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Mejor Ganemos que Podemos

Más allá del éxito de Podemos y las hecatombes del PP e IU, ha ganado una nueva manera de entender la política abierta a la ciudadanía

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Más allá del éxito de Podemos y las hecatombes del PP e IU, ha ganado una nueva manera de entender la política abierta a la ciudadanía. Las municipales y autonómicas del domingo son una lección de cómo se deben hacer las cosas y cuáles son las claves para las elecciones generales que todos sitúan en noviembre, aunque podrían adelantarse a septiembre para hacerlas coincidir con unas catalanas que tal vez no se celebren. Vamos por partes.

Podemos

Ha cosechado éxitos rotundos en Madrid, Barcelona y Zaragoza con las marcas de Ahora Madrid, Barcelona en Comú y Zaragoza en Común, además de Santiago y A Coruña con Mareas Atlánticas, y en el sur, con Ganar Cádiz en Común. Aunque en las autonómicas, donde se presentaba como Podemos, ha logrado entrar en todos los parlamentos y ser una fuerza decisiva para el pacto en la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Extremadura y Aragón, los resultados son algo más discretos: tercera fuerza, y alejada del PSOE en algunos casos. Han ganado de manera clara en su batalla particular con Ciudadanos.

La lección es evidente: la nueva política debe insistir en estas fórmulas integradoras bajo un solo paraguas, más allá de las siglas o las marcas, en el que lo importante sea la participación ciudadana, y colocando al frente a personalidades de relieve alejadas de los partidos. Los ejemplos de Manuela Carmena y Ada Colau son significativos. En las elecciones generales deberían repetir esta fórmula. No solo por los resultados en Madrid, Barcelona, Zaragoza, etc., sino por la ola de ilusión y esperanza que han despertado en toda España.

La ciudadanía se siente más representada en los Ganemos que en los Podemos; proyectan un espacio mucho más abierto y participativo. Los Ganemos son el instrumento que permite a Podemos reconectar con el 15M sin perder las ventajas de la estructura que ha conseguido generar en un tiempo récord. La clave, como dijo Manuela Carmena, es seducir a los que no han votando por estas fórmulas.

Podemos necesita a los Ganemos para romper el techo demoscópico y, por lo que se intuye, su techo electoral. Los Ganemos necesitan a Podemos para no perderse en un batiburrillo. Podemos funciona mejor como motor de confluencia. Es el modelo para las generales. ¿Tendrán sus líderes la suficiente inteligencia y generosidad? Veremos.

Las mujeres

En una política controlada por los hombres-macho o por mujeres con un perfil más masculino que femenino (Barberá, Susana Díaz, Cospedal) resulta refrescante el éxito de tres mujeres: Manuela Camena (Ahora Madrid), Ada Colau (Barcelona en Cumu) y Mònica Oltra (Comprimís). Son tres feministas, tres luchadoras por las libertades, la democracia y la decencia. Traen a la política valores integradores, están más en el cuidado que en la guerra. Surgen de la sociedad civil, y en el caso de Oltra, de la pelea constante, en soledad y a contracorriente contra la corrupción del PP en Valencia, símbolo, junto a Madrid, de la usurpación de lo público en beneficio privado.

Representan a una ciudadanía que tiene dificultades de acceder a los partidos tradicionales cooptados por una pléyade de burócratas que anteponen la defensa de su puesto de trabajo al bien común, a las ideas o los valores. El éxito de Compromís en la Comunidad Valenciana es el premio a cuatro años de trabajo. Ahora toca pasar de la crítica a la construcción.

Partido Popular

Ha superado con creces la última línea roja, la que delimitaba el desastre de la hecatombe. La pérdida (mas que previsible) de Castilla-La Mancha (Cospedal kaput), Extremadura (Monago kaput), Comunidad Valenciana (Fabra y Barberá kaput) y el ayuntamiento de Madrid (Esperanza Aguirre kaput) son símbolos del hundimiento. Hasta sus votantes les han castigado por los casi cuatro años de ficción en los que llevan instalados, hablando de milagros económicos a gente que está machacada con la crisis, los recortes y la falta de empatía de un Gobierno incapaz y altivo.

