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Barroso esbozará mañana la ruta anticrisis empezando por la unión bancaria

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El presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso, esbozará mañana el camino de salida a la crisis, al dar a conocer su esperada propuesta para la creación de un supervisor bancario único para la eurozona, base para la futura unión bancaria y necesaria para la recapitalización directa.

El máximo responsable de la CE revelará ante el pleno del Parlamento Europeo, reunido en Estrasburgo (Francia), las líneas maestras de su estrategia para el curso político actual, que consisten en avanzar hacia una unión bancaria, económica y política.

El tradicional discurso del "estado de la Unión" tiene lugar el mismo día en el que la UE se juega parte de su futuro en Alemania, cuyo Tribunal Constitucional decidirá sobre la legalidad del fondo europeo de rescate permanente y el pacto fiscal, y en Holanda, donde se celebran unas elecciones que se espera van a dejar fragmentado el panorama político y atraer muchos votos euroescépticos.

Barroso aprovechará la ocasión para presentar la propuesta de la CE para la creación de un supervisor bancario único.

La idea es que el supervisor, en el que el Banco Central Europeo (BCE) desempeñe el papel principal a la hora de velar por la estabilidad financiera en la eurozona, entre en vigor por fases a partir del primero de enero de 2013.

En una primera fase serán controlados los bancos que hayan recibido o pedido ayudas públicas, mientras que a partir del primero de julio lo serán los que pueden ocasionar una situación de riesgo sistémico y, desde el uno de enero de 2014, las 6.000 entidades de la zona del euro.

De esta manera, la CE se impone a Alemania, que se decanta por limitar la supervisión a los bancos más grandes, al afirmar que "recientes experiencias han demostrado que entidades más pequeñas pueden también suponer una amenaza a la estabilidad financiera".

Los Estados miembros de fuera del euro podrán participar en el mecanismo si lo desean, según ha admitido ya la Comisión.

Según el borrador de la propuesta filtrado a la prensa, el BCE tendrá la última palabra en decisiones clave, mientras que la supervisión diaria seguirá en manos de las autoridades nacionales.

El BCE podrá autorizar y retirar, tras una propuesta de la autoridad reguladora nacional competente, licencias bancarias, "evaluar" la adquisición y venta de participaciones significativas en bancos, efectuar pruebas de resistencia, exigir ciertos niveles de capital, suficientes activos líquidos, colchones de conservación y anticíclicos y limitar las exposiciones a riesgos.

También podrá limitar el apalancamiento, pedir información a las entidades, llevar a cabo investigaciones, efectuar inspecciones "in situ" e imponer sanciones económicas en caso de incumplimiento que pueden ser el doble de las ganancias obtenidas o pérdidas evitadas por la violación o hasta el 10 % de la facturación anual.

El BCE tendrá poderes de intervención temprana para bancos en riesgo, pero hasta que se haya creado un ente europeo de liquidación coordinará cierres con las autoridades nacionales.

El nuevo supervisor podrá vigilar bancos individuales y grupos.

Los reguladores nacionales, por su parte, mantendrán la responsabilidad de supervisar áreas no relacionadas con la estabilidad financiera, como los permisos de establecimiento de un banco, la prestación de servicios y la protección del consumidor.

También vigilar entidades de Estados terceros con filiales en el país o que ofrecen servicios transfronterizos en la UE, los servicios de pago y los instrumentos financieros, entre otras tareas.

El BCE tendrá que cooperar estrechamente con la Autoridad Bancaria Europea (EBA, en sus siglas en inglés), con sede en Londres, y diseñará los estándares técnicos, las directrices y las recomendaciones para velar por la convergencia y consistencia de la supervisión.

Para separar claramente la política monetaria del BCE de la tarea de vigilancia bancaria, se establecerá un consejo de supervisión compuesto por un presidente y un vicepresidente, cuatro representantes de la institución y un miembro de cada uno de los supervisores nacionales.

El mecanismo se financiará mediante tasas a los bancos.

En la EBA, y para paliar las perspicacias de Londres, el BCE tendrá que coordinar, expresará la posición común de los 17 países del euro y se modificará el sistema de votación para equilibrar el sistema de poderes entre los Estados de eurozona y los demás miembros de la UE, para evitar que los primeros tengan siempre mayoría simple.

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