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¿Qué pasa en el Nagorno Karabaj? 10 claves para entender la escalada del conflicto

De todos los conflictos no resueltos que estallaron con la disolución de la Unión Soviética, el del Alto Karabaj es el que cuenta con un potencial de explosividad más elevado. Las tensiones en la zona han en aumento los últimos dos años, incrementándose también el número de bajas. Se trata de una de las tres fronteras más militarizadas del planeta junto con Cachemira y la que separa las dos Coreas.

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Bakú advierte a Ereván contra el reconocimiento de Nagorno Karabaj

Voluntarios armenios reciben uniformes y armas para unirse al ejército de autodefensa de Nagorno-Karabaj en Yerevan, Armenia. EFE

Tambores de guerra resuenan en el Cáucaso Sur. Los ecos del desmembramiento de la URSS vuelven a dejarse oír, como ya ha ocurrido en diferentes ocasiones durante la última década, en Abjasia, Osetia del Sur, Crimea o el Donbass. Conflicto olvidado por excelencia, el del Nagorno Karabaj es un caso que, por su singularidad, ubicación geográfica y complejidad, requiere un análisis pausado y con perspectiva histórica, con el fin de comprender las raíces de la confrontación, la gravedad de la situación actual y sus posibles consecuencias.

Los hechos de abril. La madrugada del sábado día 2 de abril tropas azerís lanzan una ofensiva contra la zona norte del Nagorno Karabaj, utilizando tácticas de guerra relámpago para tratar de capturar territorio y pueblos a lo largo del frente dentro de la zona controlada por los armenios. Se trata de una ofensiva que por primera vez fue más allá de la lógica de "ojo por ojo" que ha venido marcado los enfrentamientos que se han dado durante los últimos 22 años en la línea de frente -especialmente en 2014 y 2015 - desde el alto el fuego de 1994.

La dureza del ataque cogió inicialmente a las unidades armenias por sorpresa, y durante las primeras horas las tropas azerís consiguieron avanzar y conquistar territorio en dos puntos concretos en el norte -alrededores de Talish- y sur -colina del Lele Tepe-, este último un punto estratégico del Karabaj a unos 20km de la frontera con Irán.

A partir del día 3 se produce una contraofensiva por parte de unidades armenias del Karabaj, logrando reconquistar la mayoría del territorio cedido inicialmente, provocando importante bajas entre las tropas azerís. Finalmente, el día 5 gracias a la intermediación rusa se firma un alto el fuego en Moscú que, con la excepción de algunos episodios esporádicos de violencia, se ha mantenido hasta el momento.

Por primera vez desde el alto el fuego de 1994, las tropas azerís lograron pequeños avances territoriales en la zona, aunque mucho menores de los inicialmente esperados. También por primera vez se realizaron bombardeos a gran escala de zonas habitadas por civiles por parte de unidades azerís utilizando sistemas de cohetes Grad, especialmente mortíferos.

En cuanto a las bajas militares, se han confirmado 94 por el lado azerí -más 5 desaparecidos-, y 69 -15 desaparecidos- por la parte armenia. Los enfrentamientos de los días 2-5 también se saldaron con una decena de civiles muertos. Estas cifras convierten los hechos de abril en los episodios más graves y sangrantes en la zona desde el alto el fuego de 1994, situando el Karabaj en un nuevo estadio de conflictividad.

Origen del conflicto, fronteras artificiales y la guerra de 1988-1994 . Con la fundación de la URSS, en 1923 se crea la región autónoma del Alto Karabaj, la cual queda integrada dentro de la República Socialista Soviética (RSS) de Azerbaiyán por decisión de las autoridades soviéticas, pese a que la población armenia constituía por entonces un 90% de su población. A pesar de las reivindicaciones de los armenios del Karabaj, sobre todo en los 60 y 70, la situación se mantiene estable hasta que en 1988, en plena perestroika, el parlamento de esta región autónoma -poblada en aquel momento por un 77% de armenios étnicos y un 22% de azeríes- vota su secesión para unirse con la RSS de Armenia. Las autoridades republicanas azerís se oponen categóricamente, e inmediatamente se inician una serie de persecuciones étnicas y pogromos contra los armenios de Azerbaiyán, unos hechos que provocan la intervención del Ejército Soviético en Bakú en 1990.