Solo se ha salvado, de momento y pendiente del veredicto de Ciudadanos, la Comunidad de Madrid. Cristina Cifuentes no es Aguirre, pertenece al sector moderado del PP (su posición en el aborto es una prueba) y ha cambiado desde su accidente: ahora parece más humana.

Para Mariano Rajoy es una derrota que anuncia otra que podría ser mayor en las generales. La cantinela de la recuperación no cuela, No les basta vender recuperación después de tanta corrupción. Ya no sirve el mensaje de “yo o el caos”; porque la ciudadanía ha sustituido la letra por una coma: “yo, el caos”. Estamos casi en junio, quedan cinco o seis meses. Se les va a hacer muy cuesta arriba pese a tener (lo que da de) RTVE. La única satisfacción para Rajoy es la previsible defunción de Esperanza Aguirre, que queda descartada como alternativa al frente del PP, o vaya usted a saber. Rajoy deberá hacer cambios, en el partido (Cospedal) y en el Gobierno, para dar la sensación de que ha entendido algo. O adelantar las elecciones generales a septiembre, a ver si suena la flauta por casualidad. Es difícil dar la sensación de entender cuando se cree que el paro ha dejado de ser un problema para los españoles.

PSOE

Que Susana Díaz saliera en la noche electoral para apropiarse de los éxitos del PSOE en Andalucía es un mensaje al mentón de Pedro Sánchez. Sin resolver aún su presidencia, sigue enredando en la secretaría general, y se le nota. El PSOE ha salvado los muebles gracias a Extremadura, donde ha ganado, y a las posibilidades de formar gobiernos en Castilla-La Mancha, Valencia y Aragón a través de pactos con Podemos y otras fuerzas como Compromís y la Chunta Aragonista. Para Pedro Sánchez es un resultado que le permite respirar y vender que es capaz de derrotar al PP, aunque sea con ayuda de terceros.

A corto y medio plazo, el PSOE es necesario para conformar mayorías de cambio, para que los Ganemos o los Podemos puedan gobernar o influir en la acción de gobierno. Pero el PSOE está ante su última oportunidad para esquivar el destino del PASOK, es decir, la total irrelevancia política. Es difícil que se regenere desde dentro una maquinaria averiada. El PSOE es un marca contaminada, como la del PP, aunque un poco menos. Necesita del oxígeno de los movimientos ciudadanos que contienen la impronta de la credibilidad, algo que el PSOE perdió súbitamente en mayo de 2010, con los recortes.

Quedan mucho para las generales, veremos qué hace Susana Díaz: si prima la inteligencia sobre el ego y la prepotencia o sigue enredando en un cortoplacismo paleto ¿Cómo sumarse al movimiento ciudadano, como aspiran Beatriz Talegón y la plataforma Somos Izquierda, cuando muchos de sus líderes han vivido de espaldas al ciudadano?

Ciudadanos

Ya me lo advirtieron: Albert Rivera es un tipo con mucha suerte. Han logrado entrar en todos los parlamentos autonómicos y quedar terceros (por incomparecencia de Podemos) en las municipales. Esto representa un enorme salto, quizá excesivo: veremos cómo se comportan todos sus elegidos, si no surgen las sorpresas y las corrupciones. Es verdad que no son decisivos, como pretendían, en ningún sitio, excepto en la Comunidad de Madrid (y en Andalucía, aún pendiente). Esto, que podría interpretarse como un revés, que en realidad lo es, resulta un golpe de fortuna: no tendrán que retratarse con pactos, elegir PP o PSOE, y minar sus opciones en noviembre. Ciudadanos podría seguir en la ambigüedad calculada hasta las generales.

El posible pacto con Cifuentes en Madrid va a ser su termómetro. Sobre él se concentrarán todas las miradas y todos los análisis. Veremos si hay transparencia en las conversaciones, cuáles serán las exigencias de Ciudadanos (lo de las primarias va a ser complicado), qué tipo de Sanidad y Educación proponen, qué modelo de TeleMadrid sugieren, si estará más próximo al Canal Nou u otro más plural y eficaz. Pese a que todo apunta a este escenario de pacto con Cifuentes, no descartaría aún un pacto PSOE-Ciudadanos con el apoyo de Podemos.

