraza rinde homenaje a la tradición pastoril con 'Sitio y lugares', recreando antiguos recipientes de leche en hormigón alicatado. Justo al lado del palacio, la escultura 'A la deriva' de José Zugasti simula un muelle de acero deshaciéndose, complementada por la elegancia de la 'Terpsícore' de Salvador Dalí en el estanque cercano. El recorrido culmina con la potencia de 'Dodeclathos', una estructura de hierro de Vicente Larrea que impresiona por sus 72 toneladas de peso.

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