Ayuso, Rosa Parks y los derechos
Si Isabel Díaz Ayuso fuera una ciudadana blanca de la Alabama del siglo pasado y aquel 1 de diciembre de 1955 hubiera viajado en el mismo autobús que Rosa Parks, no hay duda de lo que habría hecho y del lado de quién se hubiera posicionado: del maltrato, la discriminación y la segregación.
Si de la presidenta de Madrid hubiera dependido, la comunidad afroamericana hoy seguiría teniendo vetado el acceso a piscinas, restaurantes y servicios públicos exclusivos para blancos. En su marco mental, en toda denuncia o reivindicación siempre hay una conspiración contra alguien y nunca una legítima defensa de los más elementales derechos.
Ante el caso Julio Iglesias, ha tomado partido, y no precisamente para defender los derechos de dos mujeres que han denunciado al artista para que sea investigado por presuntos delitos de trata, grupo criminal, agresión sexual, lesiones y contra los derechos de los trabajadores. Primero porque en su marco mental, “las mujeres atacadas y violadas están en Irán”, que es una forma de desacreditar a las denunciantes y pisotear la lucha contra la violencia machista. Y segundo porque sostiene que solo estamos ante un “linchamiento” y una campaña de “desprestigio del cantante”. Pura batalla cultural contra el feminismo y los derechos de las mujeres.
Con todo, lo más grave es que ha deslizado la abyecta idea de que la izquierda política y mediática son la mano que mece la cuna de las denunciantes, como si detrás de la investigación de elDiario.es y Univisión estuviera el mismísimo Pedro Sánchez, y no hubiera tres años de impecable trabajo periodístico y decenas de testimonios y documentación que acredita los mismos. Debe pensar que en los medios de comunicación que no viven de su financiación ni de sus favores se actúa de igual modo que en los que ella riega de dinero público y coloca a sus más abnegados comisarios políticos para que determinen los contenidos informativos.
El caso es que a las presuntas víctimas, que han presentado denuncia ante la fiscalía de la Audiencia Nacional y se les tomará declaración como testigos protegidos, no les ha dedicado una sola palabra porque existen “muchísimos otros temas” de los que la política sí debe “responsabilizarse” y porque los escándalos del Gobierno, según sus palabras, “se suceden de tres en tres”. De los que afectan a su entorno y a su gobierno, como el caso González Amador, el caso Quirón o los rapapolvos del Constitucional por vulnerar los derechos de los diputados, no habla.
Además de mostrar una nula empatía con las denunciantes y toda su comprensión con el presunto agresor, Ayuso ha abierto además otro frente en su propio partido. “La Comunidad de Madrid jamás contribuirá al desprestigio de los artistas y menos, al del cantante más universal de todos: Julio Iglesias”, escribió en su cuenta de X el pasado martes sin que esta vez ni siquiera Feijóo se mostrara dispuesto a transitar por la senda que marcaba la madrileña.
Lejos de alinearse con Ayuso, el presidente del PP ha calificado de “muy, muy, muy graves” las denuncias y se ha declarado sorprendido al conocer la noticia que debe, en su opinión, investigarse en los tribunales y no dar pábulo a especulaciones. Esta vez la inquilina de Sol había ido demasiado lejos en su provocación y desde Génova insisten en dejar claro que la línea oficial la ha marcado el presidente del partido. Esta vez, al menos, la dirección nacional no quiere adelantarse a Vox por la derecha. Mañana, ya veremos.
Cuando Rosa Parks decidió no levantarse de su asiento del autobús consiguió cambiar las leyes de su país. No fue la primera persona que se rebelaba contra unas normas injustas, pero las circunstancias la llevaron a convertirse en la “madre del movimiento de los derechos civiles”. Decir basta, tomar partido y defender los derechos más elementales no es una conjura contra nadie. Es una obligación y nos interpela a todos, menos a Ayuso, que en su cabeza aún no cabe que la violencia machista es la manifestación más devastadora de la discriminación por razón de género.
8