UPyD

Han hecho un gran trabajo, han peleado contra la corrupción. Rosa Díez tiene grandes virtudes que le han conducido a obtener cinco diputados en el actual Parlamento nacional, y grandes defectos que ha llevado al partido a la desaparición de facto. Algunos de sus miembros se irán a Ciudadanos, otros, al PSOE, y la mayoría, a su casa.

Izquierda Unida

Está en condiciones de disputar al PP el primer puesto en el desastre del 24-M. El castigo de los votantes en Madrid es mayúsculo y ejemplar. No les ha funcionado ni siquiera la fórmula de presentar a un hombre de prestigio como García Montero. IU solo ha salvado los muebles donde ha ido en confluencia, y en Asturias, gracias a Gaspar Llamazares. La confluencia tiene que ser de personas (Alberto Garzón, Llamazares, entre otros) e ideas, no de siglas, y menos si están quemadas por el mal uso que se ha hecho de ellas. Toda sigla, toda marca, incluso la de Podemos, resta. Suman las mareas, los ganemos.

El soberanismo

La pérdida de Barcelona, reconocida caballerosamente por Xavier Trías (en esto los catalanes son diferentes y mejores), pone en dificultades al president Artur Mas. Sus elecciones plebiscitarias previstas para el 27 de septiembre amenazan con ser un fiasco, aún mayor que los comicios de septiembre de 2012 en los tiró por la borda una mayoría de 64 escaños (perdió 12; quedó en manos de ERC). La tentación desde hace días es aplazarlas. Solo necesita una buena excusa, que quizá se la ofrezca Rajoy adelantando las generales al mismo día. Al soberanismo le ha pasado como al PP, la ola de cambio les ha sorprendido en sus cosas, sin darse cuenta del coste de la corrupción (en la que CiU tiene lo suyo), del cansancio mayoritario y del nacimiento de alternativas ciudadanas.

La hartura que explotó en el 15-M hace cuatro años generó Podemos en España y potenció el independentismo en tres Diadas espectaculares. Ahora da la sensación de que, poco a poco, ambas respuestas al mismo mal de indefinición del Estado, inutilidad manifiesta de sus representantes políticos y los efectos de la crisis económica y sus recetas de ajuste tienden a fusionarse en la misma solución: más ciudadanía, menos élite (casta, aunque hable catalán).

Los pactos

Este país cainita y de trinchera mental no está acostumbrado al pacto, es decir, al arte de ponerse de acuerdo con una persona que no piensa como nosotros pero que tiene unos intereses similares en la consecución de un objetivo. Para pactar hay que tener dos virtudes básicas: saber escuchar y la capacidad intelectual de entender. Escuchar no es dejar de hablar un rato mientras habla el otro para seguir donde lo dejamos. Si lo ocurrido en Andalucía es la pauta, vamos mal. Los (hasta ahora) grandes partidos deberán bajar a la arena y aprender a ceder. Los nuevos, sobre todo Podemos, se encuentran ante un dilema: mojarse o no mojarse. ¿Qué es peor: pactar con el PSOE o dejar gobernar al PP? Y para el PSOE, ¿qué es mejor: aprovechar el tirón de Podemos para reconectar con la ciudadanía o seguir al galope el camino hacia la irrelevancia?

Debería escribir otro apartado dedicado a la prensa tradicional, la otra gran derrotada, pero si no les importa me lo reservo para el análisis de la próxima semana.

Lo ocurrido este domingo es solo el primer paso de un larguísimo camino que no finaliza en noviembre. El objetivo no es lograr un resultado concreto, ganar, quedar segundo o tercero: el objetivo es construir una democracia sana con políticos honestos controlados por una ciudadanía activa. No se trata de una segunda Transición, en la mayoría de los casos es más fácil, consiste en poner en marcha la primera.

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