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Desmontando mitos sobre escuelas públicas e inmigración

Los debates sobre educación en España están lastrados por la dificultad de encontrar diagnósticos representativos y por la multitud de mitos alrededor de cómo funcionan los centros escolares

Si tenemos en cuenta el desequilibrio en la distribución de los alumnos según su clase social, los centros públicos no obtienen peores resultados que los privados y concertados

Del mismo modo, la concentración de inmigrantes en un centro escolar no tiene impacto en los resultados una vez descontadas las desigualdades de clase

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Los debates sobre educación en España suelen estar lastrados por dos hechos bastante lamentables. El primero, se refiere a la dificultad para encontrar diagnósticos y evaluaciones producidas a partir de datos representativos más allá de los casos particulares. Esto despeja el terreno a los argumentos ideológicos más banales. España vive en un severo subdesarrollo estadístico en materia de educación (eso si, conocemos con frecuencia la valoración de los líderes políticos).

Esta tara resulta del oscurantismo que domina las consejerías del área y del recelo a la transparencia de algunos mandamases que utilizan encuestas de diagnóstico y evaluación hechas con recursos públicos para poco más que comparar (en secreto) sus logros con los del vecino. Cierto, disponemos de PISA y otros estudios internacionales en los que afortunadamente participamos (¡faltaría más!) pero, con ellos, ¡ay!, muchos gestores creen satisfecha su obligación de producir buenos datos para la evaluación de los sistemas educativos. 

El segundo hecho, consecuencia del primero, es el recurso recurrente a lugares comunes y mitos folclóricos sobre cómo funcionan los centros escolares que, sin demasiado fundamento, son repetidos como mantras fosilizados en el saber colectivo: “[…] mi niño va a un colegio concertado porque los públicos… ya se sabe”, “[…] mi niña no irá a un colegio con muchos inmigrantes porque, claro, bajan la media”.

Es fácil desmontar algunas de estas afirmaciones más propias de la lógica del cuñadismo que de la profundidad analítica que el asunto requiere. Para ello es necesario disponer de información básica. Sirva esto también como ejemplo de lo útil que sería producir (y distribuir) buenos datos para informar políticas públicas y construir discursos realistas sobre temas tan cruciales como la equidad, o la educación y la diversidad.  

(1) Mi niño va a un colegio concertado porque los públicos… ya se sabe.

La idea de que los mejores centros son privados o concertados anida con frecuencia en las cabezas de las clases medias y acomodadas. Es cierto que la media en pruebas realizadas en materias clave como las matemáticas revelan una brecha que separa a los dos tipos de centros en más de 30 puntos cuando el 90% de los casos está entre los 346 y los 675. Sin embargo, este efecto bruto (panel de la izquierda del primer gráfico) no tiene en cuenta que el alumnado de los centros privados y concertados tiene un perfil socioeconómico medio más elevado que el de los públicos. Si recalculamos la brecha descontando el desequilibrio en la distribución de los alumnos según su clase social (panel de la derecha), vemos que los centros públicos y los privados/concertados obtienen resultados prácticamente idénticos. 

Gráfico 1. Efecto bruto y neto de la titularidad de los centros sobre puntuaciones en matemáticas

Cebolla 1

Encuesta de Diagnóstico de la Educación Secundaria producida por el Ministerio de Educación. Resultados HLM. 

En España, los centros públicos no son en media mejores ni peores que los privados. Sus resultados netos son iguales. La brecha que los separa no parece deberse a diferencias en la calidad de los mismos sino al input de desventaja que recibe cada centro debido a las diferencias en los recursos que acumulan los hogares. No es la titularidad del centro. Es la desigualdad en la distribución de la renta (y otros recursos de las familias). 

(2) Mi niña no irá a un colegio con muchos inmigrantes porque, claro, bajan la media

La idea de que la concentración de inmigrantes perjudica el rendimiento general es de nuevo sólo cierta en términos brutos (panel de la izquierda del Gráfico 2). Cuando tenemos en cuenta que los perfiles socioeconómicos de las familias que escolarizan a sus hijos en centros de alta concentración son más bajos que los de quienes asisten a otros centros, la caída en el rendimiento asociada a la concentración se reduce hasta desaparecer (panel de la derecha).

 

 

Gráfico 2. Efecto bruto y neto de la concentración de inmigrantes en los centros sobre puntuaciones en matemáticas

Cebolla 2

 

Encuesta de Diagnóstico de la Educación Secundaria producida por el Ministerio de Educación. Resultados HLM. El porcentaje de inmigrantes fue calculado, no sin riesgo, a partir de la muestra de estudiantes de cada colegio.

 

No se puede por tanto decir que la concentración de inmigrantes perjudique el rendimiento general. El perjuicio viene más bien de la concentración de alumnado en desventaja socioeconómica y esto es común a los colegios con más y con menos inmigrantes. No es la inmigración, es la desigualdad en la distribución de la renta (y otros recursos de los hogares).

Los efectos de escuela en España, es decir cuánto peso tienen los centros en los resultados que obtienen los niños, apenas están en torno al 20% (dependiendo de los datos que utilicemos). Y la mayor parte de este 20% se explica por las diferencias socioeconómicas de los alumnados. Más que mejores y peores escuelas, hay centros a los que asisten niños con importantes ventajas de partida y otros en los que se escolarizan alumnos con más carencias relacionadas con los recursos de sus padres. Es cierto que las escuelas públicas y las que acogen a más inmigrantes tienen rendimientos medios más bajos. Pero no porque las primeras sean peores o porque en las segundas la presencia de inmigrantes perjudique el rendimiento. Es así porque en estos tipos de escuelas se concentran alumnos que proceden de hogares menos favorecidos.

¿Y ahora qué? Poco más podemos decir con datos españoles. Ahora toca recurrir a fuentes de otros países para estudiar con detalle estos y otros procesos e informar el debate más aplicado. Si no, siempre nos quedará la ideología para rellenar los huecos, la fuerza de la costumbre o asumir el coste de adoptar las intuiciones del líder más valorado en cada momento. 

 

 

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