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Una serie de redadas en locales de ambiente el día del Orgullo encienden los ánimos del colectivo gay

Imágenes del operativo de la Guardia Urbana en el bar El Cangrejo, en Barcelona, durante la noche del sábado 29 de junio.

Jordi Mumbrú

Barcelona —

Han pasado dos días y las personas que lo vivieron todavía no entienden qué sucedió ni, sobre todo, cuál era el objetivo de los Mossos de Esquadra. “Fue como las imágenes que salen por televisión de policías entrando en columna dentro de la casa de alguien a quien quieren detener”, explica Jaume, uno de los testigos. Él estaba dentro, tomando una copa tranquilamente. Eran las tres de la madrugada y habría una cincuentena de clientes como él en el local, el conocido bar de ambiente barcelonés de la calle Robadors 'La Bata de Boatiné', en el barrio del Raval. Quedaba poco para cerrar y para poner punto y final a una jornada de reivindicación y de orgullo gay. Era un día especial.

Lo que no sabían los clientes de La Bata era que entre ellos, en ese momento, había dos agentes de paisano que formaban parte de una operación que estaba a punto de llevarse a cabo. Sólo faltaban unos segundos. Cuatro furgonetas de los Mossos entraron de repente en la calle Robadors. Todos tenían claro lo que debían hacer. Se movían con rapidez. Enseguida se dividieron en tres grupos para hacer un cordón policial en la calle y para entrar al mismo tiempo en dos locales diferentes: el 23 y La Bata Boatiné. Operaciones similares se llevaron a cabo en otros locales barceloneses, también de ambiente, como el bar Cangrejo.

En el caso de La Bata de Boatiné, para entrar hay que tocar primero el timbre y esperar a que el propietario abra, pero los agentes optaron por romper la puerta. Tenían prisa. “De repente empezó a entrar una columna de Mossos con cascos, pasamontañas y chalecos, serían unos 20, era surrealista. La gente se puso nerviosa”, explica Pau, otro cliente, que denuncia que todo fue “muy violento”. Durante la operación no registraron nadie y a la mayoría ni siquiera les pidieron la documentación. Pau está convencido de que se trata de “un peldaño más en la estrategia represiva” contra el colectivo de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales, y tiene claro que el objetivo de esta operación “totalitaria” era “asustar”.

Al único al que pidieron la documentación fue al propietario, Miquel, que está convencido de que la violencia utilizada por los agentes es por una cuestión de “homofobia”. Hace sólo cuatro meses que el Ayuntamiento de Barcelona le hizo una inspección. “No tiene sentido todo este dispositivo sólo para pedirme un documento”, explicó. Mientras los agentes le pedían papeles, algunos clientes empezaron a pedir a los polícias su número de placa, ya que según denuncian, no lucían identificación alguna. A continuación, los agentes sacaron a los clientes, que se quedaron fuera para asegurarse que a Miquel no le pasaba nada.

Lejos de sentirse protegidos por la llegada de los Mossos, todos los clientes consultados aseguran que se sintieron “intimidados” en todo momento. Ambos locales son pequeños y muy estrechos y entre que había más gente de la normal, ya que celebraban el día del orgullo gay, y que había una veintena de agentes dentro, hubo momentos de angustia. Según explica Miquel, cuando los clientes ya estaban fuera, los agentes hicieron entrar un perro policía para buscar droga, pero el animal no olió nada y se fueron.

En el local de al lado, el 23, la operación se torció aún más y, según las fuentes consultadas, al menos dos personas fueron golpeadas por la policía e incluso aseguran que uno fue golpeado por tres agentes, tal y como denunció el semanario La Directa. Ya se está preparando la denuncia y un abogado que se ha ofrecido para llevar el caso.

A pocas calles de allí, los agentes antidisturbios de la Guardia Urbana hicieron intervenciones similares en otros locales, algunos también de ambiente, como el Cangrejo. Los clientes consultados también aseguran que se sintieron “intimidados” y que nunca habían visto una batida similar. Algunos incluso creyeron que formaba parte del espectáculo y que, en cualquier momento, volvería a sonar la música y los agentes, que habían ocupado toda la tarima, comenzarían a hacer un striptease. Pero no fue así. En este local sí que cachearon a los clientes y les identificaron.

“Sin ningún incidente”

Los Mossos enviaron ayer una nota de prensa explicando que se trataba de un “dispositivo de seguridad ciudadana en el ámbito del ocio nocturno” y que se llevó a cabo “sin ningún tipo de incidente”. Durante la operación entraron en seis locales y detuvieron a 11 personas: 6 por llevar droga encima, cuatro por delitos de hurto y una por requerimiento judicial. Este tipo de dispositivos, según fuentes de los Mossos y de la Guardia Urbana, son rutinarias y fue una “coincidencia” que se hicieran en locales de ambiente el día del orgullo gay. También explicaron que si entran tan deprisa es para evitar que si alguien carga con droga tenga tiempo para deshacerse de ella y que si van con cascos y chalecos es porque “hay gente que puede responder mal a la entrada de la policía”.

La CUP se ha comprometido a pedir explicaciones en el Parlamento sobre este tipo de operaciones policiales.

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