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David Foster Wallace, ese hombre

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Wallace

David Foster Wallace.

David Foster Wallace (1962-2008). Ese escritor que echó al mundo La broma infinita. Sí, ese hombre. Sencillamente David para amigos como Jonathan Franzen. Otra bestia parda. David Foster Wallace, me repito. Porque vuelve. Y lo hace con el origen. Con su primera novela. La editorial Pálido Fuego, a partir del 21 de enero, pondrá en los anaqueles de las librerías La escoba del sistema, una obra publicada en Estados Unidos en 1987 y que, a pesar de recibir elogios, espaldarazos, estrellitas, subrayados y piropos académicos, aún no había sido editada en nuestro país. Sí había sido traducida, en cambio, al francés, italiano, japonés y alemán. Algo que poco nos extraña, la verdad.

La escoba del sistema, que según algunos críticos es un intento de emular a Pynchon con los diálogos de Don Delillo, ahí es nada, formó parte de su tesis doctoral en 1985, que entregó junto a un ensayo de lógica formal sobre la fatalidad y por el que recibió la máxima nota con una mención especial. Según su biógrafo, con esta novela se le reveló la certeza de que “escribir ficción le liberaba del dolor de ser él mismo”.

La obra relata la inquietante desaparición de residentes y empleados del geriátrico Shaker Heights. Entre los desaparecidos está la bisabuela de la protagonista, Lenore Beadsman, que ve empeorada su situación emocional por los problemas que tiene con su jefe, Rick Vigorus, Vlad el empalador, su cacatúa y esos pequeños desastres cotidianos que amenazan con llevar su búsqueda del amor y la autodeterminación hasta cotas de una anormalidad estrambóticas. Al menos eso es lo que nos cuenta la editorial.

El New York Times ha dicho de ella que es “osada, hilarante, enigmática, maravillosamente extraña, una loca aventura picaresca de la frenética América contemporánea”. No sé si al crítico del New York times se le ha corrido la tinta con tanto adjetivo en tan poco espacio. Pero quizá esta vez deberíamos creerlo más que nunca. A fin de cuentas estamos hablando de David Foster Wallace. Ese hombre. Ya me entienden.

 

 


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