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Opinión pública y populismo de extrema derecha

Un análisis más detallado de la opinión pública muestra que las bases anti-inmigración y anti-establishment de Wilders están lejos de ser mayoritarias en los Países Bajos

Los niveles más altos de sentimiento anti-inmigración los encontramos en Hungría, República Checa y Austria

Entender los fundamentos en la opinión pública nos puede dar pistas de por dónde puede evolucionar el éxito del populismo de extrema derecha en Europa durante los próximos años

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Geert Wilders, líder de la ultraderecha en Holanda

Geert Wilders, líder de la ultraderecha en Holanda CMS

El pasado 15 de marzo, los holandeses acudieron a las urnas en un ambiente de altísima expectación. Tras los primeros sondeos a pie de urna, el gran titular de la noche electoral fue que, tal y como venía anunciándose en las últimas encuestas, el populismo de extrema derecha de Geert Wilders no tuvo  finalmente el éxito esperado, quedando segundo a larga distancia del primer puesto del VVD liderado por el primer ministro Rutte.

Este resultado final plantea si la importancia del partido de Wilders no fue algo magnificada en los meses anteriores. Es cierto que las encuestas durante meses le daban como partido más votado y esto tiene un valor simbólico. Pero en realidad la expectativas de éxito de Wilders no se debían a su capacidad para ser un partido mayoritario (ni siquiera se preveía que subiera apenas su voto desde su techo en 2010), sino que se debía fundamentalmente a la caída en votos de los dos partidos de gobierno y a la mayor fragmentación de un sistema de partidos ya de por sí muy multipartidista.

Todo ello convertía a Wilders en candidato a ganar las elecciones sin siquiera alcanzar el 20% de los votos (nunca en Países Bajos se había ganado una elección con un porcentaje tan bajo y lo habitual ha sido que el partido ganador obtenga entre un 25% y un 30%). Al final, se ha quedado en el 13% y ni siquiera ha superado en votos sus registros de 2010.

Al hilo de estos resultados, querría mostrar unos datos sobre cuáles son las bases en la opinión pública europea para plataformas populistas de extrema derecha. Uno de los aspectos tal vez más llamativos para el observador externo ha sido precisamente que en Países Bajos, una sociedad tradicionalmente abierta en lo cultural y también muy consensual en lo político, una plataforma anti-partidos tradicionales y con un discurso xenófobo y anti-inmigración tuviera éxito. ¿Significaba esto que las bases del modelo holandés se habían erosionado?

Cuando hablamos de populismo (más allá de concepciones populares extendidas como que el populismo es las soluciones sencillas a problemas complejos), en ciencia política lo solemos entender como una ideología paraguas cuyo rasgo fundamental es generar una división entre dos bandos homogéneos y antagónicos: el pueblo y la élite gobernante. Muy recomendable en este sentido son trabajos como  este que perfilan y delimitan el concepto (también podéis leer este post de Guillem Vidal).

Esta ideología funciona como un molde que después se puede rellenar con discursos más específicos y más reconocibles dentro del espectro habitual de izquierda-derecha. Si bien muchas veces se mezclan entre sí, los populismos de derecha utilizarán el discurso antiestablishment para movilizar fundamentalmente alrededor del nacionalismo y la reacción frente al cosmopolitismo y la inmigración, mientras que el populismo de izquierdas enfatiza la recuperación de soberanía para aplicar políticas económicas más igualitaristas.

El caso de Wilders claramente encaja con el modelo de populismo de extrema derecha. Pero,  ¿cuáles eran las bases para el éxito de este discurso en la opinión pública holandesa? En realidad, cuando observamos los datos de opinión pública no parece que en ninguno de los dos componentes del populismo de extrema derecha que ha promovido Wilders, la sociedad holandesa presentara las bases para que esta sea un proyecto mayoritario. Indudablemente, puede atraer a un porcentaje relevante de la población, como finalmente ha sido el 13% de los votantes, pero la expectativa de una Holanda absolutamente entregada a la extrema derecha no es realista.

En primer lugar, el siguiente gráfico muestra datos para un buen número de países europeos del Eurobarómetro 80.1 de 2013 [1]. He seleccionado cuatro indicadores típicos del sentimiento de falta de representación de los ciudadanos: el grado de acuerdo (en una escala de 0 –totalmente en desacuerdo– a 3 –totalmente de acuerdo–) con la afirmación "mi voz no cuenta en [España]" y el porcentaje de ciudadanos que no confían en el gobierno, los partidos políticos y el parlamento.

Como se puede comprobar, los Países Bajos (identificados como "PB") siguen estando entre los países europeos donde los indicadores habituales de sentimiento anti-establishment son más bajos. Probablemente por el sistema electoral extremadamente proporcional que rige en Países Bajos, los ciudadanos siguen pensando que su voz cuenta en el país. Aunque hay un número muy importante de ciudadanos que no confían en los partidos políticos y el Parlamento, a nivel comparado Países Bajos  claramente tienen niveles de insatisfacción menores. La desconfianza en el gobierno, que en el momento de la encuesta era una gran coalición entre liberales y socialdemócratas, era tal vez el indicador en que hay un nivel algo mayor desde el punto de vista comparado, pero siguen sin estar a la cabeza.

