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Un llamamiento global para una medicina independiente de las farmacéuticas

Un grupo global de influyentes investigadores, clínicos, reguladores y ciudadanos proponen una alternativa al actual sistema para que la atención sanitaria basada en la evidencia esté libre de influencias comerciales

Medidas estéticas como la declaración de conflictos de intereses para garantizar la transparencia parece que no están teniendo efecto en la calidad de la investigación sanitaria

El 40% de las sobredosis por opioides en EEUU son con medicamentos recetados

EFE

Una serie de artículos publicados recientemente en la prestigiosa revista médica The British Medical Journal (The BMJ) ha vuelto a poner sobre el tapete los graves problemas que genera la influencia de las farmacéuticas sobre la medicina en todos sus niveles (regulación, investigación, educación y atención sanitaria). Un grupo global de influyentes investigadores, clínicos, reguladores y ciudadanos proponen una alternativa al actual sistema para que la atención sanitaria basada en la evidencia esté libre de influencias comerciales. ¿Las razones? "La extensa influencia de la industria podría estar poniendo en peligro la integridad de las investigaciones científicas, la objetividad de la educación médica, la calidad de la atención a pacientes y la confianza pública en la medicina".

No se trata de una iniciativa aislada, diferentes colectivos sanitarios en múltiples lugares del mundo están tomando medidas hacia una mayor independencia frente a los intereses comerciales. El propio comité europeo de la Organización Mundial de la Salud debatió sobre un mayor papel de las autoridades públicas en "dirigir la inversión en investigación", debido a los elevados precios de los medicamentos que ponen en riesgo la sostenibilidad de los sistemas sanitarios.

En el terreno sanitario, hay dos opiniones mayoritarias y enfrentadas sobre cómo lidiar con las relaciones entre la industria farmacéutica y la medicina. Están aquellos que defienden que industria y profesionales sanitarios comparten misión en su lucha contra las enfermedades y que las relaciones económicas entre ambos colectivos no son solo necesarias, sino que son vitales para la atención y educación sanitaria y el progreso médico. Esta es la posición de diversas asociaciones médicas como, por ejemplo, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) que publicó su posicionamiento al respecto hace unos días: "La relación entre médicos de Familia y la industria farmacéutica no solo es inevitable, sino que resulta deseable e imprescindible para facilitar y optimizar la formación médica y la investigación clínica. Sin embargo, esta vinculación debe asentarse en unos principios claros".

Al otro lado, se encuentran los colectivos de profesionales sanitarios que no solo defienden que la medicina puede funcionar al margen de la industria, sino que no ven compatible las influencias de las farmacéuticas sobre la medicina con una educación, investigación y atención sanitaria de calidad y sin sesgos. La evidencia científica que se está acumulando en los últimos años aporta cada vez más argumentos de peso para los partidarios de esta postura. Medidas estéticas como la declaración de conflictos de intereses para garantizar la transparencia parece que no están teniendo efecto en la calidad de la investigación sanitaria. En otras palabras, la transparencia per se parece no alejar los riesgos de sesgos.

Los problemas asociados a la influencia de la industria farmacéutica

Diferentes estudios muestran de qué forma las relaciones económicas de la industria interfieren con la actividad médica en sus diferentes facetas. En "Así influyen las farmacéuticas sobre los médicos" y "El lado oscuro de las guías médicas: sin evidencia científica y con conflictos de interés" se describe con más detalle parte de estas cuestiones. En el llamamiento que los autores publican en The BMJ se recogen numerosas investigaciones en este sentido.

Los estudios patrocinados por la industria muestran resultados más favorables que aquellos independientes, creando sesgos en la evidencia científica donde se inflan los beneficios y se minimizan los daños. Es lo que ocurrió, por ejemplo, con los estudios sobre diferentes antidepresivos (nuevos estudios clínicos independientes no vieron diferencias con el placebo para la paroxetina o la imipramina como tratamiento para la depresión mayor en adolescentes) o sobre las mallas vaginales que han provocado graves perjuicios para la salud de miles de mujeres. Por otro lado, una revisión de casi 200 estudios sobre las estatinas observó que era mucho más probable que los estudios financiados por la industria encontrasen resultados favorables de estos medicamentos.