De un conflicto de baja intensidad se pasa a la guerra total una vez Armenia y Azerbaiyán consiguen su independencia en 1991. A pesar de su inferioridad numérica y técnica, y después de algunas derrotas iniciales, los armenios lograron imponerse y hacerse con el control del 90% del Alto Karabaj, además de siete regiones al sur, oeste y este -donde vivían medio millón de azeríes- creando una "zona de seguridad" en territorio de Azerbaiyán, una situación que se estabiliza con el alto el fuego de 1994. El balance: entre 30.000 y 40.000 militares y civiles muertos, cerca de 80.000 heridos y más de un millón de desplazados. La herencia: un conflicto no resuelto y un territorio independiente de facto que comprende el 16% del total de Azerbaiyán, donde viven aproximadamente 140.000 personas, la práctica totalidad de los cuales armenios.

Posiciones irreconciliables y memoria histórica armenia . La brutalidad de la guerra de 1988-1994 y la limpieza étnica que se puso en práctica por parte de unos y otros, sumado a las puntas de violencia en el conflicto y a más de 20 años de retórica nacionalista a ambos lados han generado unas posiciones completamente antagónicas sobre la cuestión del Alto Karabaj. Así, según el último Barómetro del Cáucaso publicado a finales de 2013, un 95% de los azeríes apoyan la idea de un Karabaj integrado en Azerbaiyán sin ningún tipo de autonomía. Por su parte, los armenios son mayoritariamente partidarios de una anexión del Karabaj por parte de Armenia, una opción que cuenta con un 77% de apoyo.

Para los armenios, esta situación conecta directamente con una historia muy traumática y marcada por el recuerdo del genocidio de 1915 perpetrado por los turcos. Rodeada territorialmente por enemigos históricos y actuales -con las fronteras cerradas a ambos lados- muchos armenios perciben la defensa del Alto Karabaj como una parte esencial de la lucha por su supervivencia como pueblo, una lucha en la que la victoria en la guerra de 1988-1994 es motivo de orgullo patriótico dentro de una historia marcada por las derrotas.

Cómo se llega a la situación de tensión actual. De todos los conflictos no resueltos que estallaron con la disolución de la Unión Soviética, el del Alto Karabaj es el que cuenta con un potencial de explosividad más elevado. Las tensiones en la zona han en aumento los últimos dos años, incrementándose también el número de bajas en la línea de contacto, llegando a superarse los 100 muertos durante 2015 (Gráfico 1). Una tendencia peligrosa en una de las tres fronteras más militarizadas del planeta junto con Cachemira y la que separa las dos Coreas.

*Datos oficiales, del International Crisis Group y del investigador Emil Sanamyan (2015 y 2016 estimaciones a la baja)

*Datos oficiales, del International Crisis Group y del investigador Emil Sanamyan (2015 y 2016 estimaciones a la baja)

Frustradas ante la falta de avances en las negociaciones de las últimas dos décadas, durante los últimos 2-3 años las autoridades azerís han puesto en práctica una política de "recalentamiento" progresivo del conflicto. Una estrategia que tiene como principal objetivo volver a poner el foco internacional en la situación del Karabaj, presionando a su vez a Armenia, principal beneficiado de la actual statu quo y con pocos incentivos para hacer concesiones.

En el origen de este cambio de estrategia se encuentra el boom en los ingresos por las exportaciones de petróleo que ha vivido Azerbaiyán desde 2005, multiplicando su PIB por cinco durante la última década. Buena parte de estos ingresos han sido destinados a incrementar el presupuesto militar nacional (Gráficos 2 y 3) -un 444% entre 2006 y 2015-. Por su parte, Armenia ha incrementado su gasto militar en un 102% durante el mismo periodo.

Ante esta situación, Armenia se reserva dos cartas: amenazar con una guerra total -un extremo que nadie desea- y poner sobre la mesa un posible reconocimiento oficial de la independencia del Nagorno Karabaj, un movimiento que, muy hábilmente, Ereván no ha realizado todavía.

