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Feminicidio y patriarcado

Nos matan por ser mujeres desde que empezamos a escribir el relato de la humanidad. El feminicidio siempre ha estado ahí desde que existe el sistema patriarcal, resguardado por su naturalización y justificación social

El término está aquí para quedarse y es una herramienta para demandar el reconocimiento de todas las violencias machistas por parte de los Estados

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Concentración en Zaragoza contra la violencia machista.

Imagen de una concentración en Zaragoza contra la violencia machista EFE

Cuánta razón tuvo Victoria Sau en exigirle a la ONU el reconocimiento mundial de un orden patriarcal y su definitiva abolición. Fue en el año 2009. La ecofeminista Vandana Shiva repetía en una entrevista de hace unos meses que había que frenar al sistema patriarcal antes de que destruya el planeta. Esa urgencia también la tenía Berta Cáceres, asesinada en marzo de este año y víctima de un feminicidio político por custodiar un río: "¡Despertemos! ¡Despertemos Humanidad! Ya no hay tiempo. Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de solo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal".

La palabra feminicidio no se comprende del todo sino se la vincula a la palabra patriarcado. Palabras construyen conceptos y categorías que van adquiriendo respaldo social y asimilación cultural. #NiUnaMenos y #NosQueremosVivas, lemas que movilizaron a millones de mujeres en los últimos dos años en casi toda Latinoamérica y España, ponen en el centro de la crisis civilizatoria de esta época a estos dos conceptos.

El patriarcado no podría reforzarse sin el despliegue de sus violencias machistas (física, psicoemocional, sexual, patrimonial, ciberviolencia, contra los derechos sexuales y reproductivos, violencia institucional…). Algunos individuos de la mitad de la especie -hombres- que violentan sistemáticamente a individuos de la otra mitad -mujeres-: ¿Tan difícil es aceptar esta realidad global? Grandes pensadores y gurúes de la humanidad que para vaticinar presagios apocalípticos se saltan este concepto y no relacionan la crisis civilizatoria ni el problema de las violencias machistas, la fabricación de guerras, el capitalismo salvaje, los fascismos, la depredación de recursos naturales, con la supremacía masculina.

Despertar después de observar las entrañas del patriarcado y encontrarnos también con una de sus manifestaciones más horrorosas: el feminicidio.

Nos matan por ser mujeres desde que empezamos a escribir el relato de la humanidad. El feminicidio, el asesinato de las mujeres por ser mujeres, siempre ha estado ahí desde que existe el sistema patriarcal, resguardado por su naturalización y justificación social. Ha estado presente desde la antigüedad hasta ahora. Es cierto que no podemos situar al concepto fuera del contexto histórico ni simplificarlo por su definición más básica. El término es tan potente que se complejiza cuando también se convierte en una categoría y clasifica las distintas formas de violencia machista que matan a las mujeres. Puede haber tantos tipos de feminicidio como tantas diversidades sociales en las que estos se cometen. Se trata de un concepto que puede aplicarse de manera global, que nació en Estados Unidos y luego cruzó el charco y se expandió en América Latina, el continente con las tasas más elevadas de prevalencia de feminicidios en el planeta. Feminicidio es un concepto mestizo y como sostiene Marcela Lagarde, la autora que acuñó el término, despliega a su alrededor toda una teoría con decenas de autoras, entre ellas, filósofas, antropólogas, sociólogas, juristas, escritoras, artistas y activistas feministas que lo han encumbrado hacia su reconocimiento, que se enriquece en el debate abierto y se fortalece en su aplicación jurídica en aquellos países en los que se ha tipificado (al menos 15 de América Latina).

Lo cierto es que el concepto ha cruzado el charco desde el sur hacia el norte y en Europa se empieza a hablar de feminicidio en los movimientos feministas y ámbitos académicos de países como Francia, Alemania, Gran Bretaña y España. El término está aquí para quedarse y es una herramienta poderosa para denunciar y demandar el reconocimiento de todas las violencias machistas por parte de los Estados. Solo podemos plantearnos la erradicación del feminicidio a nivel global, con políticas públicas de igualdad y la lucha contra las violencias machistas centrada en la educación y la prevención.

Despertar y sacudir nuestras conciencias. Y como cada 25 de noviembre, salir a la calle a movilizarnos. Soñar y trabajar por la abolición del sistema patriarcal y de un mundo con ni una menos. Bien vale la pena esa utopía.

Graciela Atencio es directora de Feminicidio.net, portal que documenta el feminicidio en España desde 2010.

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