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Europa y el ‘lavado’ del marfil que extermina a los elefantes

La única forma de salvar a los elefantes de la extinción es cerrar los mercados de comercio de marfil y frenar toda transacción, y para ello es fundamental que la Unión Europea tome medidas y deje de ser intermediaria entre los países donde viven los elefantes y los que compran el marfil

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Elefante recién cazado y su marfil arrancado violentamente. Foto: Parc National des Virunga

Elefante recién cazado y su marfil arrancado violentamente. Foto: Parc National des Virunga

La última Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) acordó pedir a los estados el cierre urgente de los mercados nacionales de marfil como medida para proteger a los elefantes africanos, masacrados por la demanda de ese codiciado material. Fue el pasado mes de diciembre, pero la resolución no es vinculante y a día de hoy Europa sigue siendo el territorio donde el marfil ‘se lava’ y se exporta legalmente a Asia.

Por este motivo la asociación Pro Wild Life  ha lanzado una petición de firmas para apoyar una carta enviada a la Comisión Europea y a los estados miembros. Más de 240.000 personas han pedido ya el cierre de los mercados nacionales para deterner el comercio de marfil.

En España,  Salva la Selva está difundiendo esa campaña con la siguiente advertencia: “La Unión Europea está enredada en el negocio del marfil mucho más de lo que reconoce. Toneladas de marfil se importan, comercian y exportan. Europa sirve de comodín a los cazadores ilegales de elefantes. La venta de marfil es legal en Europa si el marfil es antiguo. ¡Es como una invitación a los criminales a "hacer un lavado" del marfil ilegal! Por favor, exige a la UE una prohibición total sin condiciones del comercio de marfil, como ya existe en muchos países del mundo. Sólo así podrá acabarse con la caza ilegal de elefantes. Y sólo así tendrán los elefantes posibilidades de supervivencia”.

La carta, dirigida a los comisarios europeos y a los gobiernos de los estados miembros de la UE, pide la prohibición sin demora de toda  importación, exportación y comercio de marfil en el territorio comunitario.  Alerta de que la UE “continúa constituyendo un mercado activo” para el marfil existente desde antes de la convención y es actualmente el mayor exportador a China y Hong Kong, con un incremento “alarmante” de las exportaciones de marfil procesado en los últimos dos años. China ha anunciado recientemente que cerrará su mercado de forma gradual desde este año, y ahora la presión se centra en Hong Kong y en el previsible incremento del mercado negro.

“El comercio legal hace posible el lavado de marfil de elefantes cazados ilegalmente. Dispara la demanda y la corrupción. Además, los países de la UE se utilizan como países de tránsito para contrabandear el marfil ilegal de elefantes cazados ilegalmente en África y Asia. Recientemente se confiscaron grandes partidas para los países de la UE. El marfil es el producto de animales salvajes que más se confisca”, denuncia Pro Wild Life.

Mientras aumenta la presión para cerrar los mercados de marfil, hace pocos días un estudio publicado por The Independent alertaba de que décadas de caza furtiva han alterado la genética de los elefantes africanos, y muchos están naciendo sin colmillos. Según los autores del estudio, en algunas zonas el 98% de las hembras no tienen colmillos, cuando en condiciones normales ese porcentaje era de apenas entre el 2% y el 6%.

Con motivo de la última Convención CITES, la Fundación Franz Weber alertaba sobre la imposibilidad de controlar el comercio internacional de marfil. Cuando ese comercio era legal, explicaban, empezó a florecer un mercado negro con consecuencias devastadoras para los elefantes de toda África. El comercio legal auspiciado por CITES llevó a la aparición de otro paralelo, ilegal y no controlado, hasta el punto de que entre 1979 y 1989 la mitad de la población de elefantes del continente desapareció. Fruto de aquello, en 1989 CITES incluyó todas las poblaciones de elefantes africanos en su Apéndice I y aprobó la prohibición del comercio internacional de marfil.

A partir de entonces los mercados cayeron y el precio del marfil se devaluó, lo que supuso el fin de la crisis de la caza furtiva que permitió la recuperación de las poblaciones de elefantes. No obstante, las poblaciones de elefantes de cuatro países del sur de África (Botsuana, Namibia, Sudáfrica y Zimbabue) fueron incluidas de nuevo en el Apéndice II, con el propósito (pero no el único) de permitir dos “ventas únicas y excepcionales” de marfil, procedente de las reservas de marfil de dichos gobiernos y con origen en los decesos naturales de elefantes, a dos compradores: Japón, en el año 1999, y Japón y China, en el año 2008.

Se calcula que en 1980 había 1,2 millones de elefantes en África. En 1989, cuando CITES decidió incluir a los elefantes en el Apéndice I, su número se había reducido en un 50%. Con la actual crisis de la caza furtiva las cifras siguen disminuyendo a pasos agigantados. A finales de 2013, el número total de elefantes en las categorías de ‘definitivo’ y ‘probable’, según la base de datos African Elephant Database de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) era de 473.386; es decir, en los 33 años el número de elefantes africanos se redujo en un 61%. Desde entonces, las cifras no hacen más que caer.

En la actualidad los elefantes sufren un nuevo repunte de la caza furtiva: según datos oficiales, entre 2010 y 2012 se mataron furtivamente 100.000 elefantes, y el último estudio del Great Elephant Census (GEC) ha puesto de manifiesto una disminución masiva de elefantes de sabana por la caza furtiva.

Tampoco hay dudas sobre que el comercio legal actúa como “cobertura” del comercio ilegal. Lo avalan los datos de las últimas investigaciones y lo reconoció el entonces secretario de Estado de Estados Unidos John Kerry al afirmar que las ventas de las reservas de marfil parecen haber estimulando el hambre de los países consumidores.

El pasado mes de mayo, Kenia quemó públicamente 105 toneladas de marfil, el 5% de las existencias mundiales, los colmillos de 6.700 elefantes cazados ilegalmente. Fue un gesto simbólico pero al que no se puede restar trascendencia, con el que terminó la cumbre de The Giants Club para luchar contra la caza furtiva.

La historia demuestra que solo cerrando mercados, prohibiendo todo comercio de marfil, podremos tener una oportunidad de salvar a las poblaciones de elefantes en África. Europa no puede limitarse a culpar de la tragedia a los cazadores furtivos y a los compradores del ‘oro blanco’ mirando a otro lado mientras la mercancía pasa por su territorio.

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