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Rajoy en la boda de Maroto, a pesar de Rajoy

Todo el que ha pasado por esa edad en la que es más probable ser invitado a una boda que a un trago de ayahuasca sabe que, ante una invitación de boda, siempre hay que tener a mano una buena excusa por si fuera necesario escaquearse

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Rajoy y Maroto, en un acto electoral

Rajoy y Maroto, en un acto electoral

Todo el que ha pasado por esa edad en la que es más probable ser invitado a una boda que a un trago de ayahuasca sabe que, ante una invitación de boda, siempre hay que tener a mano una buena excusa por si fuera necesario escaquearse del bodorrio a última hora. Y Mariano Rajoy tiene la mejor excusa que nadie ha tenido para no asistir a una boda: "España se rompe y, casualmente, soy presidente de España. Como comprenderás, Javier, no puedo ir".

Y, sin embargo, Mariano Rajoy sí acudirá a la boda de Javier Maroto, vicesecretario sectorial del PP (el número 4 del partido), aunque puede que, en un alarde de marianismo y como dice Antón Losada, Rajoy vaya a la boda de tal manera que parezca que no ha ido.

Este viernes Maroto se casa con su novio y la asistencia de Mariano Rajoy ha suscitado cierto revuelo en el PP: algunos miembros del Gobierno y el partido  consideran que Rajoy no debería asistir a la boda ya que él mismo asumió personalmente la decisión de recurrir ante el Constitucional la ley que regula el matrimonio homosexual, al entender que desnaturalizaba "la institución básica del matrimonio". "El matrimonio siempre ha sido una institución entre un hombre y una mujer", decía Rajoy en 2005. Era la edad dorada del Spanish Tea Party, cuando dirigentes del PP como Mayor Oreja, Acebes, Cañete, Pastor y Zaplana  se manifestaban junto a Rouco por las calles de Madrid bajo el lema "Por el derecho a una madre y un padre".

Han pasado diez años y ha llovido mucho (a Rajoy le dio tiempo hasta de ganar, por fin, unas elecciones), pero no ha pasado tanto tiempo desde que el Tribunal Constitucional decidió rechazar el recurso de Rajoy contra el matrimonio homosexual. Fue antes de ayer: el 6 de noviembre de 2012. Durante 8 años, Rajoy mantuvo en los tribunales su oposición a la ley. En ese tiempo, 22.000 parejas contrajeron matrimonio.

Maroto y su novio se van a casar con la presencia de Rajoy y a pesar de Rajoy.

No es la primera vez que alguien en el PP celebra en privado lo que persigue en público. Me contaba en cierta ocasión un exdirigente socialista que en la antesala del debate sobre el 'divorcio express' se le acercó un senador del PP y le dio las gracias por sacar adelante la ley –que no apoyaba el PP– porque iba a servir de ayuda a un familiar.

En todo caso, la decisión de Rajoy de acudir a la boda no es tanto un ejercicio de cinismo como la evolución a trompicones de un partido conservador que, una vez más, se ve arrastrado por la sociedad a la que pretende representar. El tren está lleno y mientras la minoría retrógrada de  "las peras y las manzanas" masculla su rencor en el bar, Rajoy y los suyos se han colado sigilosamente en el vagón de la mayoría.

Bienvenido, señor presidente, aunque sea tarde y a empujones.

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