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Endometriosis: ni masonería, ni chemtrails. Una epidemia

Las mujeres con endometriosis tardan hasta ocho años en ser diagnosticadas y por el camino son tratadas en muchos sentidos por locas e histéricas que fingen tener una enfermedad o que simplemente tienen la regla

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La regla no debería doler según los ginecólogos

La regla no debería doler según los ginecólogos EFE

Seguro que estos días te lo has planteado y siento ser yo la que te dé esta mala noticia, pero no, la endometriosis no tiene que ver ni con la masonería ni con los chemtrails. La endometriosis es una enfermedad que padecen, según los datos más conservadores, en torno a 1 de cada 10 mujeres. Una enfermedad crónica, sin cura, que afecta a más de 176 millones de mujeres en el mundo.

Sí, lo sabemos, estás flipando con lo de los 176 millones, efectivamente, es una epidemia. Aún así pensarás que es una enfermedad de esas raras, que ni es enfermedad ni es nada, como la fibromialgia (nótese la ironía). Lo cierto es que ambas son enfermedades reconocidas a todos los efectos por organismos como la OMS o el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, el cual publicó en 2013 una guía maravillosa para la atención de las pacientes de la que seguro tampoco has oído hablar, incluso aunque seas enferma o doctor. Esto también es normal, pues de esa guía solo se publicaron dos tuits en 2013 y 800 panfletos que pretendían abastecer de información y formación a los y las más de 50.000 profesionales del Sistema Nacional de Salud que debían estar al tanto. Como puedes ver, un auténtico derroche.

Pero ¿en qué demonios consiste esta enfermedad que tiene más pacientes que de diabetes, tuberculosis, asma, VIH , todas ellas juntas?

El endometrio crece fuera del útero (aquí la primera pista, si no has nacido con útero es probable que no vayas a tener endometriosis) provocando y llevando asociados síntomas y síndromes varios: el síndrome miccional, astenia, dispareunia, trastornos intestinales, trastornos en la alimentación, síndrome premenstrual, candidiasis, hongos, alergias, sensibilidades químicas, infertilidad.

Para que lo entiendas bien, y dejando fuera todos esos tabúes que muchas veces las propias mujeres perpetuamos con nuestro silencio sobre nuestro sexo, nuestras vaginas y vulvas, las enfermas de endometriosis tienen quistes que les provocan dolores incapacitantes, vómitos, diarreas, estreñimiento, dolores de cabeza, depresión, fatiga, dolor al orinar, dolor al tener relaciones sexuales, dolor al menstruar, demasiada sangre, coágulos y muchas veces no consiguen quedarse embarazadas. De hecho, un dato fascinante: en cuatro de cada diez mujeres que acuden a una consulta en nuestro país por infertilidad el diagnóstico está relacionado con la endometriosis.

Ante este cuadro, seguro estarás pensando que debe haber un tratamiento o que al menos es más o menos sencillo que te diagnostiquen. La realidad en España dista mucho de esto. Las mujeres con endometriosis tardan una media de siete u ocho años en ser diagnosticadas y por el camino son tratadas en muchos sentidos por locas e histéricas que fingen tener una enfermedad, o que simplemente tienen la regla, un diazepam y pa casa. Se ve que la histeria femenina provoca quistes (mucha ironía de nuevo).

Esta naturalización del dolor pélvico en la mujer asociado a la menstruación está directamente relacionada con una cultura sanitaria que adolece de un claro sesgo de género. Sería difícil no relacionar también la falta de recursos para la investigación o de tratamientos más allá de la cirugía o de las píldoras anticonceptivas (por cierto, estas están también fuera del catálogo que cubre la seguridad social) con este claro sesgo, digamos de nuevo , "de género".

Pero siendo realistas, el sesgo va más allá, es machista. Claro que hay una cuestión de género, como antes decía, a nadie se le escapa que si no tienes útero es muy complicado que este tema te afecte de la misma manera, pero ante esto, las preguntas que nos surgen a las mujeres son muy sencillas. ¿Qué sucedería si lo que se recubriese de quistes que provocan dolores horribles, sangre e incapacidad de tener relaciones sexuales fuesen los testículos? U otro tema relacionado, y no tan distante: ¿qué sucedería, por ejemplo, en materia de derechos laborales si fuesen los hombres quienes tuviesen la menstruación y el síndrome premenstrual? ¿Serían los hombres tratados de histéricos, mentirosos y locos por intentar encontrar una solución para estas situaciones?

Este sesgo machista recubre toda nuestra sociedad, también la esfera sanitaria, y por supuesto la política. Estos días se ha aprobado por unanimidad nuestra proposición no de ley en la Comisión de Sanidad y Servicios sociales que incluía todas las demandas de los colectivos de mujeres con endometriosis y que esperamos haga retomar al gobierno la iniciativa para cumplir y crear normativas. Mientras tanto, un dato: hasta en la defensa de este tema hablaron más hombres que mujeres, parece que una vez más romper con el silencio es para las mujeres la mejor herramienta, pero a la vez, el mayor de nuestros retos.

Hay una salud para los hombres y otra para las mujeres, no solo en materia de afecciones, sino en materia de soluciones. Y a pesar de que tanto las Estrategias del Sistema Nacional de Salud como la Ley de Igualdad recogen que es necesario que también dentro del ámbito sanitario se trabaje con perspectiva de género, lo cierto es que a día de hoy hasta algunas mujeres que son doctoras adolecen de los mismos prejuicios machistas que nos hacen normalizar que seamos nosotras las que cuidamos más, trabajamos más, cobramos menos, y ahora también, sufrimos enfermedades en silencio.

Hace poco en Francia se hacía una campaña de normalización y difusión de la endometriosis. La retomo: tener la regla es normal, que te duela, no. Si te duele la regla ve al médico, y si vives en España, te deseo suerte para que quien te atienda esté concienciado.

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