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Fuente: Eurobarometro 80.1 de 2013

El gráfico en realidad muestra que los mayores niveles de insatisfacción política desde el punto de vista comparado están de hecho en el Sur de Europa. Esto está sin duda detrás de las recientes transformaciones de sus sistema de partidos e indica que el terreno más donde hay mimbres para plataformas puramente populistas –sin determinar si de izquierdas o derechas– que se nutran del sentimiento anti-establishment, ya que son los países donde los ciudadanos perciben más que su voz no cuenta y que el sistema de representación no funciona o genera mayor desconfianza.

En cualquier caso, el aspecto por el que más destaca el discurso de Wilders es por su posición en contra de la inmigración, principalmente la islámica, y por la defensa de los valores neerlandeses y occidentales. Esto, además, debería hacernos pensar si utilizando el término populismo para fuerzas como el PVV de Wilders no estamos blanqueando su verdadera ideología, dado que el componente populista probablemente es secundario en el conjunto del partido.

Más allá de que el contenido nacionalista y de protección cultural ha influido también en las posturas del resto de partidos en la derecha holandesa ( este artículo lo resume perfectamente), los datos de encuesta muestran que la posición de Wilders está lejos de ser mayoritaria en Países Bajos y, además, está bastante menos extendida que en otros estados europeos.

Utilizando datos de la Encuesta Social Europea (ola 7, 2014), el gráfico muestra el grado de acuerdo de los ciudadanos de un gran número de países europeos con cuatro afirmaciones (lamentablemente, la encuesta no se realizó en Italia, Chipre y Grecia que sí están en el gráfico anterior): "Los inmigrantes debilitan la vida cultural del país", "no se ha de permitir inmigrantes de diferente etnia a la mayoritaria", "los inmigrantes reciben más de lo que aportan en impuestos y servicios" y "los inmigrantes convierten el país en un peor lugar para vivir". Estas preguntas de encuesta permiten pulsar la sintonía de los ciudadanos con distintas dimensiones del populismo de derechas: la defensa de la cultura nacional, y la asociación de la inmigración con un uso privilegiado de los servicios públicos y la inseguridad.

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Fuente: Encuesta Social Europea 2014

Como se puede comprobar, las actitudes generales de los ciudadanos neerlandeses no son nada preocupantes en términos de tolerancia hacia la inmigración. Más bien al contrario. Se sitúan entre el cluster de países más tolerantes, junto con los países escandinavos y Alemania. Además, estos gráficos nos aportan algunas claves también sobre el recorrido de otros movimientos populistas de extrema derecha en el continente.

En primer lugar, en años recientes hemos visto también un crecimiento de los partidos anti-inmigración en los países escandinavos e, incluso, en Alemania con la emergencia reciente de Alternativa por Alemania. Estos partidos (sobre todo el último de cara a las elecciones de septiembre) también elevan la alerta. Pero el análisis un poco más detallado de la opinión pública muestra que habría que esperar que tengan un recorrido limitado. La multipolaridad y fragmentación partidista de países como Dinamarca o Noruega pueden hacer que, al igual ha ocurrido con Holanda, estos partidos obtengan un resultado importante en términos de su posición como partidos más votados, pero sería lógico pensar que las actitudes que observamos en la opinión pública les colocan un techo electoral claro.

En cambio, otros países parecen más propensos a la tormenta perfecta. Sobre todo en el este de Europa la República Checa y Hungría, que muestran niveles muy altos de opinión publica contraria a la inmigración y se sitúan en niveles medios de insatisfacción política (en algunos indicadores más cerca de los países del Sur que en otros). No es casualidad, por tanto, los éxitos del Partido Democrático Civico de Vaclav Klauys en Chequia o que el populismo de extrema derecha esté gobernando en Hungría con Orbán.

También vemos bases fuertes para el populismo de extrema derecha en otros lugares más cercanos, como Austria, donde Norbert Hofer, el candidato del FPÖ, ha estado a punto de ganar la elección presidencial hace unos meses. Incluso, creo que son destacables Reino Unido y Francia. Si bien no son un terreno tan fértil como Hungría, Chequia o Austria, ambos países suelen estar en niveles medio-altos tanto en sentimiento anti-establishment como anti-inmigración (Francia demuestra niveles de insatisfacción política algo mayores que Reino Unido, y el rechazo de la inmigración parece mayor en Reino Unido). Entender estos fundamentos nos puede dar pistas de por dónde puede evolucionar el éxito del populismo de extrema derecha en Europa durante los próximos años.

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[1]El gráfico no muestra todos los estados recogidos en el Eurobarómetro para facilitar su lectura. Aparecen los mismos países con los que se puede comparar con el siguiente gráfico de la Encuesta Social Europea, más Italia, Grecia y Chipre que tienen interés para el argumento presentado.

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