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Quiénes quieren romper España

¿Por qué no buscamos un lugar común en la voluntad de construir un país que nos represente a todas y a todos? ¿Sin miedos electorales, rencores históricos ni padres de una constitución inamovible y aburrida que lo han hecho todo sin las madres del Estado?

Casado dice que la manifestación de Colón certificó "el fin" de Sánchez y apuesta por elecciones generales el 26 de mayo

Casado, en la manifestación de Colón

Esta capacidad de objetivar países que tiene la clase política es francamente sospechosa. En confundirlos con un ente con una vida propia que no es la suma de todas las personas y seres vivos que la conformamos, sino algo más atávico. Casi divino. Insiste la derecha una y otra vez en que nadie puede romper España; como si fuera una cosa. Un objeto. La pieza de algún conglomerado. Como si este país no fuera algo vivo y latente que se modifica a sí mismo porque está compuesta por millones de seres vivos que nacen y mueren, vienen y van, abortan y se reproducen constantemente: árboles, microbios, montañas, ríos, playas, personas…

La auténtica voluntad de no romper España sería otra: impedir que las playas desaparezcan por la construcción de diques para puertos, cuidar el medio ambiente para que no se desertice el territorio, sobreponer la necesidad de las personas a las de las aucas del estado y sus ridículos repartos, no permitir crímenes ni manifestaciones de odio ni la vulneración de los derechos fundamentales, respetar la vida y los derechos humanos, respetarnos, escucharnos, dialogar, pactar...

Pero cuando la derecha habla de romper España no se refiere a maltratar el territorio, su flora, su fauna y su ciudadanía; sino que habla de una idea de España. De verdad, casi religiosa. Una idea de España y los españoles (las españolas menos) que a muchas de nosotros, hoy, nos parece antigua, casposa e imposible identificarnos; y que aún así se habla de ella como si se tratara de un ente casi sagrado que debe prevalecer por encima de todas nuestras emociones y necesidades.

Es una España de caricatura con hombres montados a caballos y muy viriles que solo conviven con otros hombres, tradiciones que siguen la estela de la España ‘una, grande y libre’ de la que hablaba Franco, donde todavía se usan palabras como ‘maricón’ o ‘feminista’ con absoluto desprecio, una España de toros, coñac y pandereta.

Un país que apenas sigue existiendo pero que parece haberse convertido en el espejismo común de los tres partidos de derechos: uno como si estuviera viendo Curro Jiménez, otro como si fuera más civilizado vestir a Curro Jiménez con americana azul y corbata delgada y otro más que considera que es necesario modernizar a Curro Jiménez y ponerle una chaqueta de cazador de ante marrón. Todos hombres. Todos heterosexuales. Todos rabiosamente blancos. Pobre Curro Jiménez, si viera en que parodia se han convertido sus aventuras.

¿Pero es que no rompe España quien mata a mujeres o viola adolescentes en las noches cuando regresan temerosas a sus casas? ¿Acaso no rompe España la precariedad laboral, el paro y la cantidad ingente de desahucios? ¿No rompe el territorio nacional las brutales diferencias económicas y sociales? ¿La pobreza infantil, el desprecio a otras culturas, la ignorancia? ¿No es cierto que convivimos con gente con muchísimos menos derechos que nosotras y nosotros y que esto es romper el país cada día un poco? ¿Protegemos nuestro entorno? ¿Nos hacemos cargo de la supervivencia animal? ¿Tratamos bien los mares, los ríos, los bosques, las playas? ¿Y todo esto no es, en efecto, romper España?

Esta España que comparte el grueso de la ciudadanía y que nos perteneces a todas, a todos. Para la derecha parecería que no. Para la derecha parecería que mantener España, frente a la opción de romperla, es mantener una idea de este país que no hemos forjado en este tiempo ni en este contexto. Que mantener España unida es no dejar curar las heridas abiertas del franquismo, la restitución, el perdón y la búsqueda de un bienestar social repartido que nos permita convivir sin atacarnos en igualdad de condiciones.

Mantener España pasaría forzosamente por esta voluntad de paz, de escucha reparadora, de respeto. Porque así es como no se destruyen las cosas, con cuidado. Quizás así entenderían que disentir no es atacar; sino construir. ¿Así que por qué no buscamos un lugar común en la voluntad de construir un país que nos represente a todas y a todos? ¿Sin miedos electorales, rencores históricos ni padres de una constitución inamovible y aburrida que lo han hecho todo sin las madres del Estado? Pregunto, por comenzar a construir.

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