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Euskadi descubre la amenaza yihadista

En alerta antiterrorista 4 de 5 desde hace año y medio, en los últimos meses se han producido varias operaciones policiales en un territorio en el que el principal factor de preocupación es ser zona fronteriza y de tránsito

De la radicalización en las mezquitas se ha pasado al autoadoctrinamiento en Internet y redes sociales

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Exmiembro GAL detenido por yihadismo declara hoy en la Audiencia Nacional

El exmiembro del GAL detenido por yihadismo, en la Audiencia Nacional EFE

Hasta finales de octubre, la estadística oficial del Ministerio del Interior tenía registradas en Euskadi apenas seis operaciones contra el yihadismo desde 2012 con un total de siete personas detenidas. Pero ahora, en un corto período de tiempo, ha habido dos actuaciones policiales y tres detenidos, a los que hay que sumar otro arrestado en Segovia, un irunés que fue mercenario del GAL y que ahora estaba dispuesto a atentar en nombre de Alá. ¿Hay una nueva amenaza terrorista en el País Vasco ahora que ETA va quedando relegada en el olvido?

La comunidad autónoma, como el resto de España, se halla en alerta antiterrorista 4 de 5 desde 2015. Ya lo estaba incluso antes de los atentados de noviembre en París. Concretamente, desde junio de 2015 no se ha rebajado el nivel de riesgo. En el caso de la Ertzaintza, como Policía principal, ello obliga a la realización de informes semanales de riesgos, a trabajar con determinadas prevenciones operativas (que los agentes y sindicatos consideran insuficientes) y a realizar un control de determinados lugares y eventos considerados “estratégicos”. Policía Nacional y Guardia Civil, con competencias en la materia, también han redoblado sus esfuerzos y parte del contingente antes encargado de la lucha contra ETA ahora se ha reciclado para combatir el nuevo terrorismo internacional.

Detenidos por yihadismo en España desde 2012

Detenidos por yihadismo en España desde 2012 MINISTERIO DEL INTERIOR

Altas fuentes policiales explican que en Euskadi no existe a día de hoy un riesgo especial de atentado. Esa posibilidad, al menos, no se ha puesto sobre la mesa del denominado CITCO, la nueva mesa nacional de seguridad que sienta a todos los cuerpos policiales de España, incluidos Ertzaintza y Mossos d’Esquadra, aunque todavía no sean miembros de pleno derecho. Pero el País Vasco, coinciden distintos analistas, “no es una isla”. De hecho, el que sea una zona fronteriza con uno de los países europeos más presionados por el yihadismo como es Francia lo convierte en un punto de mucho tránsito de personas. Además, ya se han constatado casos de personas radicalizadas en Álava, Bizkaia o Gipuzkoa que si bien no tenían planes de atentar aquí sí estaban dispuestos a sumarse a lo que ellos interpretan como una “guerra santa”.

Batallas internas en el Islam

En el País Vasco residen unos 50.000 musulmanes. Un elemento muy importante a tener en cuenta es que no es una comunidad homogénea y que no puede ser tratada como tal. Primeramente, porque el nivel de radicalización afecta a una ínfima parte. La inmensa mayoría tiene muy claro que Islam verdaderamente significa paz. La Ertzaintza, de hecho, incorpora en su plan contra el yihadismo también medidas contra la islamofobia. Sin embargo, en Bilbao, su Policía Municipal remó en la dirección contraria al incluir como “objetivos a localizar y detener” en un plan operativo contra la delincuencia común esta Navidad a los “varones magrebíes con mochilas”.

Un segundo elemento importante es que la comunidad musulmana vasca reproduce en su seno las mismas divisiones internas que tiene el mundo islámico a nivel global. Para empezar, hay suníes y chiíes. Y en suelo vasco se dirime también la batalla soterrada entre el Islam oficial de Marruecos y el opositor ilegalizado, vinculado a Justicia y Desarrollo. Eibar o Rentería son lugares donde este grupo que no reconoce al rey Mohamed VI como líder espiritual ha ganado posiciones. El pasado verano saltaron a la primera línea por querer centralizar en San Sebastián un centro de estudios, la llamada Universidad Islámica, a la que se ha acusado de cierto radicalismo.

Ello contrasta con toda una intensa diplomacia de Marruecos para estrechar lazos con España y con Francia. Este país, de hecho, ya ha acordado que muchos imames se formen en Marruecos. Francia gana un Islam moderado y controlado frente al radicalismo y Marruecos refuerza su posición de liderazgo en el mundo árabe. Pretenden lograr lo mismo en España, siempre desde la premisa de que, a diferencia del catolicismo con su Vaticano, el Islam no tiene una única autoridad doctrinal.

Finalmente, es una evidencia que en Euskadi no hay mucha presencia de sauditas o iraníes. Pero es igualmente evidente que Arabia Saudí está inyectando dinero en toda Europa para que se haga proselitismo del wahabismo, su doctrina ortodoxa, y que Irán, en menor medida, también mueve sus hilos. También en Euskadi, aunque la consejera de Seguridad, Estefanía Beltrán de Heredia, no respondiera a una pregunta a ese respecto que se le planteó en el Parlamento.

Es en este contexto donde se han dado los casos de radicalización detectados en Euskadi, que en todo caso no tiene una amenaza tan grande como la existente en Cataluña, Ceuta y Melilla, los principales focos de yihadismo en España.

La Margen Izquierda, por ejemplo, acogió hace unos años un importante congreso salafista, con predicadores venidos de muchas partes de Europa y Oriente. Algunas mezquitas vascas, además, habitualmente han servido de albergues para esos imames que hacen rutas por Europa con mensajes no siempre homologables a los valores centrales del Islam. Asimismo, la agobiante presión policial en Francia tras los atentados de París ha hecho que muchas personas de la zona fronteriza acudan a oratorios en Gipuzkoa. Rentería, por ejemplo, está fuertemente vigilada y tanto Ertzaintza como Policía Nacional han realizado allí operaciones antiterroristas en el último año.

