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Periodismo a pesar de todo

Las mujeres que luchan (y ganan) la batalla contra el sida

La mitad de los adultos VIH-positivos son mujeres. El sida es la principal causa de muerte de las mujeres en edad fértil.

En África subsahariana, sólo el 59% de mujeres embarazadas que viven con VIH reciben tratamiento de Prevención de la Transmisión del virus de Madre a Hijo, lejos del objetivo del 90% marcado por Naciones Unidas para 2015.

Esta es la historia de algunas de esas miles de mujeres africanas que luchan contra el VIH/Sida y la ganan día a día.

Carmen Jose-Panti tiene 33 años. Vive junto a su marido Victorino y dos niños en Tete, un municipio a orillas del río Zamberi, en el norte de Mozambique. Supo que era VIH-positiva en 2007 y comenzó el tratamiento antirretroviral en 2009. Fotografía: Brendan Bannon

Carmen Jose-Panti tiene 33 años. Vive junto a su marido Victorino y dos niños en Tete, un municipio a orillas del río Zamberi, en el norte de Mozambique. Supo que era VIH-positiva en 2007 y comenzó el tratamiento antirretroviral en 2009. Fotografía: Brendan Bannon

“El día que supe que era VIH-positiva volví llorando del hospital, no sabía qué hacer. Fue mi hermana la que me animó a seguir las indicaciones del médico. Ahora tomo mis pastillas dos veces al día, a las siete de la mañana y a las siete de la tarde”, explica Carmen. Fotografía: Brendan Bannon

“El día que supe que era VIH-positiva volví llorando del hospital, no sabía qué hacer. Fue mi hermana la que me animó a seguir las indicaciones del médico. Ahora tomo mis pastillas dos veces al día, a las siete de la mañana y a las siete de la tarde”, explica Carmen. Fotografía: Brendan Bannon

Carmen: “Voy al centro de salud a recoger los medicamentos para los miembros de mi grupo y para mí. En el grupo comunitario, somos como una familia y si alguien está enfermo vamos a buscarle agua o a limpiarle o a cocinarle”. Fotografía: Brendan Bannon.

Carmen: “Voy al centro de salud a recoger los medicamentos para los miembros de mi grupo y para mí. En el grupo comunitario, somos como una familia y si alguien está enfermo vamos a buscarle agua o a limpiarle o a cocinarle”. Fotografía: Brendan Bannon.

“Siempre que va con el grupo comunitario regresa con muchas cosas que contar. Tener responsabilidades le ayuda a mantenerse con buena salud. Nunca me ha pasado por la cabeza irme y abandonarla. Ella es parte de mí”, dice Victorino. Fotografía: Brendan Bannon

“Siempre que va con el grupo comunitario regresa con muchas cosas que contar. Tener responsabilidades le ayuda a mantenerse con buena salud. Nunca me ha pasado por la cabeza irme y abandonarla. Ella es parte de mí”, dice Victorino. Fotografía: Brendan Bannon

“El tratamiento ha cambiado realmente mi vida. Mi hija también me ha dado un gran apoyo, como el de una buena amiga. Por la noche voy a una escuela nocturna; me gustaría llegar a la universidad. Lo que puedo decirle a las personas con VIH es que no tengan miedo. No es el final de tu vida”, relata Carmen. Fotografía: Brendan Bannon.

“El tratamiento ha cambiado realmente mi vida. Mi hija también me ha dado un gran apoyo, como el de una buena amiga. Por la noche voy a una escuela nocturna; me gustaría llegar a la universidad. Lo que puedo decirle a las personas con VIH es que no tengan miedo. No es el final de tu vida”, relata Carmen. Fotografía: Brendan Bannon.

Jessica tiene 18 años y vive en Tsholotsho con sus cuatro hermanos, a los que cuida desde que su madre murió a consecuencia del VIH y su padre se fue a trabajar a Sudáfrica. Jessica también es portadora del VIH del que se contagió de su madre durante el embarazo aunque esto no le ha impedido poder luchar por una vida normal ““Para mi es fácil seguir con el tratamiento: cada mañana tomo una pastilla y antes de irme dormir tomo otra. Mi vida es normal, ya no tengo miedo”. Fotografía: Pedro Ballesteros

Jessica tiene 18 años y vive en Tsholotsho con sus cuatro hermanos, a los que cuida desde que su madre murió a consecuencia del VIH y su padre se fue a trabajar a Sudáfrica. Jessica también es portadora del VIH del que se contagió de su madre durante el embarazo aunque esto no le ha impedido poder luchar por una vida normal ““Para mi es fácil seguir con el tratamiento: cada mañana tomo una pastilla y antes de irme dormir tomo otra. Mi vida es normal, ya no tengo miedo”. Fotografía: Pedro Ballesteros

Toni Moyo, líder de grupo de apoyo a mujeres en Tsholotsho, tiene 35 años y dos hijos. Vive en Manxibana (Zimbabwe) y lleva 5 años como ‘madre tutora’ asesorando a las madres seropositivas para que acepten el VIH y, sobre todo, para que sigan los programas de prevención de la transmisión del virus del VIH de madre a hijo. Fotografía: Pedro Ballesteros

Toni Moyo, líder de grupo de apoyo a mujeres en Tsholotsho, tiene 35 años y dos hijos. Vive en Manxibana (Zimbabwe) y lleva 5 años como ‘madre tutora’ asesorando a las madres seropositivas para que acepten el VIH y, sobre todo, para que sigan los programas de prevención de la transmisión del virus del VIH de madre a hijo. Fotografía: Pedro Ballesteros

Cynthia, comadrona en el programa de Prevención de la Transmisión del VIH de Madre a Hijo de MSF en Tsholotsho, lleva más de la mitad de su vida ayudando a dar a luz. A Cynthia se le ilumina la cara cuando habla del momento del parto: “las madres no están enfermas, simplemente embarazadas. Están doloridas y asustadas, y me dedico a tranquilizarlas y ayudarlas en ese momento importante de su vida. Son tan felicites cuando, después de haber seguido el programa, ven que sus hijos son negativos”, explica Cynthia. Fotografía: Susana Oñoro

Cynthia, comadrona en el programa de Prevención de la Transmisión del VIH de Madre a Hijo de MSF en Tsholotsho, lleva más de la mitad de su vida ayudando a dar a luz. A Cynthia se le ilumina la cara cuando habla del momento del parto: “las madres no están enfermas, simplemente embarazadas. Están doloridas y asustadas, y me dedico a tranquilizarlas y ayudarlas en ese momento importante de su vida. Son tan felicites cuando, después de haber seguido el programa, ven que sus hijos son negativos”, explica Cynthia. Fotografía: Susana Oñoro

La música es una de las mejores maneras de comunicarse en África. Mediante ésta se explica a los afectados y sus familias que no están solos, que hay tratamiento para estabilizar la enfermedad y que hay que combatir el estigma. Es el mensaje que lanzan los coros de grupos de apoyo formados por mujeres que tienen la enfermedad y están en tratamiento. Ellas representan un ejemplo a seguir porque transmiten una actitud abierta y positiva ante el VIH/sida. El coro Khumbula se creó en 2009 en Zimbabue y en la actualidad cuenta con más de 80 integrantes, la mayoría mujeres. Fotografía: MSF

La música es una de las mejores maneras de comunicarse en África. Mediante ésta se explica a los afectados y sus familias que no están solos, que hay tratamiento para estabilizar la enfermedad y que hay que combatir el estigma. Es el mensaje que lanzan los coros de grupos de apoyo formados por mujeres que tienen la enfermedad y están en tratamiento. Ellas representan un ejemplo a seguir porque transmiten una actitud abierta y positiva ante el VIH/sida. El coro Khumbula se creó en 2009 en Zimbabue y en la actualidad cuenta con más de 80 integrantes, la mayoría mujeres. Fotografía: MSF

Las canciones, melodías y ritmos de estos coros explican que la unión hace la fuerza y que, con tratamiento, hay un futuro y una vida por delante. El coro Silethemba comenzó como un pequeño grupo de apoyo de mujeres con VIH/sida en una comunidad donde los prejuicios y la discriminación era moneda corriente. Esta fue la razón detrás del nombre que escogieron: Silethemba significa "tener esperanza". Fotografía: MSF.

Las canciones, melodías y ritmos de estos coros explican que la unión hace la fuerza y que, con tratamiento, hay un futuro y una vida por delante. El coro Silethemba comenzó como un pequeño grupo de apoyo de mujeres con VIH/sida en una comunidad donde los prejuicios y la discriminación era moneda corriente. Esta fue la razón detrás del nombre que escogieron: Silethemba significa "tener esperanza". Fotografía: MSF.

En colaboración con Médicos del Mundo y ONG locales que trabajan con personas viviendo con SIDA, MSF organizó un evento para resaltar la escasez de tratamiento con antirretrovirales  la República Democrática del Congo. El evento contó con un desfile de moda realizado por mujeres que viven con VIH para crear conciencia sobre el estigma que rodea a la enfermedad y demostrar que las personas seropositivas pueden llevar una vida sana y plena si tienen acceso al tratamiento. Fotografía: MSF

En colaboración con Médicos del Mundo y ONG locales que trabajan con personas viviendo con SIDA, MSF organizó un evento para resaltar la escasez de tratamiento con antirretrovirales la República Democrática del Congo. El evento contó con un desfile de moda realizado por mujeres que viven con VIH para crear conciencia sobre el estigma que rodea a la enfermedad y demostrar que las personas seropositivas pueden llevar una vida sana y plena si tienen acceso al tratamiento. Fotografía: MSF

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