La ruta que te permite descubrir otro Pirineo: iglesias románicas Patrimonio de la Unesco y lagos de alta montaña

Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici.

Edu Molina

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La Vall de Boí, en la Alta Ribagorça leridana, aparece a menudo ligada al Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici y a las iglesias románicas declaradas Patrimonio Mundial por la Unesco. En pocos kilómetros conviven rutas de montaña, pueblos pequeños y un patrimonio medieval que sigue formando parte del paisaje cotidiano del valle.

Uno de los recorridos que mejor encaja en esa combinación es la Ruta de la Marmota, un itinerario que sale del embalse de Cavallers y avanza hacia el Estany Negre y el refugio Ventosa i Calvell. La excursión se adentra en la ribera de Caldes, dentro del entorno del Parque Nacional, por una zona marcada por lagos, roca granítica y formas del terreno de origen glaciar.

No es una caminata urbana ni una salida para improvisar. El camino gana altura desde los primeros tramos y atraviesa zonas pedregosas, por lo que conviene revisar la previsión meteorológica, llevar calzado adecuado, agua y ropa de abrigo. Las fichas oficiales recomiendan hacer el recorrido hacia el Estany Negre entre junio y octubre, aunque el estado del terreno puede variar por la nieve, la lluvia o los cambios de tiempo propios de la montaña.

Una ruta desde Cavallers hasta el Estany Negre

El itinerario arranca en el entorno de la presa de Cavallers, al final de la carretera que sube desde Boí hacia Caldes. Desde el aparcamiento, la senda toma como referencia el embalse y entra poco a poco en la ribera de Caldes, ya dentro del ámbito del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. El inicio no presenta todavía los desniveles más duros, pero sí sitúa al caminante en un terreno claramente de alta montaña.

El camino continúa hacia el Planell de Riumalo, una zona más abierta que funciona como transición antes de la subida principal. En este tramo aparecen espacios de pasto, superficies de roca pulida y cursos de agua que descienden desde cotas más altas. La ruta toma su nombre de las marmotas, una especie presente en estos ambientes, aunque verlas depende de la época, la hora del día y el movimiento de senderistas.

La parte más exigente llega después de Riumalo. La subida por las Llastres de la Morta obliga a avanzar sobre terreno rocoso y a ganar altura de forma más directa hasta llegar al Estany Negre, situado por encima de los 2.100 metros. Desde allí, el refugio Ventosa i Calvell queda como referencia cercana para quienes completan el tramo descrito por las fichas oficiales. La vuelta, si no se enlaza con otras rutas de montaña, se hace por el mismo camino.

Las iglesias románicas de la Vall de Boí

La excursión por Cavallers puede completarse con la visita al conjunto románico de la Vall de Boí, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en el año 2000. El reconocimiento incluye ocho iglesias y una ermita repartidas por distintos núcleos del valle. Son Sant Climent de Taüll, Santa Maria de Taüll, Sant Joan de Boí, Santa Eulàlia d’Erill la Vall, Sant Feliu de Barruera, la Nativitat de Durro, Santa Maria de Cardet, la Assumpció de Cóll y Sant Quirc de Durro.

El valor del conjunto está en la concentración de templos de un mismo estilo en un territorio reducido. Las iglesias fueron construidas entre los siglos XI y XII y responden al románico lombardo, reconocible en los campanarios de torre, los muros de piedra, los arcos ciegos y las bandas decorativas. El aislamiento histórico del valle ayudó a que muchas de sus características llegaran hasta hoy con pocas alteraciones.

Taüll concentra dos de las paradas más conocidas. Sant Climent se levantó sobre una construcción anterior y conserva la estructura propia del románico lombardo, con una torre campanario que se ha convertido en uno de los elementos más reconocibles del conjunto. Santa Maria, situada en la parte alta del pueblo, completa esa lectura del valle como un espacio donde la arquitectura religiosa medieval quedó integrada en la trama de los núcleos habitados.

Sant Climent de Taüll.

El recorrido por estas iglesias muestra también la relación entre los templos y las comunidades que crecieron a su alrededor. No son monumentos aislados, sino edificios vinculados a pueblos y caminos tradicionales que conectaban distintos puntos de la Vall de Boí. Esa continuidad territorial explica parte del interés del conjunto, ya que las construcciones comparten una misma línea arquitectónica, pero cada una mantiene su propio contexto dentro del valle.

Sant Joan de Boí es otra visita relevante porque conserva numerosos elementos del primer momento constructivo del románico local, vinculado al siglo XI. Junto con las iglesias de Taüll y Santa Eulàlia d’Erill la Vall, permite seguir la fase inicial de este conjunto patrimonial. Así, la Ruta de la Marmota y las iglesias románicas proponen dos formas complementarias de recorrer la Vall de Boí, una ligada a la alta montaña y otra a los pueblos donde la arquitectura histórica sigue teniendo presencia.

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