Esta "idealización" de los medicamentos llevan a tratamientos innecesarios (sobretratamiento) y a un derroche significativo de los recursos médicos. Se estima que en torno a un quinto del gasto sanitario se destina a medidas sanitarias no justificadas, ya sea por sobrediagnóstico, sobretratamiento o pruebas en exceso.

Además de los efectos de la financiación de estudios médicos por la industria, las relaciones de esta con los investigadores o los médicos también se asocian a resultados de los estudios más favorables o a prescripción aumentada de ciertos medicamentos. Un estudio sobre 280.000 médicos de EEUU. encontró que simplemente aceptar una comida pagada por la industria se asociaba con una prescripción mayor de las medicinas del patrocinador. Cuanto más costosa era la comida, mayor era el aumento en la prescripción. Una revisión sistemática encontró que la exposición a información de medicamentos procedente de empresas farmacéuticas se asociaba generalmente a la prescripción de más medicinas, de mayor coste y calidad menor. En 2019, un estudio que analizó pagos de marketing a 67.000 médicos realizados por los fabricantes de opioides detectó una asociación entre el gasto en marketing, el aumento en la prescripción y tasas más altas de muerte. Otra investigación observó que las opiniones de los líderes de opinión (KOL) estaban fuertemente correlacionadas con los intereses de las empresas que les pagaban como conferenciantes o supervisores.

Una hoja de ruta para la independencia de la medicina

Los autores del llamamiento público proponen una serie de pasos que ya se están dando aisladamente en diferentes lugares para evitar la influencia de la industria sobre la medicina. Una hoja de ruta abierta al debate y a nuevas ideas para definir con mayor profundidad los pasos:

En investigación:

Que los gobiernos exijan estudios realizados de forma independiente para tomar decisiones sanitarias, incluyendo la evaluación de nuevos tratamientos, tecnologías y tests.

Que los gobiernos prohíban a las organizaciones sanitarias públicas, incluyendo a las agencias reguladoras y de tecnología sanitaria, la recepción de financiación por parte de la industria y que los supervisores no tengan relaciones financieras con la misma.

Que los grupos de investigadores aseguren la total accesibilidad de la información sobre los métodos de estudio y los resultados y que los estudios se realicen sin relaciones financieras de empresas que podrían beneficiarse de los resultados.

En educación:

Que las revistas médicas y los editores pongan fin a su dependencia de la industria farmacéutica.

Que los gobiernos nacionales trabajen con asociaciones profesionales y organismos de autorización para que desarrollen políticas que aseguren que las actividades educativas apoyadas por la industria no sirvan para la acreditación de los profesionales sanitarios.

Que los grupos profesionales, académicos y de apoyo involucrados en actividades educativas para profesionales sanitarios o en decisiones políticas o regulatorias corten sus lazos con la industria.

En la atención sanitaria:

Que los grupos profesionales, hospitales, servicios sanitarios y gobiernos prohíban las interacciones de marketing entre la industria y las personas que toman decisiones, incluyendo a los que prestan atención sanitaria y que apoyen activamente el desarrollo de información sanitaria libre de intereses comerciales.

Que los profesionales, los políticos y el público depositen su confianza en guías de práctica clínica producida y escrita por grupos sin conflictos de intereses con la industria y que tengan acceso a la evidencia libre de influencia empresarial.

Que los organismos que financian la investigación y las instituciones académicas modifiquen las métricas académicas y los incentivos para que premien explícitamente la colaboración académica con agencias públicas y los grupos de la sociedad civil, así como la industria.

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