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Tres mujeres copan el podium de las mejores películas de 2017

La cosecha cinematográfica de 2017 ha sido generosa. Destacan en mi opinión tres cintas excelentes. Las tres realizadas por mujeres cineastas

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"La seducción" feminista de Sofia Coppola y "La Torre Oscura", en cartelera

EFE

La cosecha cinematográfica de 2017 ha sido generosa. Destacan en mi opinión tres cintas excelentes. Las tres realizadas por mujeres cineastas. Vayamos por orden cronológico de su estreno.

Primera, 'La seducción' de Sofía Coppola. Una película muy mal comprendida por crítica y público. La crítica se cebó con ella comparándola con el film de Don Siegel de 1971, protagonizado por Clint Eastwood, del que era un remake. En la comparación la película de Sofia Coppola salía, injustamente, mal parada. Pocos se preocuparon de analizar la cinta de Sofía Coppola por lo que ella misma ofrecía. Que era mucho y de enorme calidad. Un estilo visual elegante pero no esteticista. Un retrato de los personajes sincero y directo, pero nunca vistos desde la posición de alguien que juzga en el siglo XXI los conflictos de mujeres del siglo XIX, un enfoque que hubiera trivializado los dilemas de los personajes y arruinado la película. El dibujo dramático y psicológico de los caracteres es así muy coherente. Incluso Coppola logra construir un personaje dramático del protagonista masculino, interpretado por Colin Farrell, del que no sabemos nada de su pasado. Incluso ignoramos si es un desertor. La obra de Coppola tiene personalidad y autonomía propia. Diría que los cambios respecto del original, prescindir de la trama esclavista y la mirada misógina, herederas de la época en que fue realizada la película de Don Siegel, fueron decisiones muy inteligentes. El cadáver del personaje de Colin Farrell está bien fuera de los dominios de estas mujeres. El público de hoy entiende perfectamente la complicidad entre este grupo de mujeres. Ganamos en sutileza lo que perdemos en lenguaje directo y crudeza.

Segunda, 'Detroit', de Kathryn Bigelow, una cineasta que ha logrado situarse en lo más alto de la industria de Hollywood en un género poco transitado por las mujeres: el cine de acción de gran presupuesto. La oscarizada 'En tierra hostil' (2008), un film sobre un artificiero adicto al peligro en la guerra de Irak y 'La noche más oscura' (2012), sobre la caza y captura de Osama bin Landen, son una buena muestra. Bigelow se maneja con soltura en esta clase de películas, además de tener una mirada poco complaciente sobre la sociedad norteamericana.

'Detroit' cuenta la historia de los altercados raciales que se produjeron en esta ciudad durante cinco días del mes de julio de 1967, donde acabaron muriendo 43 personas, la mayoría afroamericanos. Una estructura en tres actos donde los dos primeros brillan con luz propia. Una primera parte filmada como un docureportaje. Un segundo acto, una larga secuencia donde se relata el proceso de tortura física y psicológica que un jefe de patrulla de policía ejerce sobre un grupo de hombres y mujeres inocentes. Un tercer acto, filmado con más desgana, donde se cuenta el juicio sobre los presuntos culpables y él itinerario posterior de los personajes. Bigelow parece recordarnos que de aquellos polvos vinieron esos lodos y que las heridas todavía no han cicatrizado.

Por último, 'En realidad, nunca estuviste aquí' de la escocesa Lynne Ramsay, un thriller psicológico interpretado por un desaforado Joaquin Phoenix que cuenta la historia de un justiciero solitario que se dedica a salvar a niñas que son explotadas sexualmente. Un 'Taxi Driver' puesto al día. Una película de una cineasta a la que le gusta contar historias incómodas con un estilo visual complejo y muy personal, capaz por ejemplo de resolver secuencias de violencia desde el punto de vista de la cámara de seguridad de un burdel. El fuera de campo como marca de estilo en una película tan violenta como ésta no es mal desafío. Chapeau. Algo más a su favor. Nueva York visto como un paisaje donde se desarrolla el drama, sin adquirir un rol protagonista. Solo una pega: al contrario que el personaje de Colin Farrell en la película de Coppola, aquí el de Joaquin Phoenix tiene un pasado demasiado explícito.

¿Qué es lo que tienen en común las tres películas, al margen de que estén realizadas por mujeres consolidadas en la industria cinematográfica? Miradas complejas -nada convencionales- sobre el alma y  condición humana, así como vocación para indagar en los conflictos políticos y sociales, todo ello con estilos muy personales, alejados de los fuegos artificiales de los superhéroes y de las guerras galácticas. Nos hablan con hondura de lo que ven a su alrededor y tienen talento para conciliar lo que cuentan con la forma de mostrarlo. En plena efervescencia del movimiento metoo esto son también buenísimas noticias.

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