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Panda Bear: “Quiero que quien escuche este disco no se quede con una sensación de derrota”

El quinto álbum en solitario del líder de Animal Collective reflexiona sobre la construcción y la disolución de la personalidad

Instalado en Lisboa desde hace una década, Noah Lennox es uno de los músicos más influyentes de nuestro tiempo

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Panda Bear / FACEBOOK OFICIAL

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Aunque su popularidad y trascendencia no sea comparable, Animal Collective -y por extensión el más influyente de los cuatro componentes del grupo, Panda Bear- son a nuestro tiempo lo que The Beatles en su día o Radiohead al suyo: la banda que define los instrumentos y también las herramientas industriales con las que abrirse camino hacia nuevos territorios en el terreno de la música popular.

Con el sampler como principal argumento, Panda Bear ha recuperado la psicodelia, reivindicado el tribalismo y popularizado el único movimiento relevante que la música culta ha aportado en las últimas décadas, el minimalismo. Además, Noah Lennox y sus compañeros encabezan un panorama musical compuesto por francotiradores poco dispuestos a hacer concesiones y sostenidos por una pequeña base de fans diseminada por todo el mundo. Es la generación postinternet, ajena a los dictados de la industria y para la que una cita a Myspace (tal y como ocurre en esta entrevista) supone remontarse a algo así como la prehistoria.

Panda Bear lleva más de una década entregado a esta suerte de “do it yourself” en parte buscado y en inevitable, para ir completando una discografía esencial a la hora de analizar las formas del pop contemporáneo. Y el último movimiento se titula Panda Bear Meets the Grim Reaper, en el que vuelve a reclutar a Pete Kember (Sonic Boom) como colaborador necesario y parece más obsesionado que nunca porque el discurso musical no se lleve por delante sus palabras.

Te he escuchado decir a propósito de Panda Bear Meets the Grim Reaper que este disco completa una trilogía que arrancó con Person Pitch (2007) y continuó Tomboy (2011), pero que no fuiste consciente de ello hasta que estuvo terminado.

Sí, al principio no tenía en mente que este disco formara un arco argumental con los dos anteriores, pero una vez terminado me parece que de alguna forma cierra un capítulo. No te puedo decir hasta qué punto tiene sentido, pero ahora mismo así es como lo siento.

Comentabas también que, en esencia, este disco gira sobre la idea de redescubrir las cosas importantes.

Hummmm, no estoy del todo seguro de a qué me refería… Uno de los motivos por los que creo que se cierra un capítulo es porque en el disco vuelvo a construir las canciones a partir de samples, algo que no había hecho en los últimos siete u ocho años. Aunque la manera de usar esos samples ha sido muy diferente en esta ocasión: en Person Pitch el MPC condicionaba el tipo de sonido, mientras que en este disco trabajé con el ordenador con lo que las posibilidades se multiplican.

 

 

Estuviste grabando durante un mes y los ocho restantes los empleaste en mezclar el disco, un proceso bastante complejo. ¿Cuál fue la vinculación de Sonic Boom (Pete Kember), que junto a ti coproduce el disco, durante ese tiempo?

Escribí las canciones durante aproximadamente dos años hasta el pasado mes de enero. Después nos fuimos los dos a un estudio aquí, en Lisboa, y después, desde enero hasta el otoño trabajamos codo con codo.

¿Recuerdas cuándo y cómo le conociste?

