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El dilema de Rajoy: ¿avanzar elecciones o resistir hasta el final?

Existen buenas razones para que Rajoy decida anticipar al fin de la legislatura y convocar elecciones generales junto a municipales y autonómicas.

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Rajoy quiere una UE sólida porque ama a España y una España fuerte que fortalezca la UE

Le legislatura se ha acabado. Es posible que los resultados de la encuesta del CIS no sean los que se acaben dando en las próximas elecciones generales. Pero para los partidos políticos, como si lo fueran. La posibilidad de realizar grandes acuerdos o de aprobar nuevas leyes se vuelve casi imposible en un contexto en el que casi todos los partidos temen perder posiciones o ser barridos por el torbellino político que parece estarse fraguando.

El deterioro de las expectativas electorales del partido gobernante sitúa al presidente Rajoy en el mismo dilema que vivió Zapatero a inicios de 2011: ¿avanzar las elecciones para evitar un mayor deterioro o bien mantener el calendario oficial a la espera de una mejora de las previsiones políticas y económicas?

Existen diversos estudios que han tratado de explicar en qué situaciones los jefes de gobierno deciden convocar elecciones anticipadas y qué consecuencias genera esa decisión.

Según estos trabajos, el primer ministro tendrá en cuenta una serie de factores en el momento de decidir el calendario final de la legislatura. Principalmente tres: cómo será el contexto político y económico de los meses finales, en qué situación estarán los partidos de la oposición así como su propio partido, y cómo reaccionarán los electores al anticipo electoral.

En principio, el jefe de gobierno querría convocar las elecciones en el momento en que se prevea un contexto más propicio política y económicamente, en el que los partidos de la oposición se encuentren más débiles y su propio partido más fuerte, y donde prevea una mayor participación de sus electores y una menor castigo por parte de estos. Aznar, marzo de 2000. Y no avanzó las elecciones. Tampoco en 2004. Tampoco Zapatero en 2008. Pero, ¿qué sucede cuando se intuye que este escenario ideal no va a producirse?

Como en política no existen bolas de cristal, habrá que confiar en el olfato de los dirigentes políticos y, con mayor precaución y escepticismo, en lo que ha hallado la ciencia política hasta el momento.

Buena parte del paisaje está bastante diseccionado, y en permanente actualización, por parte de políticos, tertulianos y lectores bien informados. El contexto económico no acaba de mejorar, como esperaba el Presidente. Y la situación política tiene muchas probabilidades de seguir un curso negativo en 2015. Algunas variables merecen especial atención, como la evolución de la política catalana.

Además, los principales adversarios del PP (PSOE, Podemos y UPD/Ciutadans) necesitan tiempo para mejorar el conocimiento de sus candidatos, cerrar eventuales alianzas y difundir el mensaje. El tiempo corre a favor de ellos. Por el contrario, el PP tiene un fuerte dilema interno, porque se encuentra en una posición muy vulnerable, que puede empeorar (o no). Los más nerviosos son los que celebrarán sus elecciones en pocos meses: alcaldes y presidentes autonómicos.

¿Y qué sucede con el electorado? Las encuestas de opinión señalan una volatilidad creciente. Y una profunda división entre los electores según su grado de sofisticación: los más educados, los jóvenes y los que tienen mejor posición social, dispuestos a votar y castigar a los partidos tradicionales; los menos ilustrados y más mayores, menos dispuestos a dejar de votar a los grandes partidos, pero también más propensos a quedarse en casa el día de las elecciones.

¿Cómo podría afectar esto al superciclo electoral que se avecina, con elecciones en diversos niveles de gobierno?

Un reciente y fantástico estudio, realizado por mis colegas Arjan Schakel y Régis Dandoy, basado en 18 países, señala que, en países descentralizados donde eventualmente pueden coincidir elecciones en diversos niveles de gobierno, como es el caso español, la coincidencia o no de estas elecciones puede tener efectos importantes en la movilización del voto.

Así, cuando una elección precede a otra meses antes, el ‘efecto de cansancio’ puede reducir la participación en la segunda elección. Esto abre el riesgo de que el votante menos motivado, potencialmente del PP y/o PSOE, pueda dejar de votarles y quedarse en casa en las generales.

En España, algunos esperan que suceda algo distinto: se suele asumir que las elecciones locales y autonómicas, consideradas a menudo menos importantes o de ‘segundo orden’ por parte de los ciudadanos, pueden brindar la ocasión de castigar a los partidos de gobierno aunque con una menor participación, mientras que en las elecciones generales, las ‘importantes’, los votantes serán más realistas y mantendrán su voto tradicional, incrementando la participación.

Sin embargo, Schakel y Dandoy señalan que puede suceder lo contrario: cuando dos elecciones aparecen muy cercanas, el ‘efecto anticipación’ puede incrementar el voto en la primera elección frente a la segunda, especialmente entre aquellos votantes que están esperando la ocasión de manifestar un castigo o toque de atención al partido del gobierno. En el caso del PP, esto podría presagiar un negro panorama para alcaldes y presidentes autonómicos de su partido. Sin que ello libre al gobierno de Rajoy de un castigo mayor, como pudo constatar Zapatero en noviembre de 2011.

Más interesante aún, Schakel y Dandoy han hallado que, cuando las elecciones generales se celebran el mismo día que los comicios locales o regionales, la participación aumenta debido al ‘efecto de simultaneidad'. Esto podría afectar especialmente a votantes menos motivados o más dispuestos a abstenerse a priori, y que suelen votar a los partidos mayoritarios. En el caso español, este efecto favorecería al votante fiel de PP y PSOE que pueden estar pensándose quedarse en casa.

Finalmente, no podemos olvidar un último fenómeno, el ‘efecto bola de nieve’: un mal resultado para un partido en unas elecciones puede disuadir el voto a ese partido en las siguientes, cuando estas son cercanas, mientras que un buen resultado puede atraer nuevos votantes en las siguientes. ¿Hasta qué punto podemos esperar que los posibles malos resultados del PP en mayo de 2015 no se repitan meses después? ¿O que el ascenso de otros partidos se detenga en las generales?

Este escenario sugiere buenas razones para que Rajoy se plantee un avance electoral de las Generales, haciéndolas coincidir con municipales y autonómicas. Por supuesto, el Presidente podría estar escondiendo recursos desconocidos que puedan alterar el tablero: ¿una reforma constitucional? ¿Un cambio del candidato a la presidencia por parte del PP? ¿Podría suceder lo mismo con el PSOE?

No obstante, lo más verosímil es que la prudencia -o el vértigo- puedan llevarle a no tomar ninguna decisión, si se siente al borde del precipicio. A veces, ver venir el huracán paraliza a sus víctimas inminentes.

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