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El fin de la era del carbón

Ni la Administración ni las empresas mineras ni las compañías eléctricas han afrontado el final del carbón como fuente de energía

El sector carece de un plan justo e inclusivo para la transición hacia un futuro sostenible

El turismo de experiencia, el sector agroalimentario y las energías renovables son alternativas viables

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El fin de la era del carbón.

Ilustración: PEDRO STRUKELJ

Recientemente, en Greenpeace hemos publicado  un estudio que analiza el fin del carbón y las alternativas de empleo con un caso de estudio concreto: la cuenca minera de Andorra (Teruel). El estudio ha sido elaborado por el Instituto ISTAS de CCOO y la consultora Abay Analistas Económicos y lo presentamos en la Cumbre del Clima de Marrakech (COP22). Mientras las negociaciones climáticas avanzan para desarrollar el Acuerdo de París de 2015, en España el uso del carbón aumentó el 23,9% y pasó a ser el país del mundo en que más subió su consumo, con un incremento de emisiones de más del 3% respecto a 2014.

Identificamos un elemento clave en las cuencas mineras, que viven con frustración un futuro sin carbón debido a que, pese a las elevadas inversiones para reestructurar el sector, los resultados no han sido lo buenos que deberían y hoy nos encontramos con un sector que no tiene un plan justo e inclusivo para la transición hacia un futuro sostenible. 

Por normativa europea, sabíamos desde hace años que la minería del carbón que haya recibido ayudas para su reconversión deberá cerrar en 2018 (esto incluye a toda la minería española). Pero ni las mineras, ni las eléctricas, ni las administraciones han afrontado la realidad del fin del carbón.

Estos hechos nos han movido en Greenpeace a realizar este estudio. Con él pretendemos demostrar que hay alternativas al carbón y también queremos abrir un diálogo para abordar la transición del fin de este mineral, en la que los sindicatos tienen un papel básico para asegurar la transición justa y sostenible necesaria a fin de no superar el 1,5 ºC de temperatura como recoge el Acuerdo de París. 

En Greenpeace creemos imprescindible que el Gobierno fije una fecha para que las térmicas de carbón estén cerradas antes de 2025. Es la única manera para mover los fondos de inversión y de dinero público de los problemas a las soluciones y construir el camino hacia un futuro sostenible, basado en energías limpias y planificadas.

Impacto positivo

Al analizar algunos ejemplos a escala mundial sobre experiencias de transición en las cuencas mineras nos damos cuenta de que un elemento fundamental es apostar por sectores que tengan impacto directo positivo en la vida de la comunidad. Otro elemento ha sido la aprobación en cada país de objetivos de producción de energía más limpia. 

En el marco legal del carbón en España, otro punto que llama la atención es que desde 1987 se involucró en las ayudas para la extracción del carbón a las empresas eléctricas , a las que se ofrecían pagos garantizados a cambio de usar carbón nacional. Estas ayudas se han mantenido hasta 2014. Esto creó una estrecha relación entre las eléctricas y la minería, que se han beneficiado de unas ayudas que debían ser para la transición del sector.

Al estudiar el caso de Andorra, vemos que sí ha habido una transición. En 2000, el carbón representaba el 77,5% del valor añadido bruto comarcal y el 23,9% del empleo. Estos porcentajes bajaron hasta el 47,3% y 17,9%, respectivamente, en 2015. Pero el comportamiento de la agricultura y la construcción fue negativo y se perdieron 600 empleos.

La propuesta de diversificación económica por grandes inversiones industriales no es un acierto en las cuencas mineras, donde la generación de un entramado de pymes es el elemento clave del proceso. Para identificar las potencialidades de empleo sostenible en las cuencas y avanzar hacia una reespecialización duradera hay que indagar en los sectores emergentes que concentrarán la creación de empleo en las próximas décadas. Cada cuenca tiene sus características socioeconómicas, culturales y geográficas, y es necesario un plan específico para cada una que apueste por las líneas de actividad para crear empleo basado en sus potenciales.

Habiendo tenido esto en cuenta junto con las preferencias de los habitantes de la comarca de Andorra, reflejadas en los numerosos procesos participativos, se proponen tres líneas potenciales con alternativas de futuro:  el turismo de experiencia, el sector agroalimentario y las energías renovables.

Conclusión: para que el proceso de transición justa hacia empleos sostenibles sea exitoso es necesaria la colaboración y voluntad de todas las personas implicadas para diseñar un escenario más allá del carbón. 

Al Gobierno le corresponde no abandonar a los trabajadores y apostar por la diversificación económica y sostenible que asegure la reducción de las emisiones y el abandono de los combustibles fósiles.

Tatiana Nuño es responsable de Cambio Climático de Greenpeace.

[Este artículo ha sido publicado en el número de diciembre de la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]

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