Lo conocí a través de Myspace, ¿te acuerdas de Myspace? Nunca he sido un tipo muy de redes sociales, pero sí que tuve mi página de Myspace. Sería allá por el 2005 o el 2006. O tal vez más tarde porque ya había publicado Person Pitch… El caso es que Pete había escuchado el disco en una fiesta y le gustó. Luego se fijó en que en los créditos yo mencionaba a Spacemen 3 como una de las bandas que había influido aquel disco, así que me escribió vía Myspace diciendo que teníamos que hacer un concierto juntos, algo que por cierto nunca hemos llegado a concretar. Pasó el tiempo, y grabé las canciones de Tomboy. Suelo implicar a otra persona en mis discos porque llega un momento en que pierdo la capacidad de ser objetivo con las canciones, así que le plantee si quería participar de la mezcla: siendo un gran fan de su música esa era también una forma de desarrollar nuestra relación. Y lo hizo. En realidad no coincidí en una habitación con él hasta el último día de la mezcla, antes habíamos estado trabajando tres meses por email.

Musicalmente parecéis la pareja perfecta, dos generaciones diferentes unida por una sensibilidad muy especial y fantasiosa para el tratamiento del sonido. Sin embargo Pete tiene fama de ser un tipo difícil. Teniendo en cuenta esto y también que él es un mito del rock underground desde los 80, ¿no estabas un poco intimidado al principio?

No, mentiría si dijera que lo estaba. Desde el primer momento él se ha mostrado siempre muy educado y apasionado con mi música.

Así que su fama no es del todo cierta.

Hummm, no lo sé… Es difícil para mí de decir. Tendría que hablar con alguien que tuviera esa perspectiva.

 

 

¿Por qué recurriste a los samples del Arabesque de Debussy en Lonely Wanderer y de El cascanueces de Tchaikovsky para Tropic of Cancer? Quiero decir, ambas piezas son reconocibles y construyes esos dos temas hacia la parte final del disco a partir de ellas, algo inédito en tus discos, que chocará a quien te haya seguido desde hace años.

Escuché esas obras y no se me iban de la cabeza. En el caso de El cascanueces mi hija de nueve años estaba viendo una de esas películas de Barbie, algo así como Barbie in the Nutcracker, una representación de la obra de Tchaikovsky llevada al universo Barbie -por cierto, me está escuchando decir esto y se siente totalmente avergonzada, porque además ella no soporta mi música-. El caso es que recuerdo estar escuchando ese pasaje y pensar que tenía que hacer una canción con él. Tardé unos días en crear una melodía a partir de ahí, modificando el tono arriba y abajo, haciendo corta y pega… A fin de cuentas todo giraba sobre tomar un pedazo de música inspiradora y crear algo a partir de ahí.

¿Tenían también un significado especial para ti esas piezas? Lo digo porque por ejemplo la versión de Isao Tomita de Arabesque era la sintonía de un programa infantil en los 80 en España, Planeta Imaginario, y a los que crecimos en aquellos años inmediatamente nos remite a nuestra infancia.

Puede que no en el caso de la pieza de Debussy, pero El cascanueces decididamente sí: la gran pasión de mi madre es el ballet, incluso bailaba un poco, y ponía esta pieza muy a menudo en casa cuando yo era un niño.

Relacionado con esto; las últimas palabras que suenan en el disco son “I’m past” (“soy pasado”). Supongo que no es casual.

No, no. El disco representa el momento en que algo en particular ocurre en nuestra vida y todo cambia, puede que para hacerla mejor pero dejando una marca dolorosa que pervivirá a lo largo del tiempo. Y a través de esos cambios nuestra identidad se transforma, se disuelve. La “parca” a la que hace referencia el título representa en muchas canciones la soledad. Al mismo tiempo muchas canciones tratan los elementos e impulsos más siniestros de nuestro carácter. El disco se fija en mis experiencias y en cuatro o cinco de esos grandes momentos, como pudo ser el fallecimiento de mi padre hace años o la decisión de abandonar EEUU y trasladarme a Lisboa.

