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Alimentos ecológicos: ¿son más sanos y seguros que los convencionales?

Rosa, socia de eldiario.es, quiere saber si realmente el comprar productos ecológicos le aporta un valor añadido a su salud. 

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Foto: Marcela Escandell

Foto: Marcela Escandell

Rosa nos ha escrito el siguente correo: "Hola: soy una persona bastante preocupada por los temas ecológicos, sobre todo en lo referente al consumo, y por eso me gustaría que me aclaraseis si a parte de fomentar la agricultura sostenible, consigo algún beneficio extra para mi salud comprando productos 'eco'. También si son más seguros en cuanto a intoxicaciones que los de la agricultura industrial". 

La palabra 'ecológico' se refiere a la forma en la que los agricultores cultivan sus productos, como frutas, verduras, cereales, productos lácteos o carne. Las prácticas agrícolas ecológicas están diseñadas para mejorar la calidad del suelo y el agua, reducir la contaminación y promover un ciclo sostenible de los recursos.

No están permitidos, por ejemplo, los fertilizantes sintéticos para añadir nutrientes a la tierra, pesticidas para el control de plagas, ingeniería genética para mejorar la resistencia a plagas o el rendimiento de los cultivos y los antibióticos para el ganado. Aunque también se usan pesticidas y fertilizantes en la agricultura ecológica, estos no son sintéticos.

El Manual de Buenas Prácticas del Ciudadano, elaborado por Ecologistas en Acción-Ciudad de Málaga, enumera los beneficios de los alimentos ecológicos, entre los que se encuentran que son más seguros porque se cultivan sin fertilizantes ni pesticidas químicos, y los animales no se alimentan con antibióticos ni se usan hormonas de crecimiento; que son respetuosos con el medio ambiente, porque están diseñados para ser más sostenibles, y en tercer lugar que son más saludables porque tienen niveles más altos de ciertos nutrientes beneficiosos para la salud.

¿Es esto realmente cierto? En la dirección de lo que nos pregunta Rosa, una parte importante de las investigaciones realizadas en los últimos años en materia agrícola, aborda si merece la pena o no gastar más dinero en una alimentación ecológica desde el punto de vista de la salud y la seguridad alimentaria. Los científicos no son unánimes al respecto.

Estudios a favor y en contra

En uno de los últimos análisis sobre este tipo de alimentos, publicado en 2014 en la prestigiosa revista British Journal of Nutrition, y tras revisar un total de 343 estudios sobre el tema, un equipo internacional de expertos dirigidos por la Universidad de Newcastle, en Reino Unido, concluía que los alimentos ecológicos contienen mayores concentraciones de antioxidantes que los convencionales, y que la leche y carne orgánicas tienen niveles más altos de ácidos grasos omega-3, relacionados con la reducción de las enfermedades del corazón.

El estudio también concluye que los cultivos ecológicos tienen niveles significativamente más bajos de metales pesados tóxicos, como el cadmio, uno de los tres contaminantes más frecuentes en los alimentos junto con el plomo y el mercurio. Según el mismo, la cantidad encontrada en los cultivos ecológicos era casi un 50% inferior que la detectada en los convencionales.

Estas son, a grandes rasgos, algunas de las conclusiones de uno de los mayores metanálisis realizados. El estudio no estuvo exento de críticas, entre otras que estaba enmarcado en el proyecto europeo QualityLowInpuntFood, que se encudraba dentro del Sexto Programa Marco Europeo y que se completó más tarde con fondos de la Sheepdrove Trust, una organización benéfica británica a favor de la agricultura ecológica. ¿Podemos considerarlo completamente imparcial? 

Foto: congerdesign

Foto: congerdesign

La misma revista publicaba en 2016 otro estudio para la leche y la carne, también dirigido por la Universidad de Newcastle, que aseguraba que tanto la leche como la carne ecológicas contienen un 50% más de ácidos grasos beneficiosos que los convencionales. De nuevo, el estudio había sido financiado por la Sheepdrove Trust.

