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Las personas lo primero, mejor antes que después

218 millones de personas han sido afectadas por desastres naturales con un coste anual que excede los 300 mil millones de dólares en los últimos 20 años

La semana pasada se celebró la primera Cumbre Humanitaria Mundial: nos enfrentamos a la mayor crisis humanitaria desde la II Guerra Mundial

La clave del trabajo de Ayuda en Acción es poner en el centro la dignidad de las personas, anticiparnos a los desastres y trabajar la prevención de riesgos

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Afectados por el terremoto de Ecuador. Josep Vecino / Ayuda en Acción

Afectados por el terremoto de Ecuador. Josep Vecino / Ayuda en Acción

La Cumbre Humanitaria Mundial reunió en Estambul del 24 al 26 de mayo a representantes de gobiernos, organismos de Naciones Unidas, agencias de ayuda humanitaria, ONG, fundaciones e iniciativa privada con el propósito de avanzar en la reforma del sistema humanitario para enfrentar la mayor crisis humanitaria que viven nuestras sociedades desde la Segunda Guerra Mundial.

En su documento “Restaurando la humanidad: voces globales llaman a la acción” se reconoce que el sufrimiento humano derivado de los conflictos bélicos y desastres naturales ha alcanzado niveles asombrosos. En las dos últimas décadas 218 millones de personas han sido afectadas por desastres naturales con un coste anual a la economía global que excede los 300 mil millones de dólares. A pesar de que los líderes mundiales se comprometen a "no dejar a nadie atrás” y de que el sistema humanitario nunca ha llegado a más gente en tantos lugares, parece imposible hacer frente a la magnitud y complejidad de las necesidades presentes, por no hablar de las futuras. Por eso se requiere revisar las estructuras y recursos actuales destinados a la ayuda humanitaria.

Ayuda en Acción ha participado en este proceso elevando la voz de las comunidades afectadas por estas crisis, en especial la de los niños y niñas, mujeres y las personas más vulnerables de los 19 países en los que trabajamos, donde ayudamos con nuestros programas de emergencia y humanitarios a miles de familias afectadas por desastres como las sequías de Centroamérica y  Etiopía o los terremotos de Nepal y Ecuador

Los tanques potabilizan el agua en Janamora, Etiopía. Ángel López Soto / AeA

Los tanques potabilizan el agua en Janamora, Etiopía. Ángel López Soto / AeA

La clave de nuestro trabajo es colocar en el centro la dignidad de las personas y por ello demandamos compromisos concretos de los actores humanitarios para que mejoren la coordinación, rendición de cuentas y el empoderamiento de los afectados. Estamos en estos países acompañándolos para mejorar su capacidad de soportar las calamidades, un viento fuerte que se lleva sus techos, la lluvia que no llega y destruye los pocos cultivos o tan intensa que los deja incomunicados por días eliminando a su paso el único camino de penetración hacia los mercados, la destrucción de sus viviendas o sus medios de vida. Estamos a su lado ayudándolos a no tener miedo, nos organizamos para dar una respuesta rápida, construyendo sitios seguros y albergues donde protegerse, instalando sistemas de alerta temprana, transfiriendo conocimiento de primeros auxilios y rescate, manejo de agua segura y sistemas de protección de alimentos.

Porque para las familias que viven con menos de tres dólares al día, es muy fácil que cualquier pérdida sea un verdadero desastre. Casi que no importa mucho si el fenómeno que la causó aparece o no en los titulares de la prensa local o internacional. Esto lo sabemos muy bien en Ayuda en Acción porque trabajamos al lado de las personas pobres permanentemente desde hace 35 años. Hemos aprendido también que no sólo la pobreza hace la diferencia frente a un fenómeno intenso de la naturaleza, porque si además de pobre eres mujer, discapacitado, menor de cinco años o mayor de 60 años, un fenómeno intenso de la naturaleza puede ser definitivo y sus consecuencias irrecuperables.

Este llamamiento a la acción que hacemos a la Cumbre Humanitaria refuerza nuestro compromiso para demandar financiación internacional y hacer posible que cientos de familias pobres que viven en calamidad humanitaria permanente, apenas visibles para sus propios líderes gubernamentales y los principales centros económicos mundiales, tengan por derecho oportunidades. En muchas comunidades alejadas, las ayudas llegan muchos días después de que las personas se han rescatado a sí mismas y las historias de vida ya están marcadas en las caras de las niñas y los niños, de las mujeres y los hombres que han vivido horas de terror y dolor, que han sido presionados física y psicológicamente hasta límites indecibles, que han visto sus pocos logros materiales reducidos a la nada.

Los líderes que han asistido a esta cumbre deben colocar por delante el principio fundamental de que “lo humanitario es primero”, que no hablen solamente de la necesaria preparación de la cooperación internacional para asistir a los países que han sufrido grandes desastres y de los grandes esfuerzos que hay que hacer después de que hayan ocurrido sino que además se acuerden también del antes, para que no lleguemos tarde. Le decimos a Estambul que se requiere de un esfuerzo continuo, serio, comprometido y de largo aliento para que unos días después de los terremotos, inundaciones, tsunamis o inclusive después de años de sequía, los titulares en las noticias nos digan que las personas aún siguen allí y han sobrevivido.

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