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La Catalunya de Casado

El líder del PP sueña con una Catalunya que no existe pero ya le va bien porque es un instrumento para espolear el voto del 'a por ellos' y desgastar a Sánchez 

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Casado atribuye al Gobierno de Rajoy los buenos datos del paro

Casado asegura que Catalunya será su prioridad. EFE

Pablo Casado sueña con una Catalunya que no existe. No es el primer dirigente del PP que confunde el deseo con la realidad. Es una dolencia muy común entre los políticos, no solo de su partido.

La diferencia entre Casado y otros colegas suyos es que a él ya le va bien que Catalunya no sea como la anhela. De hecho, le va perfecto que sea una comunidad autónoma que se reivindica como nación y que encima se empeña en defender y proteger su lengua. Porque el PP -a diferencia de los socialistas- nunca ha aspirado a gobernar Catalunya ni ha hecho nada para entender su complejidad. Catalunya es un instrumento para espolear el voto del 'a por ellos'.  

El PP colocó mesas petitorias por toda España para recoger firmas contra el Estatut, decidió que el independentismo era un suflé que bajaría por gracia de Santamaría, y ahora pretende reducir la presencia de los partidos periféricos a la mínima expresión en el Congreso. En eso coinciden con Albert Rivera: si no les puedes ganar en las urnas, cambias la ley y solucionado.  

Liberado ya de la responsabilidad de gobernar (que en el caso del conflicto catalán fue más bien la irresponsabilidad), el PP es ahora un partido sin frenos. Frente a un Gobierno débil pero dispuesto a explorar una solución para Catalunya, o al menos a intentarlo, Casado podría hacer dos cosas: ser leal como Pedro Sánchez lo fue con Mariano Rajoy o demostrar una vez más un cortoplacismo electoralista. 

Es bastante fácil intuir cuál es la opción del líder popular. Sabe que dejando solo a Sánchez puede recuperar votos que aún están en el saco de Rivera, quien también se alimenta de aquellos independentistas que viven en un mundo paralelo. Cierto, hay catalanes que viven en un universo virtual e incluso algunos son incapaces de reconocer que no están en una república. Pero no es menos irreal que la Catalunya que Casado y Rivera insisten en dibujar a menudo en forma de caricatura.  

"Con los nacionalistas no hay que dialogar, hay que hacerles morder el polvo en las elecciones y poner en evidencia sus miserias", proclamaba Alejo Vidal Quadras hace ya más de una década para desairar a Josep Piqué, el único que en su momento  intentó, sin éxito, que este partido dejase de ser el grupo marciano del Parlament. Desde entonces se han celebrado muchas elecciones. En las últimas, el pasado 21 de diciembre, el PP obtuvo cuatro diputados y el nacionalismo convertido en independentismo retuvo la mayoría.     

El líder del PP, que seguro que ha levantado el ánimo de veteranos como Vidal Quadras, cuenta con el apoyo de la mayoría del PP catalán, promete concordia pero está claro que no tiene intención alguna de fomentarla. Que se prepare Sánchez porque aunque Casado y Rivera proclamen que su prioridad es combatir el independentismo, el objetivo último es que caiga el Gobierno del PSOE. Hace unos meses iban 'a por ellos'. Ahora irán a por él.

La elección de Casado habrá alegrado a más de un dirigente independentista. Su discurso preñado de españolismo tal vez le servirá para arañar algún voto naranja pero también permitirá al secesionismo amarrar a más de un elector que pueda estar ahora en modo dubitativo. Al tiempo.

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