eldiario.es

Menú

eldiarionorte Cantabria eldiarionorte Cantabria

Los aparecidos

Bien, Elisa, solo voy a descomponerte celularmente pero luego intentaré que cada célula vuelva a su sitio, casi no te va a doler. Se oyeron unas carcajadas pero Elisa permaneció muy seria. El mago estaba maquillado y hablaba con mucha afectación tratando de sugestionar al público. 

- PUBLICIDAD -

El mago propuso un gran desafío que llevaría a cabo en la plaza del ayuntamiento. Voy a hacer aparecer y desaparecer a trece personas, dijo. Será, aseguró, un nuevo récord mundial.  Se pegaron carteles anunciando el acontecimiento por toda la ciudad. El día del gran desafío el mago escogió al azar a cuatro hombres, seis mujeres y tres niños. Una de las mujeres se negó a participar en el número pero el mago la arrastró al centro de la plaza y ella, un poco incómoda, no supo reaccionar.  ¿Cómo te llamas?, preguntó el mago. Elisa, respondió ella. Bien, Elisa, solo voy a descomponerte celularmente pero luego intentaré que cada célula vuelva a su sitio, casi no te va a doler.  Se oyeron unas carcajadas pero Elisa permaneció muy seria. El mago estaba maquillado y hablaba con mucha afectación tratando de sugestionar al público. Es algo que nunca antes se ha hecho, explicó. Necesitaré de una gran concentración mental para que todos desaparezcan y vuelvan a aparecer. En la plaza había dos cajas gigantes, una negra y otra blanca. Una música atronadora comenzó a sonar y la ayudante del mago animó al público a que diese palmas mientras los trece voluntarios eran introducidos dentro de la caja negra. Los más pequeños parecían asustados. Uno comenzó a llorar e intentó salir pero el mago lo empujó haciendo una broma y cerró la puerta. Se oyó a una mujer gritar: ¡Carlitos, es solo un truco, no llores! El mago aseguró la caja con siete candados  para cerciorarse de que nadie podría salir de allí.  En ese momento el técnico de sonido apagó la música, el público dejó de dar palmas y se hizo el silencio.

El mago abrió la caja blanca y comenzaron a salir de su interior los trece voluntarios. Cuando estuvieron en el centro de la plaza una mujer gritó ¿Dónde está Carlitos? Y siguió gritando angustiada: ¡Carlitos!, ¡Carlitos!

El mago se puso muy serio y comenzó a dar vueltas alrededor de la caja, acariciándola. Más tarde se alejó unos metros y la observó fijamente mientras se llevaba las manos a la cabeza, como si hubiera dentro de su cabeza una tensión que su cabeza no podía soportar. Pasados unos minutos dijo: ya está. Y lo repitió varias veces, como si se sacudiera una gran fatiga de encima: Ya está, ya está, ¡ya está! ¡Creo que lo he conseguido!, anunció. Acto seguido encendió una mecha y la caja negra explotó abriéndose de golpe y mostrando a todo el mundo un interior vacío. La gente que contemplaba el espectáculo comenzó a aplaudir enloquecida. La música comenzó a sonar de nuevo. La plaza era una fiesta.

El mago abrió la caja blanca y comenzaron a salir de su interior los trece voluntarios. Cuando estuvieron en el centro de la plaza una mujer gritó ¿Dónde está Carlitos? Y siguió gritando angustiada: ¡Carlitos!, ¡Carlitos! Un joven preguntó por Elisa. Se empezaron a escuchar otros nombres: ¡Carolina!, ¡Roberto!, ¡Jimena!, ¡Lucía!,  ¡Miguelín!, ¡Anita!, ¡Rafa!, ¡Moncho!, ¡Paz!, ¡Jaime!, ¡Teresa! En el centro de la plaza cuatro hombres, seis mujeres y tres niños miraban al público y sonreían. ¿Dónde está mi hija?, comenzó a sollozar nerviosa una mujer.  ¿Dónde está mi mujer?, preguntó inquieto un jubilado. El mago parecía un tanto incómodo mientras un rumor comenzó a crecer entre el público. De pronto un niño salido de la caja blanca gritó: ¡Mamá! Y corrió hacia una señora que lo recibió con extrañeza. Una mujer abandonó el centro de la plaza, se acercó al joven que no dejaba de preguntar por Elisa y le dio un beso en la boca que él no supo rechazar. Los trece aparecidos fueron acercándose al público y comenzaron a abrazar, a besar y a coger de la mano a todos los que preguntaban por una pareja, por un hijo, por un amigo. Todos fueron acogidos con cierta resistencia pero se comportaban con tanta naturalidad, el mago parecía tan alegre y la gente aplaudía con tanta fuerza  que, pese a alguna tímida protesta, ninguno de los aparecidos fue rechazado.

- PUBLICIDAD -
- Publicidad -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha