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INTERNACIONAL

En primera persona

La lucha diaria en Al Raqqa por sobrevivir al asedio y al ISIS

Además de los ataques aéreos y de la falta de comida, los que quedamos en la ciudad padecemos el gran agotamiento mental de esconder nuestra verdadera personalidad a ISIS y a la policía religiosa para no acabar ejecutados 

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Yihadistas del EI lanzan un ataque en Al Raqa contra las Fuerzas de Siria Democrática

Muchos se dejan crecer el pelo y la barba imitando la apariencia de los rebeldes, para evitar problemas con la Hisbah, la policía religiosa EFE

Hace más de un año que el Estado Islámico (ISIS) cerró y bloqueó a los civiles la salida de Al Raqqa, su capital de facto en Siria. Algunos de sus combatientes comenzaron a recibir dinero de civiles que pagaban para que los dejaran salir, hasta 800 dólares por persona. Pero tras perder sus ahorros por la guerra, la mayoría de los habitantes no tiene ese dinero. No pueden salir y necesitan encontrar una manera de sobrevivir.

He estado viviendo en Al Raqqa y trabajando para varias agencias de noticias desde que el ISIS ocupó la ciudad hace tres años. Ahora trabajo para Sound and Picture, un grupo que registra lo que ocurre en las zonas controladas por el ISIS. Como las aproximadamente 5.000 familias que todavía viven aquí, no he dejado de pensar en que algún día Al Raqqa será hermosa de nuevo.

A nadie le gusta vivir bajo el dominio del ISIS, seguir sus leyes por la fuerza y estar expuesto constantemente al peligro. Llevar una doble vida es el requisito de nuestra supervivencia. Todo el mundo tiene al menos dos personalidades. La primera odia al ISIS, pero si aflora fuera del hogar podría acabar en una ejecución. Por eso es necesaria una segunda personalidad.

Esa segunda personalidad debe expresar su afinidad con los rebeldes. Aflora al ver a un miembro del ISIS o cuando se es detenido en uno de sus controles. Cuando te preguntan qué piensas del ISIS, si quieres pasar y seguir con tu rutina, tienes que responder de una forma que satisfaga a los radicales. La primera personalidad hay que mantenerla oculta hasta a los hijos, porque los rebeldes les preguntan si sus padres hablan mal de la organización.

Hace unos meses tuve que pasar por un control de noche. Me detuvieron y empezaron a hacerme preguntas. ¿Dónde había estado? ¿A dónde iba? ¿Por qué salía de noche? Después vinieron las preguntas religiosas. Me dijeron que me enviarían a un  campamento sharía si no sabía las respuestas.

Un error te cuesta la vida

Me imaginé yendo a un campamento y muriendo por las bombas de los aviones de guerra, así que hice uso de mi segunda personalidad y comencé a responder a las preguntas con historias del islam y leyendas de los primeros musulmanes. Estaban encantados. Me alabaron y me dejaron ir. Fue muy gracioso porque me había inventado la mayoría de las historias.

En este lugar, un solo error te puede costar la vida. Pero los civiles deben lidiar además con su conflicto interior. Debemos saber cuándo utilizar cada personalidad pero también tenemos que asegurarnos de que nuestra personalidad falsa no empiece a controlar a la verdadera.

Aquí muchos civiles visten el salwar kameez (una vestimenta típica de la región, más habitual en Afganistán y Pakistán que en Siria) y se dejan crecer el pelo y la barba imitando la apariencia de los seguidores del ISIS, para evitar problemas con la Hisbah, la policía religiosa. Tener la barba corta o usar pantalones te puede costar una multa de 150 dólares, tres meses en prisión o un viaje al campamento sharía. Un amigo me contó que no había salido de su casa durante un mes porque se había quemado parte de la barba mientras intentaba prender un cigarrillo. Te pueden azotar por fumar.

En los últimos meses, a medida que las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS, una milicia kurda y árabe) han intentado tomar el control de Al Raqqa, la situación para los civiles allí varados se ha vuelto aún peor. Durante todo el día hay ataques aéreos y bombardeos que han terminado con la vida de muchos. Y los francotiradores del ISIS disparan a los que tratan de huir.

La ciudad no tiene médicos y el mercado tampoco tiene alimentos. Los que teníamos en la nevera se pudrieron por la falta de electricidad. Todo el mundo sabía que la ciudad sería asediada, pero los civiles no han podido acopiar comida por los precios. Hace un mes, yo tenía una hogaza de pan, un tazón de za’atar (tomillo), un pepino y un poco de halva. No podía salir a comprar porque en mi barrio no hay tiendas de alimentos. Hacer una caminata larga era demasiado peligroso por los ataques aéreos.

Pero a pesar de los francotiradores, el control de las FDS sobre más distritos ha hecho más fácil escapar. Cuando uno de mis vecinos huyó a una zona controlada por las FDS, me dejó la llave de su casa y me dijo que había comida para llevarme. Encontré algo de cebada, un kilo de tomillo, una lata de aceitunas, una bolsa de bulgur, un poco de pan seco y seis cigarrillos fosilizados en un paquete. Otros que han escapado también han dejado comida. Pero he estado resistiendo al ISIS aquí durante tres años y no puedo rendirme ahora.

* Tim Ramadan es el seudónimo de un periodista sirio de Al Raqqa

Traducido por Francisco de Zárate

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