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DESALAMBRE

España recorta la ayuda al desarrollo hasta dejarla en la aportación más baja desde los años 80

Tras cinco años de recortes en los fondos para la cooperación, España solo aporta a esta partida un 0,13% de su renta nacional bruta, muy por debajo del 0,7% que marca el compromiso adquirido con la ONU

La mayoría de los países de la UE también lo incumplen, e inflan sus cifras de ayuda al desarrollo con gastos que no se destinan a países empobrecidos, como la atención a personas refugiadas dentro de sus propias fronteras 

España también suspende en la rendición de cuentas y baja del puesto 10 al 17 en el Índice de Transparencia de la Ayuda 

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Un proyecto en el que está involucrada la ONG Mugarik Gabe.

Un proyecto en el que está involucrada la ONG Mugarik Gabe.

La política de cooperación española está a la cola de Europa. Concretamente, en el puesto 19 de 28, siendo el noveno país de la Unión Europea que menos aporta a la ayuda oficial al desarrollo (AOD). Tras cinco años de recortes consecutivos, en 2015 España sólo ha contribuido a esta partida con un 0,13% de su renta nacional bruta, lo que supone la aportación más baja que nuestro país hace a la cooperación internacional desde la década de los 80. 

Así lo reflejan los datos del último informe Aid Watch 2016, realizado por CONCORD (Red de ONGD Europeas),  en el que se analiza la contribución económica de los países de la UE a la ayuda al desarrollo, así como la calidad de esos fondos en la lucha contra la pobreza y la promoción de la igualdad y los derechos humanos en terceros países. 

Según el estudio, la cifra de la aportación española equivale a la de países como Hungría, y se sitúa por debajo de otros como Malta o Eslovenia. El 65% de la misma es, además, parte de los fondos que España debe aportar obligatoriamente a instituciones multilaterales. "Esto demuestra que no contamos con una verdadera apuesta por esta política, sino más bien un cumplimiento de mínimos al que nuestro país está obligado", denuncia el informe. 

Además, la aportación española resulta ser considerablemente menor a la que inicialmente se anuncia, dado que de cada cinco euros que el gobierno presupuesta en partidas para la cooperación, tan sólo se ejecutan cuatro. "La baja ejecución presupuestaria es una tendencia bastante previsible que se verificará cuando existan datos disponibles", dice la organización. Hacen referencia al suspenso de nuestro país en la rendición de cuentas, por el que España baja del puesto 10 al 17 en el Índice de Transparencia de la Ayuda. 

Cifras infladas con la ayuda a los refugiados

La principal denuncia del informe recae sobre la tendencia de los países de la UE a computar como ayuda al desarrollo partidas que no tienen como foco la lucha contra la pobreza y la desigualdad en terceros países. Es decir, que parte de las cifras destinadas la AOD se quedan dentro de sus propias fronteras: los países inflan los datos de la ayuda al desarrollo con fondos que  no repercuten en países empobrecidos. 

Como consecuencia, la mayoría de países de la UE incluyen dentro de sus fondos de ayuda al desarrollo partidas destinadas a la concesión de becas de estudios internas, a la condonación de la deuda o la atención a las personas refugiadas que han acogido, siendo este último caso el más común. 

Un repaso a los datos permite comprobar que los países europeos que más refugiados han acogido en el último año son también los que más han aumentado sus cifras de AOD: Grecia (un 39%), Alemania (un 26%) y Hungría (25%). En todos estos casos, el incremento en el gasto de ayuda al desarrollo se corresponde a los fondos que destinan a la acogida de refugiados, dentro de sus propias fronteras. 

También ocurre en España. Si restamos al escaso 0,13% de la renta nacional bruta que España aporta como AOD la ayuda inflada que no se dedica realmente a la cooperación para el desarrollo, el porcentaje cae hasta el 0,12%. "Hay que acabar con estas prácticas y garantizar que el dinero contribuye de manera efectiva al desarrollo de terceros países", concluye el CONCORD. 

Europa inclumple

Hace un año que se firmaron los Objetivos del Desarrollo sostenible 2030, a los que se sumaron la mayoría de los países europeos para luchar contra la pobreza global, pero cuya agenda aún no se ha puesto en marcha en muchos de los estados firmantes, España entre ellos. Meses más tarde, en mayo, los líderes mundiales volvían a darse cita en la primera Cumbre Mundial Humanitaria, que terminó sin medidas concretas para muchos de los principales retos que se pusieron sobre la mesa. 

El compromiso político anunciado en estos últimos eventos tampoco se ve reflejado en los datos generales. Según el informe, solo cinco países de la Unión Europea alcanzaron el compromiso en sus cifras de ayuda al desarrollo (Luxemburgo, Suecia, Dinamarca, Países Bajos y Reino Unido). En total, los 28 países de la UE destinan a la ayuda al desarrollo únicamente el 0,44% de su renta nacional bruta, lejos del 0,7% que marcaba el objetivo fijado por la ONU desde hace años, y que debían haber alcanzado en 2015. 

"No es suficiente", asegura la organización, cuyos expertos alertan de que una de las causas que están "legitimando" el recorte en la AOD europea es "una tendencia que aboga por la solidaridad global para conseguir la reducción de la pobreza", en lugar de una "apuesta efectiva por políticas de cooperación". 

La radicalización del mensaje racista y xenófobo en algunas políticas europeas es, según apuntan, la otra gran causa que está "comprometiendo la cantidad y la calidad" de la ayuda al desarrollo. "Hemos visto un aumento del discurso político que deshumaniza y promueve el conflicto con el otro, contra los migrantes, refugiados y extranjeros, creando una falta competición entre los intereses nacionales y el presupuesto que se destina a la ayuda externa", explica CONCORD. 

El recorte en los fondos que los países ricos destinan a erradicar en países empobrecidos la desigualdad y la pobreza contrasta con la realidad de la que es ya la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. "Ni España ni Europa pueden eludir sus compromisos porque además de irresponsable es una actitud suicida. Solo aseguraremos nuestro futuro si podemos asegurar también el de todas las personas que comparten con nosotros el planeta y sus recursos", concluye el informe. 

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