Una zona volátil de alto valor estratégico. Azerbaiyán es un país rico en gas y petróleo, un factor que convierte el Cáucaso Sur en una zona clave en el mapa energético global. Las exportaciones de petróleo azerís se incrementaron de manera sustancial sobre todo a partir de la apertura en 2005 del oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan, que transporta el petróleo con destino a la UE e Israel desde el mar Caspio hasta el Mediterráneo. Con capacidad para un millón de barriles diarios, el funcionamiento de esta infraestructura energética es un elemento clave en la apuesta de la UE para reducir su dependencia energética respecto de Rusia.

Parte del oleoducto está construido en una área de Azerbaiyán que en caso de guerra total quedaría probablemente dentro de la zona de combates, pudiendo ser atacado por los armenios para anular la principal fuente de financiación azerí, cortando al mismo tiempo el suministro de petróleo azerí a la UE (5% del total de importaciones en 2014).

Del mismo modo, una nueva escalada bélica entre Ereván y Bakú podría poner en riesgo los planes de la UE de construir el conocido como Corredor Sur de Gas entre el Caspio y el sur de Europa, a través del cual se transportaría el gas azerí desde Azerbaiyán hasta Italia y sur de la UE a partir del año 2019. Esta ruta también serviría como vía alternativa a Rusia para transportar el gas de Asia Central hacia la UE, pudiendo también conectar directamente Europa con Irán, país que ya ha mostrado su interés en participar.

El Karabaj como válvula de distracción política. La disminución de los ingresos por la bajada del precio del petróleo del último año y medio han colocado el régimen azerí de Ilham Aliyev bajo presión. En 2015 la economía azerí creció sólo un 1,1%, y para el 2016 se espera una contracción del PIB de un -1%, cifras que quedan a años luz del período 2002-2009, con entre un 9% y un 32% de crecimiento anual. El nivel de vida del país está empeorando y ya se han producido varias protestas en las calles de las principales ciudades. Alyiev recurre pues al conflicto en el Alto Karabaj como elemento de distracción social para reforzar la estabilidad de su régimen.

Para las autoridades armenias, la escalada del conflicto también es útil para desviar la atención respecto a los graves problemas socioeconómicos ya la corrupción endémica que castigan el país, y que el verano del año pasado generaron una de las olas de protestas más importantes desde 1991: el Electric Yerevan.

El papel de Moscú y Ankara . Aunque el conflicto de Alto Karabaj y la escalada que ha vivido últimamente responden a dinámicas locales y autónomas, existe una implicación muy directa de dos de las tres principales potencias de la zona: Rusia y Turquía. Teniendo en cuenta la tensión existente entre estos dos países, este factor incrementa el potencial de explosividad regional de la cuestión del Karabaj.

Para Rusia, el conflicto es utilizado como instrumento para mantener su influencia en el Cáucaso Sur, una zona que desde principios del siglo XIX siempre ha sido percibida por Moscú como su patio trasero. Rusia ha jugado siempre un papel en la disputa, ya sea como principal mediador en las negociaciones políticas, como garante de facto de la seguridad de Armenia -donde Moscú cuenta con dos bases militares y unas 5.000 tropas- o como principal suministrador de armas de Bakú y Ereván. Junto con Armenia forman parte de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva -una especie de OTAN postsoviética nitegrada por seis ex repúblicas de la URSS- y existe un tratado de defensa mutua entre ambos países, un importante elemento de disuasión de cara a las tentaciones belicistas azerís. A su vez, el capital ruso controla gran parte de las industrias armenias, elementos que convierten a Armenia en el país del planeta más dependiente de Rusia.

Moscú mantiene al mismo tiempo unas relaciones privilegiadas con Bakú, siendo su principal suministrador de armas. Este doble juego responde a dos objetivos principales. En primer lugar, cuanto más fuerte -y amenazador- sea Bakú, más profunda será la dependencia militar de Ereván respecto a Moscú. Segundo, el valor estratégico de Azerbaiyán hace que para Rusia las relaciones con este país sean aún más relevantes que sus compromisos con Armenia. Una política que irrita a muchos armenios y que durante los últimos tiempos ha generado una progresiva "desafección" hacia Rusia por parte de algunos sectores de la sociedad en aquel país.