Yihad 2.0 y mártires en Oriente

Pero los procesos de radicalización son cada vez más individuales, más alejados de la mezquita y completados casi en solitario a través de Internet y de las redes sociales. Esta yihad 2.0 es mucho más difícil de controlar. En Euskadi, fue sonado el caso de Redouan Bensbih. Aunque usaba Facebook para colgar fotografías suyas con larga barba y un AK-47 en la mano, fue radicalizado al modo clásico, en la mezquita salafista de Barakaldo, Attawhid. Se enroló en la franquicia de Al Qaeda en Siria, Al Nusra, y acabó muerto en marzo de 2014.

A excepción de ese caso, el resto de perfiles conocidos responden más a terroristas individuales (“lobo solitario” es una definición que suscita controversia entre los expertos). ¿Cómo se radicalizó, por ejemplo, Gisella Cárcamo? Rebautizada como Nadia Chahbi tras su conversión al Islam, Cárcamo es una mujer chilena que aparentemente llegó a España para estudiar en la Universidad de Navarra, donde conoció a su pareja, un hombre tunecino que también estudiaba allí Informática. El matrimonio, formalizado por el rito islámico, vivió en Burlada y se acabó instalando en la Rioja Alavesa, en Lanciego. Luego se hizo popular en Vitoria (y en los platós de las televisiones de media España) porque ella denunció a Osakidetza luego de que un médico le pidiera a ella que se retirara el velo en una exploración durante su embarazo.

Algunos años después, ambos participaron en la heterogénea insurgencia contra Al Asad en Siria e intentaron impactar un camión contra un convoy militar. Fallaron y él resultó abatido por los militares y ella quedó detenida. La televisión oficial del régimen sirio dio a conocer el caso de esta mujer con una entrevista en perfecto castellano con subtítulos en inglés y en árabe. En ella, la joven repetía que nunca fue una terrorista.

¿Atentado con un camión?

Los perfiles de los detenidos en las últimas semanas de 2016 también dibujan enrevesadas historias de vida. El 30 de noviembre, la Guardia Civil precipitó en Irún, en la frontera, el arresto de un transportista que vivía en Vitoria y que estaba vinculado a un grupo de personas relacionadas con una tetería de Pamplona en la que las fuerzas de seguridad ya se plantaron en 2013. Allal El Mourabit, que fue detenido cuando regresaba de Alemania a bordo un camión de gran tonelaje con el que solía recorrer distintos países europeos, tenía previsto cometer un atentado como el de Niza del pasado mes de julio o el de Berlín de hace unos días. Aparentemente, se le había impedido el acceso a Siria y por eso quería actuar en suelo europeo.

Domicilio en Vitoria del detenido acusado de planear un atentado con un camión

Domicilio en Vitoria del detenido acusado de planear un atentado con un camión I.R.

Más complejo aún es el perfil del último detenido, Daniel Fernández Aceña. Natural de Irún, fue mercenario de los GAL y llegó a ser condenado por pertenecer a este grupo terrorista surgido en las cloacas del Estado. Ahora, tras un proceso de radicalización del que no se han dado muchas pistas, habría abrazado es radicalismo yihadista y estaba dispuesto a inmolarse en un autobús en una zona turística de Segovia, donde fue detenido. Ya antes otra persona natural de Zumarraga (Gipuzkoa) había sido acusada de yihadismo.

Según Hithem Abdulhaleem, psicólogo de origen jordano-palestino ahora vinculado a la Universidad de Deusto, no se puede ser optimista cuando “se está produciendo una reislamización” que genera personas fanáticas primero, radicales después y fundamentalistas en un último estadio. Él defiende que el Corán, que no ha sufrido alteraciones desde el siglo VII, tiene también una interpretación totalmente alejada de la violencia y su esperanza es que “hay ya figuras bastante importantes” que “están por la labor” de impulsar “un nuevo talante”. “No soy muy optimista, el panorama es nefasto, pero hay que llegar a transformarlo”, concluye.

El caballo de batalla de las fuerzas de seguridad parece el peinado de las redes sociales y otros sistemas telemáticos de comunicaciones. Desde 2015, según recuerda el fiscal superior del País Vasco, Juan Calparsoro, “el autoadoctrinamiento y posesión de material” es “un delito de terrorismo por imprudencia grave”. Sin embargo, sigue siendo extremadamente complejo ‘patrullar’ por el ciberespacio. Al igual que altos mandos policiales usan las tarjetas RIM de Blackberry para encriptar sus comunicaciones (lo que no es posible con las SIM), lo mismo hacen los terroristas. Y Telegram parece un escondite más seguro que Whatsapp.

Lo que queda es estrechar la colaboración policial para hacer frente a un fenómeno global. En el País Vasco, pese a todo, las relaciones entre los cuerpos españoles y también con agencias del resto de Europa están dando algunos frutos. El pasado verano, merced al trabajo con Bélgica, se pudo hacer un seguimiento preventivo a un vecino de Molenbeek relacionado con algunos de los implicados en los atentados de París que vino de vacaciones a Vitoria a visitar a un allegado. También en la capital vasca se han realizado controles a vehículos belgas gracias a la cooperación transfronteriza. "Pero en Euskadi no hay que estar más preocupados de lo debido”, ha sentenciado recientemente el lehendakari, Iñigo Urkullu. La consejera de Seguridad, Estefanía Beltrán de Heredia, sigue manteniendo que el nivel de alerta óptimo sería un 3 de 5 y no el 4 que se mantiene desde hace meses.

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