Por otro lado, sobre la base de una extensa revisión de los estudios sobre este tema desde 1958, publicada en 2009 en The American Journal of Clinical Nutrition, los expertos concluían que no hay evidencia clara de que existan diferencias en la calidad de los nutrientes entre alimentos ecológicos y alimentos convencionales. Se anañizaron 52.471 artículos en los que se identificaron 162 estudios. Esta revisión achaca las pequeñas diferencias en el contenido de nutrientes a los distintos métodos de producción.

En otra extensa revisión publicada en 2012 y realizada por investigadores de la Universidad de Stanford, los expertos llegaban a la misma conclusión, aunque puntualizaban que quizás sí se reduce la exposición a los residuos de pesticidas. En este metanálisis se revisaron 237 estudios, considerados relevantes entre miles de artículos publicados.

Queda claro, a tenor de la divergencia en los diversos metanálisis realizados hasta la fecha, que no hay suficiente información para poder asegurar que las diferencias entre ambos alimentos se traduzcan en beneficios en la salud en general. 

Foto: U.S. Department of Agriculture

Foto: U.S. Department of Agriculture

Como mucho, igual de seguros

Sobre la seguridad de este tipo de productos, en teoría, el control sanitario debe ser el mismo que el de un alimento convencional, ya que están sujetos a las mismas normas de seguridad. Son seguros, si cumplen con los controles exigidos, exactamente igual que los convencionales. Debe tenerse en cuenta que se trata de productos con unos riesgos inherentes al propio sistema de producción, por lo que deben controlarse de manera específica para que no se conviertan en un problema sanitario.

Por ello, además de los controles generales que deben pasar todos los alimentos, los ecológicos cuentan con una legislación específica que intenta simplificar y ajustar los controles en función del riesgo y el control del fraude, así como contribuir a mejorar la situación de los productos ecológicos e incrementar la confianza del consumidor. Pero debe tenerse en cuenta que este tipo de productos, a pesar de estar sometidos a estrictos controles evaluados por entidades de certificación, también tienen riesgos, sobre todo de contaminación bacteriana.

A este respecto, la bacteria E scherichia coli ha estado con frecuencia relacionada con cultivos ecológicos. En 2006, y por citar una de las contaminaciones más masivas, se detectaba en Estados Unidos un brote infeccioso por el consumo de espinacas ecológicas contaminadas con Escherichia coli 0157:H7. Las investigaciones posteriores concluyeron que pudieron haber sido abonadas con estiércol de animales. 

Foto: Michael Coghlan

Foto: Michael Coghlan

¿Ecológico es igual a más sabroso?

Otro de los mitos que tenemos implantados es el de que sabe mejor un producto ecológico que otro convencional. No es necesariamente así; al menos hasta donde alcanza la ciencia, el tipo de tratamientos no determina el sabor del producto agrícola. Que su sabor sea más intenso o no, depende de la maduración y de si se recoge y vende en el punto justo, tanto si es convencional como ecológico.

No tendrá el mismo gusto si, por el contrario, ha madurado en cámara, algo que la legislación sobre agricultura ecológica permite desde el año 2008 y que, en principio, chocaría con los principios de esta producción, ya que las cámaras frigoríficas podrían aumentar la huella ecológica al suponer un gasto energético. Por tanto, también podríamos comer un tomate ecológico insípido frente a otro convencional y sabroso.

En resumen, los productos ecológicos, a pesar de tener un precio más elevado que los alimentos convencionales, tienen un público muy fiel, dispuesto a pagar un poco más. Este gasto extra se puede, por el momento, justificar por el componente ético de su elección ya que se los vincula a una agricultura y ganadería de proximidad y a ejercer presión en la dirección de forzar unas prácticas más responsables con el medio ambiente.

En este sentido, su existencia es algo positivo para no pocos consumidores, que encuentran en ellos una vía para luchar contra los grandes grupos agroalimentarios. Pero el sello ecológico no tiene porqué ser indicativo de una mayor seguridad o una mayor calidad nutricional, al menos hasta que la ciencia no permita ser más contundente.

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