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El papa Francisco plantea la excomunión para los políticos corruptos

El papa Francisco supera los veinte millones de seguidores en Twitter

Jesús Bastante

“Pecadores sí, corruptos no”. Esta frase es una de las más impactantes en los cuatro años de Pontificado del papa Francisco. Cuatro años en los que Bergoglio, lejos de sus antecesores, abandonó la obsesión clerical por el sexo y la vida privada de sus prójimos, y se ha centrado más en la lucha contra la corrupción. Ya lo había hecho durante sus años como arzobispo de Buenos Aires (no sin problemas con los Kirchner), y ahora, como líder de la Iglesia católica, da un paso más: la excomunión para los corruptos.

La medida supone la máxima pena canónica, reservada a los mayores pecados, como el genocidio, la apostasía, la herejía o el cisma, y que la Santa Sede está pensando en ampliar a corruptos y mafiosos. Muchos de los políticos de misa diaria, de confirmarse lo que por el momento es un proyecto, tendrían que abstenerse de comulgar, o arriesgarse a la retirada de la hostia consagrada por parte del sacerdote.

“Vemos la necesidad de profundizar, a nivel internacional y de doctrina jurídica de la Iglesia, la cuestión relativa a la excomunión por corrupción o asociación mafiosa”, declaraba este fin de semana el cardenal Peter Turkson, responsable del nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, al término del I Debate internacional sobre la corrupción organizado por el Vaticano, y en el que participaron medio centenar de jueces antimafia, obispos, víctimas, periodistas e intelectuales de diversos países del mundo.

En las conclusiones del evento se apuntaba a que “la lucha contra la corrupción y las mafias (...) es una cuestión no solo de legalidad sino de civismo”, al tiempo que el mismo Turkson planeaba que la corrupción “es un fenómeno que conlleva denigrar la dignidad de las personas”.

Dignidad de las personas

“Afirmamos que no se puede maltratar, negar o menoscabar la dignidad de las personas. Por lo tanto, nos concierne, con el dicasterio, saber proteger y promover el respeto por la dignidad de la persona”, refirió el purpurado.

Por su parte, el arzobispo italiano Silvano Tomasi recalcó el interés del Papa Francisco por “sensibilizar a la opinión pública, identificar pasos concretos que puedan ayudar a alcanzar políticas y leyes que eventualmente eviten la corrupción”.

Siguiendo la dinámica que Bergoglio está llevando a cabo desde hace cuatro años, el Papa entiende que la mejor forma de convencer es el testimonio, y por ello quiere que la Iglesia dé un paso hacia adelante contra la corrupción, para así obligar a los Estados a “crear una mentalidad, una cultura de la justicia que combata la corrupción para favorecer al bien común”, destacó Tomasi.

En el prólogo de un reciente libro, el Papa llama a combatir el “cáncer de la corrupción”, que considera “la peor plaga social” y el origen de “gravísimos problemas y crímenes”. Algo similar sucede en el caso de la mafia. Ya en junio de 2014, Bergoglio viajó a Calabria tras el asesinato de un niño de tres años por un ajuste de cuentas. Allí, en la cuna de la “N'drangheta”, Francisco indicó que “los mafiosos no están en comunión con Dios, están excomulgados”.

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