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Breve análisis de las diferencias en la UE-20

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Siguiendo la clasificación centro-periferia de la UE-20 expuesta en un artículo anterior, este artículo se centra en las diferencias existentes en la productividad y los salarios en ambos grupos de países. La productividad se refiere al valor añadido bruto por hora de trabajo y el salario es la compensación a la población asalariada (incluye el salario bruto y, en su caso, los beneficios sociales que puede proporcionar la empresa como, por ejemplo, las ayudas escolares) también por hora de trabajo.

El análisis de estas variables de forma conjunta se deriva de una serie de aportaciones teóricas, por ejemplo las del recién fallecido Samir Amin, que identificaban una dificultad en los países periféricos para traducir los incrementos de productividad en incrementos salariales. En cambio, los países centrales sí eran capaces de que las mejoras productivas redundaran en progresos en las condiciones de vida de la población trabajadora. La importancia de la comparativa de estos datos se debe a que los salarios son la fuente principal de ingresos del 91% de la población activa de estos países, es decir, de la población asalariada (Fuente: Ameco). Por tanto, más allá de las importantes diferencias salariales en función del sector o del nivel de cualificación, ésta es una cuestión que afecta a la gran mayoría de la población.

Atendiendo a datos de 25 subsectores económicos calculamos un agregado para la periferia europea (Italia, Eslovenia, República Checa, España, Estonia, Portugal, Eslovaquia, Grecia, Polonia y Lituania) y otro para los países centrales (Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Suecia, Francia, Luxemburgo, Bélgica, Finlandia, Dinamarca y Austria). La productividad de los países periféricos se ha incrementado desde el promedio de 1995-1998 al de 2011-2014 en un 23,19% (esto equivale a un crecimiento de 192 euros) mientras que la de los países centrales en un 22,55% (296 euros). Por su parte, los salarios en la periferia han registrado un aumento del 17,55% (62 euros) y en el centro un 30,72% (188 euros). Por tanto, unas tasas de variación similares, como es el caso expuesto previamente de las tasas de productividad, pueden representar unos valores en euros bastante diferentes. De esta manera se evidencia fácilmente la importancia de atender a los niveles de las variables tomadas en cuenta para el cálculo de las tasas de variación.

Debido a las diferencias expuestas, nos centramos ahora en el crecimiento de ambas variables expresado en euros. Tal y como se puede ver en la Figura, la productividad del conjunto de 25 subsectores de la periferia se incrementa en 192€ y la productividad del centro en 296 euros mientras que los salarios de la periferia crecen en 62 euros y en los países centrales 188 euros. Así, mientras que la población trabajadora de un país central produce, entre ambos períodos mencionados, 296 euros más por hora de trabajo y percibe 188 euros más de salario, la población trabajadora de un país de la periferia europea produce 192 euros más y recibe únicamente 62 euros más.

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A partir de lo anterior, extraemos dos ideas fundamentales. Por un lado, se constata que hay un distanciamiento entre los países centrales y periféricos de la UE-20 durante las últimas décadas. Dicha divergencia es más acentuada en lo que se refiere a los salarios que a la productividad. Tal y como se ha podido ver, esto no significa que la periferia europea no haya conseguido mejoras de la productividad o de los salarios sino que dicho crecimiento es significativamente inferior a los de los países centrales, quienes además partían de niveles superiores. Esa es la justificación del distanciamiento entre ambos bloques de países.

Por otro lado, es interesante comparar el crecimiento de los salarios con el de la productividad en cada grupo de países. Del crecimiento de la productividad logrado por las empresas, la periferia europea tan sólo ha conseguido que un 32,5% de tal incremento se traslade a los salarios mientras que los países centrales lo han logrado en un 63,3%. Por tanto, se evidencia una mayor dificultad de la periferia europea para trasladar las ganancias de productividad al aumento de los salarios. Por tanto, en relación al incremento de productividad, el crecimiento de los salarios es prácticamente el doble en los países centrales que en los periféricos.

Todo lo anterior remite a las limitaciones al desarrollo propias de los países periféricos.  Si las mejoras técnicas de la producción revierten en las remuneraciones de los trabajadores de forma muy leve, la mejora de las condiciones de vida de la mayoría de la población, que es asalariada, se torna más complicada. De esta manera conseguimos identificar un ámbito de gran desigualdad en el interior de la UE. Otra cuestión que abordar tiene que ver con cuál es el destino de estos recursos que no son destinados a incrementar los niveles salariales de la periferia europea. En cualquier caso, lo que queda claro es que, equiparando los incrementos de productividad, los salarios de los países centrales se incrementan mucho más rápido que los salarios de la periferia europea y que, en términos absolutos, dicho aumento es tres veces mayor en el centro que en la periferia. Esto representa una evidente limitación de la periferia en su proceso de desarrollo ya que actúa como mecanismo reproductor de dicha posición. 

Economistas sin Fronteras no se identifica necesariamente con la opinión del autor y ésta no compromete a ninguna de las organizaciones con las que colabora.

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