En relación a Turquía, su implicación es menor gracias en buena medida a la estrategia seguida por Rusia. Ankara está totalmente alineada con la posición de Azerbaiyán -Erdogan fue el único líder político que declaró su apoyo a uno de los bandos durante los combates de abril-, la influencia sobre el cual se disputa con Moscú. Una dinámica acentuada por la enemistad histórica entre Armenia y Turquía por la cuestión del genocidio turco. Dada la tutela de Moscú sobre Ereván, Erdogan también percibe el recalentamiento del Karabaj como una oportunidad para buscarle las cosquillas a Putin en un nuevo frente.

Débil monitorización del alto el fuego de 1994 . La misión internacional de monitoreo y verificación del alto el fuego cuenta únicamente con 6 observadores de la OSCE, los cuales ni siquiera están permanentemente desplegados en la zona de conflicto. Esta cifra contrasta con los 700 observadores que la OSCE tiene desplegados en el Donbass o los 200 que la Unión Europea tiene en Abjasia y Osetia del Sur . Bakú se opone tajantemente a una mayor presencia de observadores, ya que contribuiría a solidificar el actual statu quo. En Ereván y Stepanakert, en cambio, se apoya a la idea de reforzar la vigilancia internacional con el fin de aumentar la seguridad local. Esta ausencia de observadores dificulta el seguimiento y la comprobación de los hechos sobre el terreno, facilitando la guerra propagandística.

El Grupo de Minsk y una mediación internacional estéril. El proceso de paz en Karabaj está liderado por Rusia, Francia y Estados Unidos, copresidentes del llamado Grupo de Minsk de la OSCE, establecido en 1994. Sin embargo, durante las últimas dos décadas los avances en el terreno diplomático han sido prácticamente inexistentes, y ninguna de las partes parece dispuesta a hacer concesiones significativas.

Los conocidos como "Principios de Madrid" establecen las líneas maestras del proceso de paz, planteando una solución del conflicto que pase por un retorno a Bakú de los territorios que rodean el Karabakh controlados por los armenios; un régimen de autogobierno y seguridad temporales para el Karabaj y el establecimiento de un estatus legal final de acuerdo con un referéndum; y el derecho de las personas desplazadas internamente y de los refugiados a retornar a sus antiguos lugares de residencia. Hasta ahora Ereván y Bakú no han aceptado los Principios de Madrid, debido a que Armenia se niega a renunciar al control del Karabaj sin una fecha específica para un referéndum, un referéndum que a su vez es rechazado por Azerbaiyán dado que considera este territorio como irrenunciable.

¿Y ahora qué? Con su estrategia de recalentamiento del conflicto, Aliyev busca provocar una mayor implicación internacional que relance el proceso político y las conversaciones de paz -en especial por parte de Moscú y Washington- forzando Armenia a realizar cesiones que favorezcan el establecimiento de un nuevo statu quo. Si estos avances no se producen, y dado el vacío de seguridad que existe en la zona, Bakú tiene muchos incentivos para continuar la escalada bélica en Karabaj, con consecuencias que pueden escapar al control de los actores implicados.

Teniendo en cuenta las grandes cantidades de armamento de última generación en manos de los dos bandos, es probable que nuevas escaladas de violencia puedan provocar miles de muertos, e incluso que el conflicto acabe provocando la intervención de Rusia y Turquía . Un cóctel de elementos explosivos con potencial para desestabilizar la ya por sí inestable región del Cáucaso, añadiendo un nuevo incendio muy cercano al de Siria que podría tensar aún más las relaciones entre Rusia y los países occidentales. Un escenario de consecuencias imprevisibles, y que requiere una mayor implicación por parte de todas las potencias implicadas -incluyendo la UE- que contribuya a reducir las tensiones. Dentro de unos meses puede que sea demasiado tarde.

Artículo publicado originalmente en La Directa

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