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Sonrisa, papeles, trabajo: felicidad

De la desorientación y la inseguridad a la empatía y la firmeza. Salir de la precariedad es más fácil para una persona joven con la ayuda de una mentoría en la que todos ganan.

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Sol y Saibo.jpg

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“Siempre que quedo con Sol salgo con más confianza. Me dice cosas que, cuando lo pienso, son muy importantes para mí. Es como una madre”, dice Saibo Jagne un joven de 24 años nacido en Gambia. 

Cuando veo aparecer a Saibo puedo comprobar lo poco que queda de aquel joven inseguro, desorientado y de mirada caída que acudió a Fundación Exit, hace poco menos de un año, para recibir apoyo en su proceso de búsqueda de empleo y obtención de un permiso de trabajo, misión casi imposible teniendo en cuenta los duros requisitos para obtener tan preciado documento.

Hoy en día, incluso su tono de voz es diferente. Se comunica con firmeza, y su mirada expresa la alegría del cambio y la satisfacción del que ha logrado el ansiado sueño de obtener un contrato laboral. El de Saibo es uno de esos casos que a los profesionales del sector nos gusta llamar “de éxito”; y buena parte de culpa la tiene Sol, su mentora en el programa de Tutores Individuales en el que participa.

“Hacer de mentora me ayuda a no desvincularme la sociedad real en la que vivimos, y eso es muy importante.”, comenta Sol cuando le preguntamos los motivos que le llevan a dedicar parte de su tiempo a orientar y ofrecer apoyo, no sólo a Saibo, sino también a otros jóvenes que, como él, se encuentran entre los sectores más desfavorecidos y vulnerables de la sociedad.

“Ella me ha ayudado a arreglar mis papeles y encontrar trabajo, y me sigue ayudando. Me anima siempre a seguir adelante y pensar en el futuro”, responde Saibo, y Sol puntualiza en voz baja “sí, y también le digo que las cosas requieren constancia y esfuerzo para conseguirlas...y también le riño mucho, verdad que sí?” Ambos ríen. La complicidad creada después de seis meses de encuentros es palpable. Seis meses en los que, de manera tenaz, moviendo todos los recursos que encontraba a su alcance y, sobre todo, infundiendo ánimo a su mentoree, Sol ha conseguido que, a día de hoy, Saibo sea un joven con las ideas más claras, con un objetivo por el que luchar y, sobre todo, con los medios necesarios para conseguirlo de forma autónoma. De ser un “consumidor compulsivo de los servicios sociales”, como recuerda Sol a Saibo al inicio de su relación, a ser una persona que, ya con los papeles en regla, disfruta de tener que madrugar diariamente para acudir a su lugar de trabajo.

“Sin su ayuda no lo habría conseguido”, sentencia un agradecido Saibo.

Cada vez más entidades y programas apuestan por el mentoring como herramienta eficaz de ayuda para promover la inserción social y laboral los jóvenes en situación de vulnerabilidad. Saibo y Sol son protagonistas de uno de los muchos ejemplos que demuestran que, más allá de las diferencias de origen, cultura, religión o edad, la labor de los y las mentoras contribuye decisivamente a mejorar la situación de aquél para quien se convierte en algo más que un simple acompañante, o una consejera.

Muchas son las personas que se acercan a la Fundación ofreciendo su tiempo para colaborar en programas de mentoría como el de Tutores Individuales. Y muchas son también las que dudan de su participación cuando comprueban que se necesita algo más que buena voluntad y predisposición para lograr un reto que, de entrada, se dibuja complicado: ganarse la confianza de esa persona joven con la que van a colaborar, y ofrecerle herramientas útiles para mejorar su situación. Compromiso, fortaleza ante la frustración… pero, sobre todo, proactividad, comunicación, creatividad y una gran dosis de empatía son los ingredientes que es necesario poner en juego para asegurar que el proceso dé los frutos esperados. Todo eso… además de tener claro que no se trata de “hacer un favor”, sino que el beneficio es muto. Sol se muestra muy clara al respecto: “en mis encuentros con Saibo me lo paso genial, me hace reír, me aporta un gran aprendizaje de su país y cultura... esto es una relación win-win, aquí no sólo gana el joven”.

Saibo asiente y los dos se alejan juntos caminando hacia la boca del metro. “Extraña pareja”, pensaría si me los cruzase sin conocerlos. En lugar de eso, mi inquieta cabecita se pregunta cuántas parejas de mentores y jóvenes se estarán encontrando, en este mismo momento, en cualquier parte del mundo. Quiero creer que muchas, que cada vez más, que personas como Sol sirven de ejemplo para que muchas otras se decidan a dejar atrás clichés preconcebidos y apoyen causas como los programas de mentoría social.

Tienen mucho que ofrecer, seguro. Y mucho que recibir. Win-win.

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