Así que la primera parte del disco hace referencia a esa identidad que se disuelve de una forma caótica, casi como una suerte de psicosis. Después tienes esos dos temas de los que hablábamos antes que no cuentan con ritmo alguno y que vienen a representar una suerte de limbo entre el pasado y lo que está por llegar. Y las últimas tres canciones serían esa nueva identidad que se está formando. No pensaba en todo ello cuando compuse los temas, pero una vez que me senté a trabajar en ellos y arreglarlos sí que surgió claramente esta idea. Y creo que “Acid Wash” pone el cierre a la historia con una mirada positiva, porque quería que si este álbum sirve de inspiración a quien lo escucha la persona no se quede con una sensación de derrota, sino todo lo contrario.

 

 

¿Podemos concluir entonces que Panda Bear Meets the Grim Reaper deja de lado el momento presente para fijarse en experiencias pasadas de crecimiento personal?

En cierto modo. Pero también te digo que para mí era importante con este disco sentir que no estaba contando historias exclusivamente personales, no plantearlo como una suerte de diario, aunque como te decía antes buena parte de las canciones se inspiran en mis experiencias. A partir de ahí se convirtió en una suerte de desafío eliminar esas referencias para universalizar el relato. Al mismo tiempo que es el disco menos personal que he publicado me parece el más revelador de la persona que soy y de forma implícita muestra aspectos de mí que nunca antes había tratado.

¿Y hay algún tipo de autocensura a la hora de exponer en público tus demonios internos presentes en el momento en que formas una familia?

Creo que en cierto modo he hablado de mi vida actual. En cualquier caso, y eso es algo que me preocupa, quiero que sea elección de mis hijos vincularse o no en lo que hago, no quiero forzarles a formar parte de este mundo mío. Pero no creo que tenga miedo, al menos conscientemente, a mostrarme tal y como soy. Con los años he ido relajándome a la hora de hablar sobre lo que pienso o lo que siento.

¿Cuánto tiempo pasas en Lisboa a lo largo del año?

Bueno, depende mucho de los compromisos en forma de giras y demás, pero aproximadamente diría que unos siete meses al año.

¿En qué parte de Lisboa vives?

Muy cerca del centro, entre Príncipe Real y Barrio Alto.

¿Y participas mucho de la vida cultural de la ciudad?

Sí, sí… No te diría que soy el típico tío que está en todas partes, porque tener críos te condiciona mucho y la mayor parte del tiempo me tienen hecho polvo, así que no salgo tanto como solía, pero sí, solemos estar al tanto de lo que ocurre en Lisboa.

Llegaste a Lisboa hace diez años, así que supongo que has sido testigo directo de los efectos de la crisis en la ciudad.

Sí, sobre todo porque la mayor parte de mis amigos están sin trabajo. Son profesionales de todo tipo, no sólo gente vinculada con el arte o la música, y especialmente los jóvenes lo tienen muy complicado. En el otro lado de la balanza diría que el turismo, especialmente en Lisboa, se ha incrementado un montón en los últimos cinco o seis años.

 

 

En 2013 escribiste música para la línea de ropa de tu mujer, Fernanda Pereira. ¿Vamos a verte en el futuro desarrollando más proyectos de este tipo, al margen de los trabajos discográficos como Panda Bear o Animal Collective?

Estoy seguro de que mientras siga vivo haré discos, para mí es excitante y divertido. Lo que no tengo tan claro es que me vaya a implicar en trabajos de tipo más “industrial”: bandas sonoras, música para anuncios, videojuegos,… ese tipo de cosas. Más que nada porque es difícil sacarme de casa.

¿Y qué me dices de producir a otros artistas?

Bufff. Tiene que ser algo que me atraiga. Si me hubieras preguntado hace unos años te habría respondido con un rotundo “no”, pero ahora estoy un poco más abierto a la idea. No es que no supiera lo que estaba haciendo, pero hace unos años tenía una forma muy específica de hacer las cosas y si la música no encajaba en ese patrón no funcionaba. Supongo que en los últimos tiempos he aprendido mucho acerca de cómo funciona un estudio, en qué consiste una grabación y métodos diferentes al mío. Así que me atrae más la idea, pero tiene que ser con el artista adecuado.

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