eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Desaceleradora de partículas

Texto sin enlaces (visibles) para una amiga muy especial.

- PUBLICIDAD -

Gracias por tu email. Lo leí antes de dormir en una noche rara. Está habiendo noches raras últimamente. Y me he levantado con la idea de decirte que soy muy feliz de ser tu amigo. Y tu compañero de escribir. Me decías que se te desdibuja el quién soy. Así que me he propuesto un ejercicio. Escribirte sobre quién eres para mi. Suena raro hacerlo aquí, lo sé. Pero lo hago a sabiendas de que puede que haya quién no entienda el porqué del contexto. Pero tú confía en mi. Por una vez, vamos a hacer como que nos dan igual los demás, ¿vale?

Tú. Tú eres escritora. ¿Y qué es escribir? Me decía el otro día un buen amigo lo siguiente: “Leo auténticas mierdas que son aupadas a la categoría de imprescindible no por lo que se dice sino por quién lo dice”. Eso no pasa contigo. Ni permites escribir desde un reconocimiento ya otorgado que a muchos confiere una zona de confort desde la que hablar con mucha certeza, ni escribes en busca de palmaditas en el hombro.

Siempre que te he leído lo haces intentando entender el tetris que nos ha tocado vivir. Intentando entender ese zumbido, lleno de noticias a diario sobre corrupción, lleno de escandalosas máquinas de producir nueva política y de amigos que se meten a concejales; lleno de cuentas corrientes al borde del número rojo, de jóvenes de 40 años sin casa y sin trabajo, de Merkels, Bárcenas y Monederos; lleno de twits, emails, entregas, retrasos y presupuestos de mierda; lleno de vulnerabilidad. Pero no solo de la vulnerabilidad con la que se nos llenan los textos cuando escribimos sobre interdependencia. Sino de vulnerabilidad de esa con hernías de hiato, reflujo gástrico, contracturas perennes, mareos, dolores de cabeza y todo tipo de malestares que nos recuerdan que nuestro cuerpo no aguantará para siempre este ritmo. No aguantará de por vida este zumbido y este zarandeo. Tú nos ayudas. Leerte es terapeútico. Siempre nos alejas de ese ruido tormentoso y nos llevas de la mano a un lugar donde pasamos de preocuparnos a ocuparnos de los problemas. Nos ayudas a hacernos cargo de nuestro desasosiego.

Tú y yo somos muy de preocuparnos por lo que piensa el resto. Por supuesto (y contradiciendo un poquito lo que te decía antes) tiene que ver con el reconocimiento social. Nadie escribe para el espejo aunque luego mirarnos en él sea algo que hacemos con relativa frecuencia. Pero sé que en tu caso hay una genuina preocupación por dejarte afectar y afectar al otro cuando escribes. Quizás a veces demasiado. Por eso querrías dejar de usar Twitter un tiempo, ¿no? Quizás Twitter tenga la culpa de nuestro desarreglo identitario. O sea, Twitter no solo como empresa que capitaliza nuestras conversaciones y no nos paga por ello, sino Twitter como un lugar donde vivir conectados continuamente al otro. Un lugar donde leer las vidas de otros y buscar un resquicio para insertar la nuestra. Rajoy, Merkel y Twitter tienen la culpa. 

Volvamos a hablar de nosotras. Sí, de nosotras ;) Me has enseñado mucho sobre feminismos. Pero no sobre feminismo hipster, como dice Leticia Roig (que por cierto, qué tema ese, ¿eh? Cuando más necesitan los feminismos la exposición pública, ésta se vuelve un conflicto, quizás porque la propia noción de “exponerse” esté muy vinculada un sistema baado en la competición en el que ya vivimos, ¿no? Lo hablaremos...). Tú me has enseñado mucho de feminismo de retaguardia. Feminismo del que no hace falta presumir ni nombrar. Se practica. Se hace. Eres muy cuidadosa. Siempre haces sentir que los demás ocupan un lugar importante en una conversación, por ejemplo. Te preocupas no solo de lo formal sino de todo lo que se desborda de lo formal. Cuidas escribiendo y eres cuidadosa en persona. Me gusta tu forma de estar en el mundo. Aunque a veces seas un poco locuela y te encante la capacidad transformadora de la chorrada (en eso eres como Fran; por cierto, ¿has visto la imagen de Chiquito con el logo de Podemos y diciendo "No Puedor!"?), lo cierto es que sé que en el fondo las usas como carnaval de distracciones y que estás escuchando aún cuando parece que no lo estás haciendo. Porque tú escuchas atentamente. Asintiendo mucho mientras lo haces. 

Por último, se me ha ocurrido una metáfora que te define y que también justifica que este texto sea en abierto y pueda ser leído por otra gente. Vivimos en un mundo donde necesitamos que todo sea más deprisa. Vivimos enganchados a la actualización. De software. De noticias. De todo. Nos hemos obsesionado tanto con la velocidad que hemos inventado una máquina que acelera partículas para entender mejor el funcionamiento del universo. Pero mientras tanto no hemos sido capaces de desacelerar los efectos de la crisis. No hemos sido capaces de decrecer económicamente. De detener esta locura capitalista.

Quizás en vez de aceleradoras de partículas, necesitamos desaceleradoras de partículas. Cómo tú. Que lo desaceleras todo cuando escribes y te leemos. La realidad necesita personas como tú. Por eso lo escribo aquí y no en privado. Para que todo el mundo se entere que necesitamos más gente como tú. O quizás solo lo hago para recordarte quién eres para mi.

Te quiero.

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha